Jorge Campos, desde Nicaragua
Ha caído ya el ocaso
y mis miedos se mezclan en el océano
profundo y turbio del silencio.
Ha venido ya el alba
y la brisa revive la esperanza
que descansa en mi Espíritu.
Has plantado un árbol de frutos eternos
en el valle irrigado de lágrimas.
Me he alimentado, busco más;
más allá del hambre insaciable…
donde los frutos dan hambre.































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