Por Vicente Martín Martín
Hoy me he encontrado a Dios en zapatillas
al doblar una esquina de la tarde.
Estaba allí, mirándonos despacio,
esperando quizás algún saludo,
quizás algún detalle,
pero todos pasábamos de largo.
Estoy hablando en serio: se trataba
de un Dios a ras de calle, a la estatura
exacta de los hombres, era un Dios
que llevaba cicatrices de tiempo en las mejillas
y arrugas en las manos. Se trataba
justamente del Dios que nadie espera
encontrarse en la calle frente a frente:
no escondían sus ojos la mirada
exhausta del anciano,
ni los dardos del miedo,
ni el reloj de la angustia,
ni la huella profunda de un exilio
ha tiempo decretado.
Os confieso
que he visto al mismo Dios que os encontráis
en las calles de todas las ciudades,
al mismo Dios incómodo que os hace
mirar con disimulo hacia otra parte.
Y me temo
-tal vez debí callármelo-
que he visto a un Dios cansado de ser Dios.
(Fuente: Poesía Pura)




























Me siento triste al conocer esta realidad que alguna vez experimenté y la desprecié al desechar este sentimiento, que ahora me hace recordar estos versos. Gracias Vicente