El Dios que me habla (y V): el santo temor

9 11 2009

Por Jairo del Agua*

A este artículo le faltaba un peldaño. Al fin voy a intentar subirlo. Se me quedó en el tintero “el santo temor de Dios”, que creo merece alguna reflexión.

El temor es un elemento de nuestro sistema de defensa. Sin él nos estrellaríamos constantemente contra cualquier peligro. No hay más que observar a los niños. Ellos no temen hasta que desarrollan la conciencia de peligro o les contagiamos nuestros fantasmas. Al hacerse conscientes de los peligros de la vida, aprenderán a no meter la mano en la hura del alacrán (a mí me picó uno y no se lo recomiendo a nadie), a evitar un precipicio o a vigilar la cartera en el autobús. Muchos, muchísimos peligros nos acechan y es muy bueno tener temor para protegernos y espabilar nuestro cuidado. Leer el resto de esta entrada »





El Dios que me habla (IV): ¿y la justicia?

29 10 2009

Por Jairo del Agua*

Vengo defendiendo en este largo artículo que no existen castigos divinos, ni infiernos sin fin. Ha habido lectores -teólogos algunos- que me han recordado que Dios es infinitamente bueno, pero también infinitamente justo. Sí, yo también lo aprendí cuando era chico. Y recuerdo que mi imaginación infantil desarrolló la figura de un gran sheriff de cara afable pero bien pertrechado con unas magníficas pistolas de plata. Al que se salía de cauce ¡disparo certero! y… al hospital o al cementerio, según el pecado fuera venial o mortal. Era una imagen perfectamente acorde con el catecismo: “premiador de buenos y castigador de malos”. Leer el resto de esta entrada »





El Dios que me habla (III): infiernos, doctrinas y censuras

18 10 2009

Por Jairo del Agua*

¡Quién me mandará a mí meterme en estos charcos! Si yo no pretendía hablar del infierno. Si mi camino va en dirección contraria… Los lectores me han ido preguntando y he tenido que explicarme. Pero resulta que algunos curas ultras me ven en el infierno y han conseguido que censuren en una revista la parte anterior de este artículo por infernal. Así que no me queda más remedio que seguir y “dar razón de mi esperanza con dulzura y con respeto, con la conciencia tranquila, para que los que interpretan mal mi vida cristiana queden avergonzados de sus mismas palabras” (1Pe 3,15). Leer el resto de esta entrada »





El Dios que me habla (II): ¿a quién adoras y qué infierno temes?

2 10 2009

Por Jairo del Agua*

Me dices que te ha hecho mucho bien el artículo anterior, que coincide con tus intuiciones. ¡Gracias por decírmelo! Eso refuerza mis certezas. Me envías además un texto papal que ratifica mi afirmación: “el infierno no es castigo sino autoexclusión”. Pero… sigue considerando que esa actitud del hombre lleva consigo “el rechazo definitivo de Dios”.

No puedo estar de acuerdo con lo segundo, dígalo quien lo diga. Palabras de ayer no pueden derribar certezas interiores de hoy. Dios no puede rechazar porque su esencia es Amor. Sólo puede atraer, nunca rechazar. La interpretación del castigo y del infierno dependerá siempre del rostro de Dios que hayas descubierto. Puntualizaré algunas reflexiones, que explicitan mis certezas, por si te ayudan. Leer el resto de esta entrada »





El Dios que me habla (I): buscad mi rostro

20 09 2009

Por Jairo del Agua*

Tendría aquella preciosa niña unos seis años. En apenas unos segundos saltó la valla, tropezó y rodó por el parterre inclinado del parque hasta un grueso pino. Su mamá, aterrada, corrió hasta ella, la levantó, la examinó, la consoló y secó sus lágrimas. Fue después cuando la oí decir: ¿Lo ves? ¡Dios te ha castigado por desobediente!

Me acerqué y le comenté con una sonrisa: ¡No mujer, no! Dios no castiga, somos nosotros los que cometemos imprudencias, errores, malas decisiones. Y, naturalmente, sufrimos las consecuencias. Él actúa como tú has actuado: socorre, abraza y consuela cuando, por nuestra estupidez, nos herimos. Leer el resto de esta entrada »





Orar pintando

29 08 2009

Por Jairo del Agua*

Era una tarde de vacaciones. Todavía me rumbaban los ruidos de la oficina, las tensiones de los objetivos, el reloj y el tráfico. El frescor sombreado invitaba a la quietud y al descanso. Me rondaba cierta culpabilidad por el tiempo dedicado a lo urgente en detrimento de lo importante. Fui al cuarto de los chicos, me dejé escoger por una cartulina azul noche. Miré entre las pinturas y me atrajeron unas arrinconadas pinturas pastel.

Yo no sé pintar, pero necesitaba expresar mis sensaciones interiores. La soledad de la casa era momento propicio. Todavía me sentía acosado por el ruido de mi vida: tanto autobús, tantos papeles, tantas reuniones, tanto ordenador, tanto bullicio… Tenía hambre de ese Ser que mana en mi interior y ante el que me sentía en adoración agradecida. Leer el resto de esta entrada »





Querido cura

8 08 2009

Año Sacerdotal. Por Jairo del Agua*

sacerdote-calizHace ya mucho tiempo paseaba yo con un cura bueno por el jardín de una casa de ejercicios. Mira Eladio —le decía— siento por los sacerdotes y religiosos un amor especial, una preocupación preferente. Se me impone desde dentro una reciprocidad a vuestra entrega. Mis manos de laico y padre de familia se me escapan como mariposas para bendeciros. Me sorprendió la rauda respuesta: “Eso es un don, Jairo Javier, eso es un don. No dejes de ponerlo en práctica. Los sacerdotes lo necesitamos”. Leer el resto de esta entrada »





Despreciar la vida

17 07 2009

Por Jairo del Agua*

Este señor está pasado de moda. ¡Eso era antes! Me refiero a Jorge Manrique cuando escribe: “Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando”.

Ahora la muerte es buscada a ritmo de “rock”, jaleada, invocada, cortejada sin el menor rubor. No se piensa en el zarpazo que tan mala compañía puede dar. Baste mirar los caídos por “éxtasis” o los millones de envenenados por el beso del alcohol, la droga o la velocidad. Leer el resto de esta entrada »





¿A quién oramos? (IV): aclaraciones sólo para adultos

5 06 2009

Por Jairo del Agua*

¿A quién oramos?¡Pues sí que se ha armado oiga! Éste artículo ha levantado ampollas y me han llovido improperios. Aunque fueron muchas más las bendiciones. Me ha causado especial dolor la acusación de escandalizar a “los sencillos”, porque camino entre ellos huyendo de los simples. Me es imposible callar “lo que he visto y oído” (He 4,20) precisamente porque ansío ayudar a “los hambrientos”, a los que buscan con sencillo corazón. “Los hartos”, estáticos en su hartura, llenos de sabiduría y rutina, inmunes a toda conversión, no me interesan. No es mi carisma.

Confieso mi sorpresa por las descalificaciones, insultos, ironías y ataques a mi catolicidad. Quienes así se manifiestan se sitúan fuera de la caridad y, por tanto, fuera del Evangelio. Aunque debo agradecerles sinceramente su vacuna contra toda vanidad. Leer el resto de esta entrada »





La despedida (oración del primer Papa)

22 05 2009

Solemnidad de la Ascensión del Señor. Por Jairo del Agua*

¿Te has imaginado alguna vez cómo fue la primera oración de Pedro cuando se quedó sólo, tras la Ascensión, al frente de la Iglesia?

Un santo sacerdote dominico de nuestro tiempo, Fray José Mª Guervós —mi maestro de juventud y de verso— la intuyó y escribió. Es un ejemplo de “oración de petición” magnífica. Más que pedir, expresa las aspiraciones más hondas del corazón. Tal vez te sirva, porque tú también tendrás una oración que rezar, una misión que cumplir y una “Iglesia doméstica” que defender. Leer el resto de esta entrada »





¿A quién oramos? (III): la mal llamada intercesión

14 05 2009

Por Jairo del Agua*

Oración de intercesiónTengo que confesar que, cuando oigo hablar de intercesión, me chirrían todos los goznes. Interceder, en nuestra preciosa lengua española, significa “hablar en favor de otro para conseguirle un bien o librarlo de un mal”.

Cuando intercedemos por otro nos comportamos como si Dios fuese un potentado, que no conoce a nuestro colega, y “se lo recomendamos” para que le haga algún favor. Estamos rebajando a Dios a la estatura de un “poderoso hombrecillo” y a nuestro amigo a la condición de “desconocido” en vez de “hijo”. ¡Qué dos errores tan enormes! Si estuviéramos seguros de que Dios es Padre, que nos conoce y cuida uno a uno (“hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” – Lc 12,7), que se vuelca permanentemente por mí y por el otro, nos daría vergüenza recomendar a alguien a su propio Padre. Leer el resto de esta entrada »





¿A quién oramos? (II): beneficios de la oración de petición

6 05 2009

Por Jairo del Agua*

Oración de peticiónMe había quedado en que la oración no es para mover a Dios, sino para movernos a nosotros, como afirma rotundamente san Agustín. ¿Contradice eso al Evangelio? En él se lee claramente: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama se le abre” (Lc 11,9).

Para empezar, esas palabras me parecen una preciosa llamada a la constancia. Nada se construye sin permanecer en el proyecto. No se puede llegar sin permanecer en el esfuerzo de caminar. Quien pide, busca o llama está identificando sus aspiraciones, sus objetivos, y es lógico pensar que estará dispuesto a poner los medios para alcanzarlos. Lo confirma la “parábola del juez injusto” (Lc 18,1). Otra lección magistral sobre la perseverancia y NO un retrato del rostro de Dios, en nada parecido a un juez injusto y comodón. Leer el resto de esta entrada »