María Isabel Montiel*
Pocos días antes de la muerte del Cardenal Martini, tuve la suerte de hacer unos ejercicios espirituales basados en distintos textos evangélicos, comentados e interpretados por él. Siguiendo la línea de los ejercicios ignacianos, fuimos rememorando algunos hechos significativos de la vida de Jesús que suponen un conocimiento muy íntimo suyo, y que invitan a su seguimiento. Como decía San Ignacio, “es necesario conocer a Jesús para más amarle y seguirle”. Doy gracias a Dios por esos días de silencio, que me han ayudado a profundizar en la persona de Jesús, y en lo que eso puede significar en mi vida de relación con Él y con los hermanos.
Me voy a fijar en tres momentos puntuales de su vida, que son los que más me han ayudado a conocerlo en profundidad, como hombre y como Dios. Yo creía saber bastante sobre Jesús, de todo lo que hizo en su vida pública, de cómo murió por salvarnos, de que su evangelio se basa en el amor… Pero ahora me doy cuenta de que no lo había interiorizado ni comprendido del todo. Leer el resto de esta entrada »
En nuestra oración del Credo, afirmamos creer en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Evidentemente, sentimos a Dios como un padre que nos ama incondicionalmente, aunque nosotros fuéramos indignos de ser amados. Y a la vez, esperamos que con su omnipotencia, elimine el mal y resuelva todos los problemas del mundo.
¿Cuántas veces habremos oído, o pronunciado inconscientemente frases como éstas: “Estaba de Dios”, “Quiera Dios que…”, “Si Dios quiere”, “Nos lo envía Dios”, “Dios sabrá por qué lo hace”. Y yo me pregunto si esas frases hechas tienen un fondo de verdad, o esperamos de Dios y le atribuimos cosas en las que no interviene.
Ante la próxima celebración del bautizo de mi nieta, he estado reflexionando sobre el bautismo en general, y sobre el de los bebés, en particular. El bautismo es el sacramento de la identidad cristiana, el primero de todos ellos. Por él somos incorporados a la familia de Dios, en comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Por tanto, las palabras: “yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, no son mera fórmula, son una realidad. El bautismo es memorial y actualización del misterio pascual. Hace pasar de la “muerte” a la “vida” y expresa el gozo de la resurrección.
No está muy de moda hoy hablar de buena educación y buenos modales, porque se consideran meros formulismos que “encorsetan” a la persona y no la dejan actuar con espontaneidad, pero lo cierto es que, gracias a la “educación”, la vida puede resultar más agradable. Y si a ella añadimos una abundante dosis de amabilidad, respeto, empatía y gratitud, habremos conseguido el elixir perfecto de la felicidad para los que nos rodean.
Ahora que los comercios empiezan a ofrecernos los adornos, los turrones y los regalos de Navidad, y que la gente se apresura a comprar la lotería con la que desean cambiar su suerte, yo quería hablar del mejor “regalo” que se nos avecina. Me refiero, claro está, al nacimiento de Jesús.
Con los artículos de Jairo del Agua sobre la oración, parece que ha quedado patente que es un tema que interesa a muchos. A unos nos ha ayudado Jairo con sus aclaraciones y matices sobre la oración de petición, a otros les ha hecho saltar por los aires algunos de sus esquemas, pero la realidad es que todos reconocemos la importancia y la necesidad de orar.
«Perdona a tu pueblo, Señor,
Cualquier día, cualquier momento es bueno para la conversión; para hacer balance y comprobar que nuestra vida necesita un cambio. La Iglesia nos propone la Cuaresma como un tiempo propicio para ello, para buscar a Dios con más ahínco y abrirle el corazón. Todo ello nos preparará para vivir el misterio central de la fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
¡Cuánto me entristece no ser siempre consciente de lo que celebro cuando acudo a la Eucaristía! Por eso, las veces que lo hago menos influida por la inercia o la rutina, me cuestiono cómo no disfruto de ese encuentro con Jesús y cómo mi vida apenas cambia después de ello. Me está ayudando un libro que se titula “Con el corazón en ascuas” de Henri J.M. Nouwen (editado por
El origen de la vida en la Tierra ha sido siempre algo misterioso que el ser humano ha tratado de descifrar desde hace muchos siglos. Para los creyentes, la Creación es obra de Dios, y el libro del Génesis relata cómo fue surgiendo todo de sus manos. Naturalmente, los “días”, serían espacios de millones de años… Según una hipótesis bastante fundada, la vida, es decir, lo biológico, pudo surgir de lo inorgánico cuando se dieron unas determinadas condiciones físicas y se unieron unos elementos concretos, que formaron otros (como los aminoácidos), indispensables para la existencia de células vivas y base de los sencillos seres unicelulares. Éstos irían evolucionando hacia formas cada vez más complejas, dando lugar a las plantas, los animales y por fin, al hombre.
Recordábamos hace muy poco, en el día de Pentecostés, que Jesús envió la fuerza de su Espíritu sobre los discípulos para que fueran sus testigos, en Jerusalén, en Judea, y en toda la tierra. Actualmente, nosotros los cristianos tomamos el relevo y debemos ser testigos de Cristo en el mundo y en la realidad de hoy.
¡Cómo nos lo pasamos…! Cuando no celebramos un cumpleaños, es un bautizo, cuando no, una primera comunión o una boda; y si no, una despedida de soltero, o que vamos a irnos de vacaciones; o la fiesta de la Primavera o de Halloween, o… La lista sería interminable y me dejaría algo por festejar.






























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