Guzmán Pérez Montiel*
Ha sido en estos días objeto de burla y chanza, y trending topic en twitter. Ha dado de qué hablar a miles de personas, y ha traspasado los muros de un templo que hasta ahora muy pocos —además de sus feligreses— habían visitado. Se trata del rostro desfigurado del Ecce Homo de la iglesia de Borja (Zaragoza), que una anciana ha querido restaurar con buena intención y poco acierto, para escándalo de algunos y cachondeo de muchos, que rápidamente lo bautizaron como ecce mono en las redes sociales.
No quiero detenerme en valorar si el estropicio de la octogenaria Cecilia ha hecho mucho “daño artístico”, pues creo que el fresco tampoco tenía demasiado valor. Ni siquiera voy a pararme a criticar la desmesurada e irrespetuosa burla que se ha generado en internet hacia esta buena señora y hacia la imagen del Cristo, a raíz de la cual me imagino que más de uno habrá descubierto qué es un ecce homo (o tal vez no…). Personalmente este desgraciado y esperpéntico incidente me ha hecho pensar, sobre todo, en cómo desfiguramos el rostro de Cristo, con mucha frecuencia y sin darnos cuenta, o incluso a sabiendas… Podríamos tomar esta circunstancia como metáfora de nuestra —a veces mediocre— vida cristiana, y como llamada a restaurar la desfigurada imagen que damos de Cristo y su Evangelio. Leer el resto de esta entrada »

Se sucederán en estos días, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, las vigilias de jóvenes. Ya es algo tradicional en pequeñas parroquias y en grandes catedrales. ¡Una ocasión para estar con los jóvenes, para hablar de ellos y para hablar con ellos! No sé si vale de algo tanto llevar y traer a los jóvenes de excursión, pero bueno, no está mal que, al menos una vez al año, los chicos y chicas estén presentes más allá de nuestras oraciones y sin olvidar que hay muchos más que, como dice el Evangelio, “no son de este redil y a esos también hay que invitarlos y proponerles”.




¿Qué opino sobre las JMJ? Partiré de la sensación agridulce que me dejó la última visita del Papa a Santiago y Barcelona. Me entristecieron los carteles de “Nosotros no te esperamos”, las ácidas manifestaciones de algunos ateos y homosexuales o ciertos artículos sobre la pederastia. Esas reacciones –quizá exageradas, pero comprensibles- deberían hacernos reflexionar.
El viaje de Benedicto XVI al Reino Unido, uno de los más difíciles de los realizados por el Pontífice, ha despertado un gran interés no sólo en el interior de la Iglesia, sino también en la sociedad. Un viaje oficial de cuatro días que ha sobrepasado todas las previsiones. Pese a la dificultad que entrañaba un periplo de este tipo, preparado con esmero, pese a la campaña en contra, desatada por varios sectores de la sociedad británica, la visita ha sido todo un éxito, destacado no sólo por el Vaticano, sin también por el Gobierno británico y por los responsables de la Comunión Anglicana. Ante la evidencia, también los poderosos medios de comunicación británicos, incluso los más adversos, no han dejado de valorar su significación histórica y positiva. Tampoco fue fácil el viaje del Papa a París y Praga, países de tradición secularista. Benedicto XVI lo decía al comienzo de su visita, insistiendo en que lo hacía consciente de la situación, pero con “valentía y alegría”.
He tenido muchas dudas, pero estoy por la huelga general. Las dudas, porque no nos favorece a corto plazo en nada. No pienso en Zapatero y su cohorte política, sino en el ciudadano de a pie, clases medias y bajas, con trabajo o sin trabajo, ¡cuidado que hay muchas diferencias en esto!, y el poco “bacalao” que ahora mismo hay para cortar. Pero se me imponen las razones para tomar postura a favor de la huelga general.
La organización no gubernamental católica
La iglesia no comprende la pasión y el mundo no comprende la pureza. Éste es un axioma que un amigo mío utiliza con gusto para explicar por qué el paisaje moral en torno a la sexualidad es hoy como es: intransigente, polarizado y mal equipado para invitar a la gente a evaluar honestamente su vida sexual.






























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