Peio Sánchez*
Llega a las pantallas el esperado estreno de la tercera entrega de las Crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba. En esta ocasión con más fidelidad al relato original y sin que el relato de aventuras desdibuje la profundidad del mensaje que C.S. Lewis quiso trasmitir en este relato fantástico para niños y para los que no lo son tanto.
La nueva entrega supone una giro en la concepción de la serie que vino motivado por el fracaso comercial de la segunda parte, Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian, en aquel caso producida por Walt Disney. Ahora bajo la producción de Fox y Walden Media, el director Michael Apted -Gorilas en la niebla (1988), Nell (1994), Amazing Grace (2006)- realiza una adaptación fiel e inteligente a la vez que actual de este clásico de la literatura infantil. Lo interesante de esta tercera parte es que se mantiene en la misma línea de la primera: ofrecer un relato de aventuras atractivo a la vez que con interesantes claves de sentido. Leer el resto de esta entrada »
La nueva película de Gustavo Ron supone un salto cualitativo destacado en su carrera cinematográfica (Mía Sarah, 2006) tanto por la profundidad temática como por la madurez expresiva. Vivir para siempre emociona y cuestiona, da que pensar e invita a sentir, hace participar del sufrimiento pero renueva los deseos de vivir. Marcada por una intención claramente espiritual invita a enfrentar los grandes interrogantes de la vida y de la muerte desde la perspectiva de un muchacho de 11 años.
No es frecuente encontrar en el cine español contemporáneo una película que reúna un guión inteligente, la profundidad de las cuestiones que aborda y el reconocimiento de la dimensión religiosa. Su director Fernando León de Aranoa ya había mostrado la preocupación social y antropológica en Barrio (1998), Los lunes al sol (2002) y Princesas (2005). Sin embargo, su última película resulta menos ácida y pesimista, más penetrante a pesar de la austeridad formal y más luminosa aunque no esconda la desolación de sus personajes.
Este documental sobre Pablo Domínguez, sacerdote y decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, es ante todo una expresión audiovisual para decir “sólo Dios y nada más que Dios”. El director y actor Juan Manuel Cotelo ha conseguido en éste su segundo largometraje, después del muy sugerente “El sudor de los ruiseñores” (1998), mostrar al Invisible a través de un medio paradójico, este documental a mitad de camino entre la realidad y algo que está más allá de ella. Hay, pues, inspiración en esta película que nos muestra la vida de este sacerdote que no deja de apuntarnos desde su humanidad desbordante al Trascendente cercano y el silencioso hecho Palabra y Presencia.
Los giros de guión de “Lost” ya hacían presagiar un final de contenido esencialmente religioso. La temática de las relaciones entre los diferentes personajes se había ido decantando hacia los grandes temas del sentido de la vida: el perdón, la confianza, la bondad, la muerte y el más allá.
La directora austriaca Jessica Hausner realiza este acercamiento a algunos aspectos de la experiencia creyente desde la perspectiva provocadora de los milagros. La sinceridad del planteamiento y la honradez de la búsqueda merecen el reconocimiento que esta película tuvo con los premios SIGNIS y el FIPRESCI del Festival de Venecia así como el Giraldillo de Oro a la Mejor Película del Festival de Sevilla.
Decía Desmond Tutu en una entrevista sobre Mandela: “¿Sabes una cosa? Lo mejor de las cosas buenas es que pueden repetirse. Así de fácil”. Con estas palabras termina el libro El factor humano de John Carlin en que se basa la película. Este elogio a Mandela es un homenaje a los caminos del perdón y de la reconciliación como propuesta y referencia para los espectadores.
Como cada año, desde la Organización de la 































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