Lilián Carapia*
El mundo viene padeciendo cosas muy tristes, y el crimen organizado es una de las causas. En este contexto viene ya la celebración anual de Navidad. Aunque no es el único problema que nos aqueja, sí nos ha tenido en movimiento, pues por aquí y por allá vemos cómo muchos se organizan y promueven marchas y otros actos en defensa de la paz. Pero lo peor es que hay aspectos del «crimen organizado» que también han sido legislados por las autoridades de muchos países… Leer el resto de esta entrada »
En nuestra oración del Credo, afirmamos creer en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Evidentemente, sentimos a Dios como un padre que nos ama incondicionalmente, aunque nosotros fuéramos indignos de ser amados. Y a la vez, esperamos que con su omnipotencia, elimine el mal y resuelva todos los problemas del mundo.
A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. El teólogo y filósofo de la Religión Andrés Torres Queiruga cree que ciencia y religión versan sobre dominios distintos y que las
Hemos nacido para ser felices, a pesar de nuestra limitación, de nuestra fragilidad, de nuestra pequeñez. De eso estoy seguro. Basta mirar los ojos de un niño para darse cuenta. La felicidad dependerá de la capacidad de nuestro recipiente interior y no de nuestra apariencia, poder o bolsillo. La alegría ha sido siempre la característica de las personas espiritualmente crecidas, las que logran “hacerse como niños”. La sabiduría popular lo tiene acuñado: “Un santo triste es un triste santo”, es decir, no lo es. Si santidad es “plenitud humana” -que no otras ilusiones o popularidades- sus signos son la paz y la alegría.

Eugenio Trías (Barcelona, 1942) es filósofo, un pensador que se caracteriza indiscutiblemente por un extremado rigor, la densidad de su rica escritura y la independencia de criterio respecto a las escuelas teóricas tradicionales. Su intensa trayectoria, con 33 libros desde su primera obra —La filosofía y su sombra (1969)— encuentra ahora con la publicación de Creaciones filosóficas (Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg) una reformulación, más que reedición, en donde se intuye su verdadero calado y su propuesta sistemática. «Los que la conocen, podrán verla de otra manera, y los que no, podrán acceder a ella», explica Trías. Una obra en la que tiene una presencia indisociable la defensa de «la religión o la relación del hombre con lo sagrado».
La mejor herencia que los padres pueden dar a sus hijos es la fe en Dios. Ésta se logra mediante la educación que da a Dios el lugar que le corresponde, siendo coherentes, viviendo lo que se cree y se enseña. Porque una cosa es decir que creemos en Dios y que lo amamos, y otra es creer en Él y amarlo de veras. Si alguien dice que es católico pero no va a Misa; no frecuenta ninguno de los Sacramentos o vive sin ellos; no ora; no se congrega con los demás miembros de la Iglesia; no hace nada por su prójimo necesitado… ése alguien es incoherente. Y si además es deshonesto, infiel, corrupto o violento; si es una mala influencia para los demás, si abusa de ellos y no tiene la menor intención de enmendarse esa persona vive el ateísmo práctico, que lleva al olvido de los valores. La vida sin Dios (ateísmo), tarde o temprano «pasa la factura». Eso es lo que le está pasando a muchos países. 

No negamos que algunos logros del psicoanálisis constituyen una valiosa ayuda en el auxilio de las complejas realidades que se juegan en la psique, y que cuando los psicoanalistas respetan y promueven la dimensión moral y religiosa de sus pacientes obtienen óptimos resultados. Sin embargo, el psicoanálisis de doctrina y praxis abiertamente atea no tiene nada que ofrecer a la persona que busca colmar su sed infinita de felicidad. Como su objetivo primero es destruir el sentido de trascendencia y de vida ética, esta ideología denigra las relaciones interpersonales; pretende liberar al hombre de supuestas ataduras, pero termina condenándolo a verdaderas esclavitudes: es bien sabido que no puede un ciego guiar a otro ciego…
La verdadera ciencia, la que progresa en el bien, ha aportado grandes favores y le ha resuelto muchos problemas al género humano, y como esto se corresponde con el plan providente de Dios, la Iglesia no se opone a ella: «Cuando la investigación metódica en todos los campos del saber se realiza en forma verdaderamente científica y conforme a las normas de la moral, nunca se opondrá realmente a la fe, porque tanto las cosas profanas como las realidades de la fe tienen su origen en el mismo Dios» (GS 36). Sin embargo, uno de los desafíos de nuestro tiempo es la creciente pérdida de fe en el mundo entero, con sus terribles consecuencias. Son muchos los que participan activamente en la promoción y difusión del ateísmo, y entre ellos, lamentablemente, vemos a un buen número de científicos —profesos del ateísmo cientificista— que parecieran apostar también por la destrucción de la humanidad, colaborando para ello con su saber. 






























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