Invisibles
12 02 2008Por José Carlos Rodríguez*
Un día de julio de 2006 muy de mañana en Gulu (Uganda). Enfilo la polvorienta carretera hacia la ciudad y me encuentro con dos hombres filmando a unos niños que vuelven a sus casas después de haber pasado una de tantas noches en un refugio para menores que desde 2002 dormían –como muchos otros miles– por miedo a ser secuestrados por la guerrilla. Me paro a saludarlos. Uno de los dos cámaras es el director español Fernando León de Aranoa. Estaba trabajando en ‘Buenas noches, Ouma’, uno de los cinco capítulos de “Invisibles”, película que hace unos días fue galardonada con el premio Goya al mejor documental. Leer el resto de esta entrada »
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Categorías : Cine, José Carlos Rodríguez, Sal de tu mundo, Solidaridad
Mientras el nadador
Copying Beethoven es una película aparentemente sencilla, pero de entrañas complejas, y ahí está su gran virtud: grandes cuestiones como la inspiración, el silencio interior, la vocación, la genialidad, la honestidad del artista, el arte y su relación con el hombre y Dios quedan tan al desnudo que en una primera instancia puede resultar una película insignificante por su simplicidad formal. Tanto es así, que resulta difícil y hasta produce cierto pudor hablar sobre ella, como si una palabra en falso pudiera dar una imagen equivocada del equilibrio frágil y perfecto de algo sagrado, y privarle al lector de la maravilla de su experiencia.
Barcelona será durante las próximas semanas un centro de interés en lo que al cine y a la Teología se refieren. Dos acontecimientos así lo certificarán: la IV Semana de Cine Espiritual, del 5 al 11 de noviembre, y el Congreso Internacional de Cine y Teología, entre los días 15 y 17 del presente mes. Se trata, sin duda, de dos oportunidades para acercarnos al cine con una mirada espiritual y buscar a Dios en los nuevos lenguajes de la comunicación.
Acabo de asistir a la proyección de “Odette, una comedia sobre la felicidad”, fresca película de realismo mágico. Acaso yo sea demasiado romántico, demasiado soñador, pero reír y llorar (sobre todo llorar de sanas emociones) no hace daño a nadie. Nos eleva sobre la mediocridad que tantas veces cloroforma nuestras vidas. Contemplad, a la izquierda, la carátula de la peli: en un autobús de línea, Odette está leyendo la última novela de su autor favorito. Y se eleva sobre los asientos. Como en los comics, como en los sueños… 
Olegario González de Cardedal* reflexiona en este artículo acerca de una palabra que muchos parecen querer retirar de nuestra “pluralista” sociedad: Dios. Partiendo del análisis de la interesante película «El gran silencio», de Philip Gröning —que retrata la vida y la experiencia espiritual de los monjes de una Cartuja francesa— denuncia el “gran silencio” al que se quiere condenar a Dios en nuestro mundo ”desarrollado”, y reivindica el espacio y la consideración que éste debe tener como fuente de sentido y de esperanza.
El pasado 13 de abril se estrenó en España una de esas películas ”imprescindibles”. Quizá no sea un éxito de taquilla, pero sin duda es impactante y conmovedora. Una película que te mueve, te cambia, te cuestiona, te obliga a hacer un juicio, a preguntarte sobre las deciciones que tomas. Una película que te transforma la mirada. Se trata de Disparando a perros, un film sobre el genocidio de Ruanda.
En medio del universo de estrellas, actores y actrices y grandes producciones que compiten por los ansiados Oscar de Hollywood, aparece humildemente entre los nominados un cortometraje español que tiene un gran contenido social: “Binta y la gran idea“, una comprometida propuesta del director Javier Fésser (”El milagro de P.Tinto”, “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”). La historia nos la narra Binta, una niña senegalesa de 7 años que durante 30 minutos nos “pinta” la vida de su familia, su poblado y, sobre todo, la gran idea que ha tenido su padre para contribuir a hacer un mundo mejor. El oscarizable trabajo forma parte del proyecto cinematográfico “
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