Marina Utrilla*
Hoy día 30 tenemos la alegría de que Guzmán Pérez, director de esta revista, es ordenado sacerdote. FAST es una de las cosas que él tiene “entre manos”, en la que ha puesto y pone ilusión, dedicación y tiempo, y a través de la cual se ha convertido en mediación para muchos en este gran mundo de Internet. Por esto, hoy nos “colamos” aquí con esta entrada para felicitarte y darle las gracias a Dios por tu vida y por tu vocación, y para pedirle, como tú mismo nos sugieres, que seas un sacerdote fiel, santo y sabio. Leer el resto de esta entrada »
Esto es sólo una reflexión de mis últimas semanas, ajetreadas y entre tiendas, que han hecho surgir este título y me han animado, de paso, a escribir el contenido. Estamos a mitad de octubre, pero parece más bien, mitad de septiembre; entro en varias librerías donde el mayor orden lo encuentro en los renglones de los libros que ojeo y en la cola que, increíblemente, llega hasta la calle. Un padre pide un libro de inglés, el de actividades, cuyo título ya le cuesta pronunciar, pero está agotado: ¿Me lo podría pedir? No, es que ya no quedan ejemplares en la editorial. Se queda sin saber qué decir, así que le cuenta que su hija lleva semanas sin el libro, que la profesora se lo exige pero que no le vale el de su hermana de hace dos años porque ha cambiado. Está enfadado, no sé si con la tienda, la editorial, la profesora o el colegio; el otro escucha y asiente con cara de “comprendo” mientras coge el teléfono, tampoco tiene respuesta, habrá que esperar.
Durante este año he tenido la oportunidad de escribir sobre literatura, unas veces en un tono más personal y otras más técnico, esto último sobre todo cuando ha sido para la facultad; reconozco que me gusta, pero también, que es muy subjetivo, porque no deja de ser mi experiencia de los libros que generalmente yo elijo leer y mi propia idea de la literatura (obviamente no inventada de la nada). Entre estas ideas, una de las principales es que los buenos libros siempre hablan, de una manera u otra, sobre el hombre, y lo hacen desde un enfoque tan universal que al final cada uno es capaz de vivirse con la propia obra, porque nos encontramos a nosotros mismos, a los otros y al mundo.
Hablar de la felicidad parece algo demasiado elevado, utópico, ideal…para muchos una pérdida de tiempo, ya que a primera vista poco tiene que ver con los quehaceres de la vida diaria. Nuestro imaginario de la felicidad se reduce, y el buscador de imágenes de Google puede reflejarlo, a paisajes verdes, cielos azules, sonrisas y personas que alzan las manos con gran dinamismo y energía; visto así, claro está que nuestra cotidianidad se aleja bastante de esto, probablemente no tenemos grandes explanadas verdes cerca (a lo sumo un parque), con tanta nube y lluvia nos cuesta ver el cielo azul, y esa expresión de los brazos arriba no es que la frecuentemos mucho por la calle, seguramente si alguien lo hace lo miraríamos con cierta sorpresa (como poco) y si somos nosotros, quizás para hacer una foto curiosa, pero poco más (intuyo). 































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