Carta del Espíritu Santo
10 05 2008
Querido amigo: PAZ y BIEN.
¿Cómo te sientes? ¿Cómo te encuentras? Recibe esta sencilla carta con la que quiero hacerme más presente en tu vida y ayudarte a descubrir cómo actúo en tu corazón.
Son demasiados los cristianos que se contentan todavía con orar únicamente al Espíritu Santo cuando tienen que tomar una decisión importante… ¡O cuando tienen que pasar un examen difícil! ¿Te encuentras tú entre ellos? ¡Qué lamentable reducción de mi papel!
Categorías : Fe y Espiritualidad
Apenas le conozco, y ya le admiro. Le he visto una vez en mi vida, y ya tiene un huequito en ella. Sin haberle tratado casi, y ya es ejemplo.
Te voy contando y luego le doy sentido ¿vale?
Al cambiar el tiempo suele llevarse consigo ciertas cosas mientras deja otras nuevas. Hace muchos años Alguien habló desde una montaña sobre la felicidad quedando con el título de las Bienaventuranzas (Mt 5, 3-12 y Lc 6, 20-23). Desde entonces ha llovido mucho y hoy día existen otras bienaventuranzas, aunque tal vez no estén reflejadas por escrito en ningún sitio. Aquí he recogido algunas de ellas:
Yo entiendo muy bien, dice Dios, que haga cada uno su examen de conciencia.
Escuchamos en el evangelio de ayer cómo Jesús se acerca a dos de sus discípulos, acompaña su camino hacia Emaús y sólo es reconocido cuando le ven partir el pan. Así es nuestra relación con Dios: Él toma la iniciativa y, aunque no se separa ni un instante de nosotros, nos cuesta verle. Su oferta es un encuentro personal con Él, tan personal (e intransferible) que habrá tantas modalidades como personas. Nosotros incluimos cuatro visiones -de las infinitas que puede haber- sobre el modo de explicar ese acercamiento de posturas con Dios, ese llegar a tocarse con la punta de los dedos (o estrecharse en un abrazo). ¡Que le encontremos y comprendamos por qué nos ardía el corazón!
“Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas mucho tiempo en la tierra…” Así es cómo este mandamiento cambió el destino de
Durante la pasada Pascua vi a Jesús pasar. Le vi atravesando la carretera a Tánger, en Marruecos. Iba rápido, muy rápido. De un borde al otro de la carretera, cargando una tela en la que guardaba todo aquello que pudo reunir antes de emprender su camino, y que necesitaría para los duros días que se le venían encima.
Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor. Siempre
No te sorprendas. Analicemos juntos sin temor y dejemos que el corazón intuya. Durante siglos nos han enseñado que el pecado del hombre causó una ofensa infinita a Dios. Siendo el hombre un ser limitado, no podía reparar esa ofensa infinita. Era preciso alguien infinito para satisfacer el honor de Dios. Por otro lado, al haber sido cometida la ofensa por el hombre, tenía que ser reparada por un hombre. Eso explica que Jesús (Dios y hombre) se encarne, muera y merezca con su muerte (sacrificio con valor infinito por tratarse de un ser infinito) la reconciliación con Dios. Al quedar pagado el justiprecio por todas nuestras ofensas, quedamos redimidos y los cielos abiertos. 
I. «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» 























Comentarios recientes