Si conocieras el don de Dios
22 07 2008Por Jairo del Agua*
Pocas cosas más refrescantes y pacificadoras que sentarse junto a un pozo de agua fresca, cristalina y saludable. Imagino a “la samaritana” y me asombro -más que ella- ante la actitud de Jesús. Se detiene a hablar con una mujer y además cismática. No sólo le habla, le pide un favor y le hace otro. Hace intercambio de bienes. Este Galileo sorprendente acoge a todos y no hace acepción de personas.
Los católicos de hoy, sin embargo, ¡cuántos muros levantamos! Nos encerramos en nuestro grupito, entre los de nuestra cuerda. Juzgamos y despreciamos cualquier disidencia, novedad o cuestionamiento de la rutina. El respeto es el quicio de cualquier convivencia pero con cuánta reiteración agredimos con la bandera de Apolo, de Pablo o de Pedro, en vez de construir la “común unidad”. Si esto hacemos con “los nuestros”, ¿qué no haremos con los de otra raza, otro país u otro credo? Leer el resto de esta entrada »
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Etiquetas: Jairo del Agua
Categorías : Fe y Espiritualidad, Jairo del Agua, Sal de tu mundo
¡Vaya invitación, tú! Quien más, quien menos, está invitado a una boda en este tiempo de cerezas y nupcias. Pero sustos no, por favor. Sé que vivimos en una época de oscuridades, desorientaciones y perversiones, mas esto de una boda a tres se pasa de castaño oscuro.
En esta tercera parte sintetizaré algunos peligros a evitar en nuestra búsqueda y encuentro con ese río de agua viva que discurre por la Escritura.
Nos habíamos quedado en una Escritura contaminada, con una serie de dificultades para beber del río de la Palabra que la riega. Te había propuesto continuar con algunas pistas para alcanzar el agua limpia. Veamos:
Mi amiga Mercedes es una mujer madura, culta, piadosa, con muy buena formación y, sobre todo, con un personalísimo trato con el Resucitado. Ella no consiente que le den gato por liebre. Se levanta muy digna y se va a la calle, hasta que las lecturas bíblicas contaminantes han terminado.
El otro día vi en televisión cómo un tenista famoso se golpeaba la cabeza con su propia raqueta después de perder un punto. Comenzó a sangrar abundantemente y seguro que terminó en la enfermería. Es una imagen muy apropiada para comprender lo que es el estrés y la angustia.
Quizás la palabra amor sea la más equívoca del diccionario. “Hacer el amor” -dicen- aludiendo a la mera unión sexual. No nos percatamos de que el simple instinto es sólo animalidad en el mejor de los casos. En otros muchos, se convierte en prepotencia, dominación, manipulación, egoísmo puro y duro. Es decir, demasiadas veces llamamos amor a su contrario. Lo cual no contradice que la expresión sexual sea, en determinado marco, el éxtasis de un verdadero amor de pareja. Pero el instinto, solo y aislado, ni siquiera es humano, es mera atracción animal.
No te sorprendas. Analicemos juntos sin temor y dejemos que el corazón intuya. Durante siglos nos han enseñado que el pecado del hombre causó una ofensa infinita a Dios. Siendo el hombre un ser limitado, no podía reparar esa ofensa infinita. Era preciso alguien infinito para satisfacer el honor de Dios. Por otro lado, al haber sido cometida la ofensa por el hombre, tenía que ser reparada por un hombre. Eso explica que Jesús (Dios y hombre) se encarne, muera y merezca con su muerte (sacrificio con valor infinito por tratarse de un ser infinito) la reconciliación con Dios. Al quedar pagado el justiprecio por todas nuestras ofensas, quedamos redimidos y los cielos abiertos.
Hay cosas difícilmente explicables. Que personas cristianas voten a partidos materialistas, enemigos declarados de su propia Iglesia. Que se alineen con gente agnóstica o atea que “ni teme a Dios ni respeta a los hombres” (Lc 18,2). Que aten su voto a unas siglas porque contiene tal palabra atractiva. Que prefieran políticas fracasadas en el pasado. A la vuelta de la esquina tenemos el estrepitoso fracaso mundial del comunismo. Y, un poco más allá, las aberraciones del nacional-socialismo fascista cuya erradicación necesitó una guerra mundial.
De las películas de mi niñez recuerdo con ternura aquélla en que un valiente guerrero volvía maltrecho y exhausto de luchar con el dragón. En el castillo le esperaba una linda dama que curaba sus heridas, le preparaba una tina de agua humeante y le ofrecía reparadores alimentos.
La revista FAST organiza por segundo año unos días de Ejercicios Espirituales, del 22 al 26 de agosto























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