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	<title>Fe, Arte, Solidaridad... y Tú</title>
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		<title>Fe, Arte, Solidaridad... y Tú</title>
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		<title>Conocer para amar</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Oct 2012 14:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[María Isabel Montiel]]></category>
		<category><![CDATA[Palabra y Vida]]></category>

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		<description><![CDATA[María Isabel Montiel* Pocos días antes de la muerte del Cardenal Martini, tuve la suerte de hacer unos ejercicios espirituales basados en distintos textos evangélicos, comentados e interpretados por él. Siguiendo la línea de los ejercicios ignacianos, fuimos rememorando algunos hechos significativos de la vida de Jesús que suponen un conocimiento muy íntimo suyo, y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4476&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>María Isabel Montiel*</em></p>
<p><em><img class="alignleft" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/10/corazc3b3n-de-jesus7.jpg?w=136&#038;h=186" alt="" width="136" height="186" /></em>Pocos días antes de la muerte del <strong>Cardenal Martini</strong>, tuve la suerte de hacer unos ejercicios espirituales basados en distintos textos evangélicos, comentados e interpretados por él. Siguiendo la línea de los <strong>ejercicios ignacianos</strong>, fuimos rememorando algunos hechos significativos de la vida de Jesús que suponen un conocimiento muy íntimo suyo, y que invitan a su seguimiento. Como decía San Ignacio, “es necesario <strong>conocer a Jesús para más amarle y seguirle</strong>”. Doy gracias a Dios por esos días de silencio, que me han ayudado a profundizar en la persona de Jesús, y en lo que eso puede significar en mi vida de relación con Él y con los hermanos.</p>
<p>Me voy a fijar en tres momentos puntuales de su vida, que son los que más me han ayudado a conocerlo en profundidad, como hombre y como Dios. Yo creía saber bastante sobre Jesús, de todo lo que hizo en su vida pública, de cómo murió por salvarnos, de que su evangelio se basa en el amor… Pero ahora me doy cuenta de que no lo había interiorizado ni comprendido del todo.<span id="more-4476"></span> En esos días de meditación he redescubierto los <strong>años de su vida oculta</strong>, en los que <strong>no sucede nada</strong>. Me refiero a nada aparentemente significativo que podría hacer pensar que se trataba de Dios mismo hecho hombre. Jesús vive el presente con sencillez. Crece en edad y sabiduría, obedece, y seguramente, espera un signo. Una <strong>espera serena hasta que llegue su momento</strong>, y con una paciencia que nos enseña cómo no hay que tener prisa de que sucedan las cosas que esperamos de Dios, porque Él sabe mejor lo que nos conviene y en qué tiempo. Cuándo Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, ya intuye que ha llegado su hora. La voz del Padre exclama: “Este es mi hijo amado, mi predilecto” (Mc 1, 9-11).</p>
<p>Pero mira por dónde, resulta que en nuestro bautismo también nos dice el Padre que somos sus predilectos. Nos hace sus <strong>hijos “como Jesús”</strong>. “Ved qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre, que nos llama hijos de Dios y lo somos” (1 Jn 3,1). Una realidad que no me había planteado conscientemente, y que ahora, visto al pie de la letra, me hace sentir una inmensa<strong> gratitud a Dios y una gran responsabilidad</strong>. Si yo soy como Jesús para el Padre, tendré que actuar en mi vida como Jesús lo haría. Sentirse y saberse hijos de Dios significa tener nuevos comportamientos, renovar nuestra mente para vivir desde Él. No con mis propias fuerzas, claro, sino con Jesús, y mi  disponibilidad.</p>
<p>Otro momento de la vida de Jesús sobre el que he reflexionado en los ejercicios, con una óptica nueva, ha sido el de la <strong>Transfiguración</strong> en el Monte Tabor.  Jesús sube a orar al Padre y quiere que le acompañen Pedro, Santiago y Juan (los mismos que estarán con Él en Getsemaní). Jesús veía que sus enseñanzas no eran comprendidas y el Padre interviene alentándole y apoyándole frente a la pasión que le espera. Mientras oraba, su rostro se transformó, se volvió otro, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. Es un hecho que los apóstoles no habían experimentado nunca y que debió de impresionarles profundamente. La voz del Padre se oye de nuevo, como en el Bautismo: “Éste es mi hijo amado, escuchadle”. Jesús es confirmado en su misión.</p>
<p>La <strong>oración</strong> era para Jesús el <strong>aliento de su vida</strong>. Ora al Padre confiando en Él y con la certeza de ser escuchado. Así debía ser nuestra oración, de ofrecimiento gratuito a Dios. Sería bonito entablar coloquio con Jesús y contemplar cómo ora. Acompañarle en su oración.</p>
<p>El hecho fundamental sobre el que he meditado en esos días ha sido la <strong>Pasión, Muerte y Resurrección</strong> de Jesús. Él amaba la vida, pero no quiere dejar de cumplir su misión ni dejar de salvarnos, aunque eso le conduzca a la muerte. Y aunque se trató de una muerte horrenda y humillante, no es el sufrimiento lo que concedió valor redentor a la Cruz, sino el Amor. <strong>Jesús amó hasta el extremo</strong>. Sólo desde la cruz se entiende el discurso de perder la vida para ganarla.</p>
<p>La entrega de Jesús se expresa de manera plena en la <strong>Eucaristía</strong>, y ante ella, no es necesario que hagamos nada, sólo dejar que Jesús nos salve. Viene a nuestro encuentro para amarnos y nosotros no tenemos que hacer más que <strong>dejarnos amar</strong>. Dejar que actúe en nosotros, y aceptar las implicaciones que eso supone.</p>
<p>Dios quiere una relación de amor con nosotros, pero es necesario que acojamos su presencia y el amor que nos ofrece. La Fe, ese gran <strong>don,</strong> en el que nos invita a profundizar durante este año el Papa Benedicto XVI, es el encuentro entre el hombre y Dios. San Pablo escribe: “Sé de quién me he fiado” (2 Tim 1, 12). Jesús nos invita a seguirle, y seguir a alguien es aceptar que esa persona oriente nuestra vida, estar disponible para lo que me pida.</p>
<p>Vivamos este <strong>Año de la Fe</strong> convencidos de lo que supone la adhesión a Cristo,  que llegará a transformar nuestra vida. <strong>El cristiano no cree en algo sino en alguien, y ese Alguien es Jesús</strong>.  Él nos acompaña, nos invita a amar a los demás y se compadece de los que sufren, nos hace sentirnos felices y esperanzados a pesar de las dificultades, y a través de Él, podemos conocer al Padre.  Y como podemos experimentar a lo largo de nuestra vida, cuanto más conocemos interiormente a alguien, más lo comprendemos y por tanto, más lo amamos.</p>
<p>* <strong>Maria Isabel Montiel</strong> es madre de familia y Salesiana Cooperadora. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/maria-isabel-montiel/">Lee otros artículos suyos en FAST</a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4476/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4476/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4476&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Dónde nace el perdón?</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Sep 2012 14:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ética cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Jairo del Agua]]></category>

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		<description><![CDATA[Dedicado en especial a las Asociaciones de víctimas. Jairo del Agua* La pregunta surgió ayer en un coloquio. Me pareció tan interesante que bien merece unas reflexiones. Hay quienes no tienen dudas: &#8220;yo ni olvido ni perdono&#8221; -dicen- sin importarles que la televisión les esté delatando. Estas personas sufren un doble daño: el que les [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4466&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Dedicado en especial a las Asociaciones de víctimas. <em>Jairo del Agua</em>*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/09/pecado-perdon.gif"><img class="alignleft  wp-image-4471" title="Diseño de Rogelio Núñez Partido, sm" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/09/pecado-perdon.gif?w=216&#038;h=143" alt="" width="216" height="143" /></a>La pregunta surgió ayer en un coloquio. Me pareció tan interesante que bien merece unas reflexiones.</p>
<p>Hay quienes no tienen dudas: <strong><em>&#8220;yo ni olvido ni perdono&#8221;</em></strong> -dicen- sin importarles que la televisión les esté delatando. Estas personas sufren un doble daño: el que les han causado y el que ellas mismas se causan cultivando un odio mordedor.</p>
<p>A quien, consciente o inconscientemente, se empecina e intenta liberarse por la venganza, poco se le puede decir. El propio odio le hunde y le encarcela. Porque conlleva la carcoma de la falta de paz, porque es contrario a la <em>&#8220;vida positiva&#8221;</em> que fluye en la hondonada humana. <strong>El odio es desear el mal del otro. El odio es muerte y genera muerte</strong>.<span id="more-4466"></span></p>
<p>Hay quienes matizan: <strong><em>&#8220;yo perdono pero no olvido&#8221;</em></strong>. Algunos lo dicen porque perdonar está bien visto y les parece de mala educación decir lo contrario. El <em>&#8220;no olvido&#8221;</em> significa muchas veces: <em>&#8220;antes o después me las pagarás; mantendré la espada en alto hasta que se me presente la ocasión de devolver mal por mal&#8221;</em>. No han perdonado más que de boquilla, siguen deseando el mal a largo plazo, <em>&#8220;la venganza se sirve fría&#8221;</em>.</p>
<p>Otros, sin embargo, perdonan sinceramente y el <em>&#8220;no olvido&#8221;</em> significa que toman nota de por dónde puede venirles el daño, para tratar de evitarlo en el futuro. Esta postura es legítima y prudente. <strong>Perdonar no significa morrearse con el agresor</strong>.</p>
<p>La mayoría de nosotros -cristianos confesos- no hemos sufrido daños de noticiario y tenemos verdadero interés en perdonar las pequeñas o grandes afrentas de nuestra historia. Tenemos una idea, un deseo, un propósito, fruto de nuestro yo cerebral que se adhiere a los principios cristianos. Ya es algo.</p>
<p><strong>Pero perdonar no es lo mismo que querer perdonar</strong>. Uno puede querer perdonar y comprobar cómo le ahoga el impulso de hacer daño a quien con daño le hirió. Eso sí, sin que se vea, sin que nadie lo note, sin que sufra mi imagen de civilizado y ecuánime.</p>
<p>Por mucho que yo estruje mis ideas o mis principios, <strong>si no desciendo al nivel del ser (a lo hondo de mí mismo), no brotará el perdón</strong>. Si además <em>&#8220;quiero&#8221;</em> (solo desde la voluntad) cumplir con la máxima de <em>&#8220;amar a los enemigos&#8221;</em>, entonces la situación cobra tintes dramáticos; la tensión y la culpabilidad pueden instalarse en la <em>&#8220;conciencia cerebral&#8221;</em> y hacerme caer en la desesperanza ante lo imposible.</p>
<p>Y es que el Evangelio -en contra de lo que muchas veces oímos o pensamos- no es un conjunto de normas, consejos o palabras buenas. <strong>El Evangelio es ante todo vida</strong> [1] y sólo puede integrarse desde donde nace la vida: desde el ser, desde ese fondo positivo y profundo donde residen los dones que constituyen mi identidad.</p>
<p><strong>No basta saber, ni tampoco querer</strong>. El nivel cerebral es sólo el foco que nos permite adentrarnos en las profundidades, es el observador de las sensaciones que emite nuestro ser, ese diamante jaquelado que refleja nuestro parecido con Dios, ese <em>&#8220;fondo preciosísimo&#8221;</em> o <em>&#8220;tu mejor tú&#8221;</em> que diría Pedro Salinas [2]. Ese <em>&#8220;tesoro&#8221;</em> -del que habla el Evangelio- que tanto nos han ocultado nuestros clérigos bizcos con su parcial visión de pecados e infiernos.</p>
<p><strong>Perdonar es conseguir que la aspiración a hacer el bien nos inunde</strong>. Esa aspiración, asumida conscientemente por toda mi persona, disipa la venganza, diluye el deseo de castigar, incluso el deseo de justicia como desquite o revancha legal.</p>
<p><strong>¡Cuántas veces llamamos justicia a la venganza!</strong> Y hasta le pedimos a Dios que sea el ejecutor (doctrina judía del AT). Otras veces gritamos justicia, pero en realidad lo que pedimos es legítima protección y seguridad. Conviene analizarse con sinceridad para saber lo que vivimos. La frontera entre el bien y el mal es, a veces, sumamente delgada.</p>
<p><strong>¿Yo, desde el fondo de mí, deseo el bien para quien me ha causado un mal de cualquier tipo o calibre?</strong> Si -a pesar de todo mi dolor- puedo contestarme afirmativamente, es que he perdonado. Es que no me he dejado encerrar en la cárcel de la venganza, en la prisión del odio, en la pulsión animal del instinto de revancha. ¡Soy libre! Estoy <em>&#8220;venciendo el mal con abundancia de bien&#8221;</em> (Rom 12,21), ese bien que mana siempre en mi interior, porque estoy hecho a semejanza del Bien infinito.</p>
<p>La dificultad está en que ese bien, residente en mis entrañas, no está suficientemente visitado, profundizado y canalizado para inundar los males con los que mi historia tropieza. <strong>Aspirar al bien, cultivar el bien, practicar el bien, dejar que inunde lo propio y lo ajeno. ¡Eso es perdonar!</strong></p>
<p><strong>Otra cosa es que la sensibilidad sienta aversión</strong>, antipatía, asco, rechazo, crispación, etc. En gran medida, esas sensaciones son la reacción lógica contra el mal en sí y no contra el malvado (<em>&#8220;odiar el pecado y amar al pecador&#8221;</em>, decían los maestros espirituales). Nadie puede querer que le claven un puñal por la espalda, le engañen, le amedrenten o le miren mal. Menos aún que le maten un ser querido.</p>
<p>Conviene saber, además, que hay personas que nos despiertan aversión o miedo por su físico, su tono de voz, su carácter, su estilo u otras circunstancias. Normalmente será porque esas características o circunstancias tienen algún parecido con algo o alguien que nos causó daño en el pasado; muchísimas veces ni lo recordamos.</p>
<p>Algunas personas, con finura humana y delicadeza de conciencia, se inquietan porque creen que no consiguen perdonar y que el rencor es la fuente de esas <strong>sensaciones negativas</strong>. No siempre es así.</p>
<p>El perdón, como el amor, nace del ser y no debemos confundirlo con lo que fluye a <strong>nivel sensible</strong>. A medida que crece una persona, las <strong>aspiraciones positivas</strong> inundarán mayor parte de su sensibilidad y las <strong>sensaciones negativas</strong> serán menos numerosas, menos intensas y menos duraderas. Pero siempre habrá una parte subconsciente imposible de evitar. De ahí la necesidad de estar bien anclados en el ser, en nuestra raíz, en nuestro <em>&#8220;fondo preciosísimo&#8221;</em> para que las ventoleras de la sensibilidad no nos lleven a la deriva.</p>
<p>Finalmente, será útil observar que en nuestro caminar coincidimos con personas, libros, blogs, música, naturaleza, ambientes, que nos vitalizan, que despiertan lo mejor de nosotros mismos, que nos motivan a seguir nuestro camino de maduración y liberación personal. Son <strong>relaciones vitalizantes</strong> porque estimulan nuestra vida profunda y nuestra vocación.</p>
<p>Hay otras, por el contrario, que entorpecen nuestro crecimiento, que nos apartan de nuestra misión. Son <strong>relaciones nefastas</strong> porque perjudican nuestro desarrollo personal. Me viene al pronto la relación de muchos con la telebasura y los éxtasis de moda. Es normal que las <strong>personas vitalizantes</strong> despierten nuestra adhesión, nuestra simpatía y nuestro amor.</p>
<p>Es normal igualmente que por las <strong>personas desvitalizantes</strong> sintamos rechazo o antipatía, lo que no significa odio ni ausencia de perdón. Paradójicamente hay relaciones nefastas que suscitan una poderosa atracción superficial. Es el caso, por ejemplo, de <em>&#8220;los amiguetes&#8221;</em>, <em>&#8220;los ligues&#8221;</em> u otras relaciones epidérmicas.</p>
<p>Es de sabios potenciar las <strong>relaciones vitalizantes</strong> y apartarse de las <strong>relaciones nefastas</strong>. Perdonar y amar a todos, sí. A todos desear el bien y, si es posible, hacérselo. Pero privilegiar la relación con los <em>&#8220;ambientes humanos y materiales&#8221;</em> que nos iluminan, nos motivan y nos ayudan a caminar. En ello nos va la vida, la auténtica vida. <strong>Donde mana la vida profunda fluye el perdón</strong>.</p>
<p>* <strong>Jairo del Agua</strong> es laico y padre de familia. <strong><a href="http://revistafast.wordpress.com/category/jairo-del-agua/" target="_blank">Lee otros artículos suyos en FAST</a></strong></p>
<p>_________________________________</p>
<p>[1] <strong>Jn 1,4</strong> y 3,36 y 5,24; <strong>Jn 5,40</strong> y 6,35 &#8211; 63 &#8211; 68; <strong>Jn 10,10</strong> y 11,25 y 14,6 y 17,2 y 20,31.</p>
<p>[2] <strong>La voz a ti debida</strong>, v. 1449.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4466/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4466/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4466&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Desfigurar o restaurar el rostro de Cristo</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2012/08/28/desfigurar-o-restaurar-el-rostro-de-cristo/</link>
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		<pubDate>Tue, 28 Aug 2012 15:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte y Compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[Guzmán Pérez]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Guzmán Pérez Montiel* Ha sido en estos días objeto de burla y chanza, y trending topic en twitter. Ha dado de qué hablar a miles de personas, y ha traspasado los muros de un templo que hasta ahora muy pocos —además de sus feligreses— habían visitado. Se trata del rostro desfigurado del Ecce Homo de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4448&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Guzmán Pérez Montiel*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/08/ecce-homo-borja.jpg" target="_blank"><img class="alignleft  wp-image-4452" style="margin-left:0;margin-right:3px;" title="Ecce Homo - Borja" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/08/ecce-homo-borja.jpg?w=152&#038;h=114" alt="" width="152" height="114" /></a>Ha sido en estos días objeto de burla y chanza, y <em>trending topic </em>en twitter. Ha dado de qué hablar a miles de personas, y ha traspasado los muros de un templo que hasta ahora muy pocos —además de sus feligreses— habían visitado. Se trata del rostro desfigurado del <strong><em>Ecce Homo</em></strong> de la iglesia de Borja (Zaragoza), que <strong>una anciana ha querido restaurar con buena intención y poco acierto</strong>, para escándalo de algunos y cachondeo de muchos, que rápidamente lo bautizaron como <em>ecce mono</em> en las redes sociales.</p>
<p>No quiero detenerme en valorar si el <em>estropicio</em> de la octogenaria Cecilia ha hecho mucho &#8220;daño artístico&#8221;, pues creo que el fresco tampoco tenía demasiado valor. Ni siquiera voy a pararme a criticar la desmesurada e irrespetuosa <a href="http://www.elnuevoherald.com/2012/08/23/1283738/insolita-restauracion-de-cuadro.html" target="_blank">burla que se ha generado en internet </a>hacia esta buena señora y <a href="http://www.periodistadigital.com/religion/arte/2012/08/24/el-parroco-de-borja-quiere-tapar-el-cuadro-reformado-para-evitar-mofas-dentro-de-la-iglesia.shtml" target="_blank">hacia la imagen del Cristo</a>, a raíz de la cual me imagino que más de uno habrá descubierto qué es un <em>ecce homo </em>(o tal vez no&#8230;). Personalmente este desgraciado y esperpéntico incidente me ha hecho pensar, sobre todo, en <strong>cómo desfiguramos el rostro de Cristo</strong>, con mucha frecuencia y sin darnos cuenta, o incluso a sabiendas&#8230; Podríamos tomar esta circunstancia como <strong>metáfora</strong> de nuestra —a veces mediocre— vida cristiana, y como <strong>llamada a <em>restaurar</em></strong> la desfigurada imagen que damos de Cristo y su Evangelio.<span id="more-4448"></span></p>
<p>Dice San Pablo que <em>«todos nosotros, con la cara descubierta, <strong>reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen</strong> con resplandor creciente, <strong>por la acción del Espíritu</strong> del Señor»</em> (2 Cor 3,18). Y aquí es donde uno se pregunta qué clase de gloria refleja nuestro <em>rostro</em>, a imagen de quién nos vamos transformando, qué cosas &#8220;dice&#8221; nuestra vida sobre Cristo, cómo desfiguramos el rostro de Cristo en nuestros hermanos. A mí <strong>me escandaliza y me cuestiona más esto</strong> que lo de la señora de Borja. La faena del Ecce Homo me la trae al <em>fresco</em> (permítanme la expresión, dado el contexto artístico), pero lo otro no. Porque <strong>nuestra vocación</strong> —la de cada cristiano y la de la Iglesia—es precisamente reflejar la luz de Jesús, mostrar que en este Hombre —<em>Ecce Homo</em>— encontramos la plenitud de nuestra humanidad.</p>
<p>Dios nos llama a ser la mejor versión de nosotros mismos, la mejor imagen de su Hijo, <strong>dejándonos transformar y restaurar por el Espíritu</strong> para que nuestras actitudes sean como las suyas. Y <strong>ayudar a las personas &#8220;desfiguradas&#8221; a restaurar el rostro de su dignidad</strong>, sin condenar ni estigmatizar a nadie. Como Jesús. Que bastantes cicatrices tiene ya la gente como para que les pongamos &#8220;cara de perro&#8221; y se marchen de nuestro lado peor de lo que venían. O peor: que les demos la espalda, indiferentes o con desprecio, en lugar de mirarles a los ojos, porque <em>no son de los nuestros</em> (Mc 9,38), o porque no tienen fe, o porque tienen &#8220;mala pinta&#8221;. O tal vez que pensemos con una sutil <em>pincelada</em> de egoísmo: &#8220;con el <em>cuadro</em> que tengo, ¡qué <em>pinto</em> yo ayudando a otros!&#8221;.</p>
<p>Vendría bien que dejáramos ya de escandalizarnos o burlarnos de la fallida restauración del Cristo de Borja. No sabemos si tiene arreglo o es irreversible. Los expertos en arte sabrán lo que hacer. Lo nuestro es <strong>ponernos manos a la <em>obra</em>, para que la cosa <em>pinte</em> bien</strong>, en nuestra vida y en la de los <em>ecce homo</em> que nos topamos cada día (que están más cerca de que lo que creemos o nos gustaría). Y para que, brillando nuestra luz, «los que vean nuestras obras den gloria al Padre que está en los cielos» (Mt 5,16).</p>
<p><strong>Gracias Cecilia</strong>, por recordarnos que aún hay mucho <em>rostro desfigurado</em> a nuestro alrededor, y que nos queda mucho que &#8220;retocar&#8221; para reflejar el rostro de Cristo, para mostrar su imagen con nuestra vida.</p>
<p>* <strong>Guzmán Pérez Montiel</strong> es salesiano y sacerdote, director de la revista FAST. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/guzman-perez/"><strong>Lee otros artículos suyos</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4448/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4448/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4448&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Ecce Homo - Borja</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Ayuno se escribe con &#8220;h&#8221;</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2012/02/28/ayuno-se-escribe-con-h/</link>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2012 11:25:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuaresma]]></category>
		<category><![CDATA[Darío Pérez]]></category>
		<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Solidaridad]]></category>

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		<description><![CDATA[Darío Pérez* Acaba de arrancar la cuaresma y con ella un tiempo caracterizado por la oración y la conversión, por el perdón y la reconciliación, por el ayuno y la limosna. Hace unos días tuve una reunión sobre el tema y me correspondió compartir –como ahora quiero hacer contigo- el sentido de las dos últimas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4442&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Darío Pérez*</em></p>
<p><img class="alignleft  wp-image-4443" style="margin-left:0;margin-right:3px;" title="Ayuno..." src="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/02/fasting.jpg?w=143&#038;h=95" alt="" width="143" height="95" />Acaba de arrancar la cuaresma y con ella un tiempo caracterizado por la oración y la <strong>conversión</strong>, por el perdón y la <strong>reconciliación</strong>, por el <strong>ayuno</strong> y la limosna. Hace unos días tuve una reunión sobre el tema y me correspondió compartir –como ahora quiero hacer contigo- el sentido de las dos últimas palabras.</p>
<p>El objetivo no es ser exhaustivo ni ortodoxo -para eso seguro que hay materiales mucho más ricos y documentados- sino más bien proponerte un modo sencillo de <strong>tener presente el sentido de la cuaresma</strong> para que puedas profundizar en él durante estos cuarenta días.</p>
<p>Para empezar, imagínate que estamos jugando al Scrabble (Intelect o como quiera que lo llaméis en tu casa) y que tienes contigo cinco fichas, las cinco letras que componen la palabra AYUNO. Yo no sé tú, pero a mí lo primero que se me ocurre cuando oigo esta palabra (o la de abstinencia) es quitarle la “U” y exclamar “¡AY, NO!” ¡Ay, no! porque ya <strong>toca sacrificarse</strong>, quitarse de cosas, hacer un esfuerzo por algo a lo que, más que no encontrarle sentido, no quiero encontrárselo. ¿De qué sirve no comer tal cosa o tal otra? ¿De qué sirve pasar hambre? ¿<strong>De qué sirve prescindir de ciertas comodidades</strong>, objetos o hábitos? ¿De qué sirve renunciar a todo eso por un tiempo? Aquí es donde decimos siempre lo de “¿qué sacrificio es comerse una mariscada para no tomar carne? Lo podían cambiar”.<span id="more-4442"></span> Pues bien, sin meterme en el jardín de sugerirte que lo cambies a tu gusto, te diré que le añadas algo a lo que ya hay. Que le añadas o que le quites, según se mire. <strong>Quítate de lo que sí te cueste</strong>, de lo que sí suponga sacrificio. Renuncia a comidas, a bebidas, a lujos, a caprichos. Renuncia a móviles, a twitters, a redes sociales, a ataduras. Quítate de lo que sí suponga conversión, <strong>quítate de aquello que crees poseer pero que más bien te posee</strong>. El ayuno es un intento por salir de la escalada consumista en la que nos vemos inmersos y, ya que no es en la carne, tú sabrás dónde puede estar instalada.</p>
<p>Superadas mis perezosas reservas de antes, afirmaré que el ayuno no es un gesto inútil. Abogaré por recordarte sus cinco letras y animarte a que cojas las dos últimas para que sepas <strong>decir que “NO” a cuanto sea preciso</strong>. Y si te fijas en las letras que te quedan, caerás en la cuenta de que no es una renuncia estéril, que nuestro ayuno –y no es error ortográfico- empieza por un “no” que permite la disponibilidad de aquello (“AYU”) que será la base de nuestra ayuda. Sólo faltará dar para poder “AYU-DAR”.  Dicho de otro modo, <strong>de la renuncia</strong> que supone nuestro ayuno <strong>nace la limosna</strong> que podemos ofrecer. Igual no viene al caso, pero cómo me recuerda esto a “misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9,13).</p>
<p>La limosna son siete letras y siete fichas que vienen a representar todo aquello que se <strong>entrega a las personas necesitadas</strong>. Para los no iniciados, podría parecer que hablamos de unas monedillas para callar conciencias, pero nosotros ya no somos principiantes y nos hemos quitado la “L”. Con eso, nos quedan 6 fichas que -reordenadas- <strong>convierten la limosna en “ánimos”.</strong> Puede que sean ánimos monetarios para el que anda achuchado (o más que eso) pero los ánimos amplían el abanico de la limosna; verás lo que contienen sus letras.</p>
<p>En la limosna puede haber <strong>ánimo para la gente que se siente “SOLA”</strong> porque no tiene a nadie o porque está rodeada de mucha gente y pocas personas. En la limosna puede haber <strong>aliento para los que se han metido en “LÍOS”,</strong> del tipo que sean: embrollos afectivos, problemas económicos, dependencias, espiral de mentiras&#8230; En la limosna cabe un <strong>soplo de aire a los enfermos</strong> (“MALOS”) porque eso cura más que los medicamentos y multiplica sus efectos. En la limosna se incluye lo material: <strong>sosegar las dificultades de los que “MINOS” tienen</strong> (perdón por la licencia lingüística) y <strong>rescatar</strong> de su infructuosa búsqueda <strong>a los que quieren “MÁS”</strong> y más y más y ni con eso les llega.</p>
<p>El ayuno que nos propone la cuaresma es un ahorro de dinero, objetos y tiempo (sobre todo, tiempo) del que saldrán nuestras limosnas. Las preguntas son <strong>¿a qué le vas a decir que no?</strong> y <strong>¿quiénes se beneficiarán de ello, aparte de ti?</strong> Y termino la pregunta con el “aparte de ti” porque el máximo beneficiado de la conversión cuaresmal eres sin duda tú. Otros disfrutarán de los bienes y horas que tú no malgastes, pero el mayor dividendo es para ti. Tu renuncia te hará caer en la cuenta de lo verdaderamente importante y <strong>te sacudirá de esa dinámica tan vacía</strong> como reinante.</p>
<p>El texto de Mateo al que aludía antes hace referencia a un versículo de Oseas (Os 6,6) que reza: “porque quiero <strong>amor</strong>, no sacrificios, <strong>conocimiento de Dios</strong> y no holocaustos”. La cuaresma no reclama gestos huecos, pide una <strong>conversión sincera</strong> que se concrete en <strong>actos de caridad</strong> y que, ante todo, parta de la <strong>sintonía con el Evangelio</strong> y no tenga otra perspectiva que el Reino.</p>
<p>Lo decía en el título, pero lo recuerdo al terminar para que, por curioso, te sirva de lema antes de Pascua: <strong>Hayuno se escribe con “H”.</strong> Porque lo importante en estos días es caer en la cuenta de todo lo que nos separa de Dios y <strong>recordar que sólo “HAY UNO” y lo demás está de más</strong>.</p>
<p>Y como soy mucho de lanzar un deseo cómplice a quien me lee, pues ahí voy: ojalá le sepamos añadir esa “h” a nuestro ayuno, ese Dios a nuestras vidas. Que de nuestro “NO” a banalidades salga el <strong>“SÍ” a la voluntad del Jefe</strong>. Y que se impregne de ese espíritu confiado cada rincón de nuestra existencia. Rizando el rizo, que escribamos ayuno con “h”&#8230;intercalada.</p>
<p>P.D. ¿Sabes cómo se dice ayunar en inglés? To FAST. Hala, eso por si necesitas más señales para creer que, desde esta revista, se te puede invitar a ponerte a la tarea.</p>
<p>* <strong>Darío Pérez</strong> es <a href="http://www.cooperadores.org/" target="_blank">Salesiano Cooperador</a> y profesor de Bachillerato en Guadalajara. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/dario-perez/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4442/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4442/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4442&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>¿Seguir a Jesús? Mejor en twitter</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Feb 2012 16:20:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Guzmán Pérez]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia y Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Guzmán Pérez* Se está poniendo muy de moda en España el Twitter, ese “patio virtual” en el que la gente expresa lo que piensa, lo que hace, lo que cree —en resumen, lo que le da la gana— en pequeños mensajes de no más de 140 caracteres. Muchos adolescentes y jóvenes con los que estoy [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4423&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Guzmán Pérez*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/02/follow_jesus_twitter.jpg"><img class="alignleft  wp-image-4431" title="Seguir a Jesús en Twitter" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2012/02/follow_jesus_twitter.jpg?w=119&#038;h=119" alt="" width="119" height="119" /></a>Se está poniendo muy de moda en España el <strong>Twitter</strong>, ese “patio virtual” en el que la gente expresa lo que piensa, lo que hace, lo que cree —en resumen, lo que le da la gana— en pequeños mensajes de <strong>no más de 140 caracteres</strong>. Muchos adolescentes y jóvenes con los que estoy a diario usan esta <strong>red social</strong>, y he de reconocer que ciertamente tiene su interés. Yo mismo suelo <em>twittear </em>una vez al día, o dos como mucho, aunque otros informan 30 ó 40 veces al día de sus andanzas, agotando a cualquiera de sus <em>seguidores.</em></p>
<p>Eso sí, lo cómodo de Twitter es que, <strong>si te cansas de</strong> <em>seguir</em> a uno de éstos que te cuenta hasta las veces que respira, no tienes más que pulsar el <strong>botón “dejar de seguir”</strong>, y se acabó. Hay quienes siguen a famosos, hay quienes comentan las noticias más recientes o escabrosas, y hay quienes contribuyen a que cualquier tema se convierta en TT <em>(Trending Topic), </em>es decir: que mucha gente hable de ello. Pero no voy a describir todo lo que pasa por esta <em>red</em> social. Hablo aquí del Twitter porque, si bien es una útil herramienta de comunicación, también es <strong>símbolo de algunas de nuestras actitudes en las relaciones humanas</strong>, y en especial <strong>de nuestra vivencia de la fe</strong>.<span id="more-4423"></span></p>
<p>Lo primero que me llama la atención —en comparación con otras redes sociales— es que aquí<strong> la clave está en </strong><em><strong>seguir</strong> (‘follow’</em> en inglés)<em>.</em> Vamos, <strong>como lo que ocurre con Jesús</strong>… En Facebook y Tuenti se tienen <em>amigos,</em> pero aquí la cosa va de <em>seguidores.</em> Imaginemos por un momento que <strong>Jesús tuviera una cuenta en Twitter</strong>. Sería algo así como @JesusMesias. Probablemente <strong>tendría muchísimos <em>seguidores</em></strong>, igual que los tuvo en su día: <em>«una gran multitud le seguía»</em> (Mc 3,7). A algunos los llamaría él mismo, especialmente a los que andaran atareados con las <em>redes,</em> como @SantiagoelMayor y @JuanhijodeZebedeo (Mc 1,19). E inmediatamente le seguirían. Porque ciertamente <strong>Jesús fascina, atrae, asombra</strong>: <em>«y todos se maravillaban»</em> (Mc 5,20). <strong>Sus palabras cuestionan, interpelan, animan, entusiasman</strong>, también hoy. Porque <em>tienen autoridad</em> (Mc 1,27). Si Jesús las pusiera en mensajes de 140 caracteres, <strong>muchos incluso se animarían a </strong><em><strong>retwittearlas</strong>.</em> Probablemente incluso alguna vez serían TT, y mucha gente comentaría sobre ello: <em>«su fama se difundió por toda la comarca»</em> (Lc 4,37). Y probablemente aumentarían aún más sus seguidores: <em>«la multitud se enteró y lo siguió»</em> (Lc 9,11). Porque, ciertamente, la <strong>propuesta de Jesús es algo transformador, un amor que te hace</strong> <em>nacer de nuevo</em> (Jn 3,3). De él <em>sale una fuerza que sana a todos</em> (Lc 6,19). ¿A quién no le ha atraído alguna vez?</p>
<p>El <strong>problema</strong> vendría cuando <strong>@JesusMesias empezara a <em>twittear</em> que el #HijodelHombre tiene que padecer</strong>, que para llevar su amor al extremo tiene que dar la vida (Mc 8,31). Seguro que, ante estas palabras, muchos no se replantearían si algo falla en su <em>seguimiento,</em> sino que le responderían con un <em>mensaje directo</em> de reproche o pidiendo explicaciones, como hizo @SimonPedro (Mt 16,22). Seguramente, sin pensarlo demasiado,<strong> <em>muchos dejarían de seguirle</em></strong> (Jn 6,66). Alguno habría que, <em>«calentándose junto al fuego»</em> (Mc 14,54) —desde la comodidad y el anonimato de Twitter— continuara <strong><em>siguiéndole de lejos</em></strong> (Mt 26,58). Pero sólo de lejos…</p>
<p>Y <strong>Jesús dejaría de</strong> <em>twittear</em>… <em>No respondería una sola palabra</em> (Mt 27,14). Porque <strong>hay cosas que sólo se expresan con gestos, con signos, a menudo en el más absoluto de los silencios</strong>. Hay experiencias que <strong>no caben en 140 caracteres, ni en 20</strong>… El amor es una de ellas. Bien lo sabía Jesús, que nos <em>amó hasta el extremo</em> (Jn 13,1), y que en sus horas finales apenas pronunció palabra, a no ser para dirigirse a @DiosPadre. A menudo queremos llenar cualquier situación a base de palabras —muchas veces vacías, o llenas de nuestro ego— para no enfrentarnos al peso del silencio, para no escuchar. Con frecuencia también lo hacemos en la oración. Y eso que @JesusMesias nos advertía, en uno de sus <em>tweets</em> desde la montaña, que <em>cuando oremos no empleemos mucha palabrería</em> (Mt 6,7)…</p>
<p>Casi ninguno de los suyos estaba allí —en el momento <em>crucial</em>— para dar testimonio de ello, para <em>twittearlo,</em> porque <strong>no habían asumido que <em>seguir </em>a Jesús implica ponerse detrás de él, seguir sus pasos —no sólo sus frases bonitas—</strong>, responder al amor incondicional con servicio agradecido, <em>dando gratis lo que habían recibido gratis</em> (Mt 10,8). O quizás habían preferido pinchar el botón y <em>dejar de seguirle</em> hasta que las cosas se calmaran, hasta que el seguimiento dejara de ser tan incómodo. Una <strong>tentación</strong> que tenemos también nosotros, sobre todo en la vida real: ahorrarnos el compromiso, escurrir el bulto cuando alguien necesita de nosotros, evitar “pringarnos” o implicarnos demasiado, <strong>hacer “rebajas” en el <em>seguimiento</em></strong> y en la coherencia con nuestra fe…</p>
<p>Menos mal que había allí <strong>unas pocas mujeres para dar fe de lo sucedido</strong>, además de @Centurion, un hombre que estaba allí cumpliendo órdenes, pero que subió al Twitter una foto de la cruz de Jesús, comentando: “Una imagen vale más que 140 caracteres. Realmente este hombre era #HijoDeDios”. Y la foto fue <em>retwitteada</em> miles de veces, y sigue siéndolo hoy…</p>
<p><strong>Al tercer día, @JesusMesias se aparece resucitado, ha cambiado su <em>foto de perfil</em> y no le reconocen</strong>. Ahora se muestra plenamente como #HijodeDios, y no pide explicaciones de todo lo ocurrido. Primero <em>twittea</em> a @MarialadeMagdala, la llama por su nombre, y con eso basta para cambiar definitivamente su vida y convertirla en apóstol, enviada para anunciar que está vivo, que #havencidoalamuerte. Y a los discípulos, que estaban <em>escondidos por miedo</em> (Jn 20,19) les sorprende con un simple <em>hashtag</em>: #Pazavosotros. Aunque ellos habían dejado de <em>seguirle,</em><strong> Él <em>sigue </em>amándoles, y <em>sigue</em> llamándoles a estar con Él, a <em>retwittear</em></strong><em></em> no sólo sus palabras, sino<strong> sobre todo sus actitudes, sus gestos, <em>sus sentimientos</em></strong> (Flp 2,5). Y como a @SimonPedro, no cesa de decirnos a cada uno de nosotros hoy: <strong><em>yo soy el Camino, #sígueme </em></strong>(Jn 21,19).</p>
<p>(Publicado en <a href="http://www.alandar.org" target="_blank">Alandar</a> nº 285, febrero 2012)</p>
<p>* <strong>Guzmán Pérez</strong> es sacerdote salesiano y director de la revista FAST.</p>
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<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4423/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4423/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4423&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>«Maktub»: la realidad es positiva</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/12/19/maktub-la-realidad-es-positiva/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 21:10:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Sal de tu mundo]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan Orellana Paco Arango, creador de las series ¡Ala&#8230;Dina! y El inquilino, afronta su primer largo con una historia escrita por él. Manolo (Diego Peretti) es un argentino de mediana edad casado con Beatriz (Aitana Sánchez-Gijón). La relación se desmorona y sus hijos sufren las consecuencias. Un día Manolo conoce a Antonio (Andoni Hernández), un [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4418&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Juan Orellana</em></p>
<p><strong><a href="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/poster-maktub-9093.jpg"><img class="alignleft  wp-image-4419" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/poster-maktub-9093.jpg?w=123&#038;h=176" alt="" width="123" height="176" /></a>Paco Arango</strong>, creador de las series <em>¡Ala&#8230;Dina!</em> y <em>El inquilino</em>, afronta <strong>su primer largo con una historia escrita por él</strong>. Manolo (Diego Peretti) es un argentino de mediana edad casado con Beatriz (Aitana Sánchez-Gijón). La relación se desmorona y sus hijos sufren las consecuencias. Un día Manolo conoce a Antonio (Andoni Hernández), <strong>un niño canario enfermo de cáncer</strong> y que vive con su madre soltera (Goya Toledo). Será el comienzo de un cambio decisivo en la vida de Manolo y de los suyos.</p>
<p><em>Maktub</em> —que en árabe significa <em>está escrito</em>— es el nombre de un libro de Paulo Coelho, con artículos publicados en la <em>Folha de Sao Paulo</em>, en los noventa. Es un libro de experiencias y consejos espirituales, en su línea habitual<em> new age</em>. Es probable que este autor haya influido mucho en Paco Arango, no sólo por el título, sino también por la importancia que en el film tiene la novela de Coelho <em>El alquimista</em>. Aunque el título puede evocar cierto fatalismo determinista, de lo que realmente habla <em>Maktub</em> es de la <strong>providencia divina</strong>, de la <strong>intervención de Dios en la vida de las personas</strong> bajo la apariencia de casualidad. La cinta apuesta por un <strong>sentido finalista de la vida</strong>, por la existencia de un destino bueno para cada ser humano en medio de sus circunstancias, por dolorosas que sean. Éste es probablemente el tema central de la película, pero hay más ideas que se van enredando a lo largo de la trama.<span id="more-4418"></span></p>
<p>Por un lado, está<strong> la muerte, tratada con positividad desinhibida</strong>. Si <em>Cartas a Dios</em> mostraba el proceso desde el ateísmo a la fe del niño protagonista, y <em>Vivir para siempre</em> mostraba un optimismo no suficientemente explicado, el niño de <em>Maktub</em>, Antonio, lo deja muy claro desde el principio: no le asusta la muerte porque sabe que Dios y el Paraíso le esperan al otro lado. La <strong>religiosidad está muy presente a lo largo del film</strong>, de una forma muy<strong> espontánea y nada impostada</strong>. Otro tema es <strong>la familia, con toda su complejidad</strong>: problemas de pareja, infidelidades, incomunicación, ausencia del padre, relaciones difíciles con los hijos, injerencias de la suegra&#8230; A pesar del tono cómico de muchas situaciones, el director <strong>ni las frivoliza ni las desdramatiza</strong>, ni tampoco las cierra en falso. La película, como los grandes clásicos, propone una segunda oportunidad que tiene su origen en el <strong>redescubrimiento del gusto de vivir</strong>. Un gusto que los personajes recuperan en el contacto con Antonio y con su experiencia vital. En ese sentido, Antonio está investido como de una misión divina benefactora: él va a morir, pero su sufrimiento trae la sanación de los que se encuentran con él. Es, al decir de Peio Sánchez, una figura crística.</p>
<p>El cuarto gran tema es la <strong>acogida como forma de relación radicalmente humana</strong>. La familia de Manolo empieza a cambiar cuando se abre a la acogida -no de buen grado en algún caso- precisamente en la cena de Nochebuena. En la experiencia de la acogida, y de la consecuente implicación en el destino y sufrimiento de los otros, empiezan los personajes a percibir el gran don de la existencia.</p>
<h2 id="titerceras"><span style="color:#003366;"><strong>«Dios siempre responde», dice Arango</strong></span></h2>
<div id="texto"></div>
<div><strong>¿Qué relación tienes con la obra de Paulo Coelho, que parece que te ha influido mucho?</strong><br />
Yo buscaba una palabra que indicase una coincidencia era algo más que una coincidencia. No quería connotaciones teológicas, porque prefería que el espectador llegase a esa conclusión. Al leer a Paulo Coelho, descubrí la palabra <em>Maktub</em> y su significado, ¡el que yo buscaba! Este escritor tiene una filosofía muy parecida a la mía, una mezcla entre un amor cristiano profundo con la fe y la magia de Harry Potter. Es decir, la fe mueve montañas y por ello incluyo <em>El Alquimista</em>dentro de la trama.</div>
<div id="texto">
<p><strong>Ésta es la quinta película de la temporada sobre un niño con cáncer, pero éste no es el tema exclusivo del film. ¿Qué diagnóstico haces del mundo que nos ha tocado toca vivir? ¿Cuál es nuestra peor enfermedad?</strong><br />
Efectivamente, en <em>Maktub</em>, el cáncer infantil es importante debido a que el personaje de Antonio fue amigo mío y es el detonante de la historia. Pero no quise que fuese una película de cáncer infantil, con el cual llevo más de 12 años involucrado. Quería que fuese sobre el amor, y creo que el mundo de hoy corre un peligro de alejarse del amor verdadero, de Dios. Todo va tan rápido, estamos tan ocupados que nos olvidamos de lo que en verdad es importante. Por ejemplo, como intento contar en <em>Maktub</em>, la familia. Sin duda, la peor enfermedad que sufrimos hoy en día es no darnos cuenta que somos todos hermanos en un mismo planeta. Hay que levantar la mirada y ver más allá de nuestra cercanía, nuestros problemas. Antonio, en <em>Maktub</em>, logró con su amistad y su enfermedad hacer que todos los personajes con los cuales se topó, levantasen la mirada.</p>
<p><strong>¿Cuál es para ti la misión del creyente en una sociedad como la nuestra?</strong><br />
Esta sociedad es cada vez más narcisista. Somos muy autosuficientes. Vivir nuestras vidas con una visión de un Dios impersonal es parte del error grave de nuestra sociedad; intentamos seguir un manual y con El de arriba no hay manual, hay diálogo. Muchos se quejan de no encontrar la fe, pero si uno de verdad llama, el <em>Míster</em> responde. Para mí, la misión urgente del creyente es buscar una fe radiante y luchar sin parar hasta obtenerla, y como Jesús dijo, para ello, hay que creer como un niño.</p>
<p><strong>¿Qué referentes cinematográficos tenías en la cabeza al escribir y dirigir <em>Maktub</em>?</strong><br />
A mí me encanta la fantasía, la magia, la ilusión. Siempre digo que <em>Maktub</em> es una mezcla entre <em>La vida es bella</em> y <em>Love actually</em>. Intento contar historias que ilusionen, que siembren esperanzas en un mundo donde casi no vale soñar. Mi meta es la experiencia de sentimientos que el espectador va tener, no un ensayo mío intentando reinventar lo que está bien hecho. Mis quince años en Estados Unidos me han hecho pensar así, y quizás suene simple, pero es la mar de efectivo.</p>
</div>
<p>(Fuente: <a href="http://www.alfayomega.es/Revista/2011/764/14_cine.php" target="_blank"><em>Alfa y Omega,</em> nº 764</a>, 15/12/2011)</p>
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<p><strong>Más información</strong>:</p>
<ul>
<li><a href="http://www.maktublapelicula.com/es/" target="_blank">Página oficial de la película</a></li>
<li><a href="http://www.facebook.com/maktublapelicula" target="_blank">Página en Facebook</a></li>
</ul>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4418/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4418/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4418&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>La Navidad y el «crimen organizado y legislado» del aborto</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Dec 2011 06:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Adviento y Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Ética cristiana]]></category>
		<category><![CDATA[Lilián Carapia]]></category>
		<category><![CDATA[Religión y Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[Lilián Carapia* El mundo viene padeciendo cosas muy tristes, y el crimen organizado es una de las causas. En este contexto viene ya la celebración anual de Navidad. Aunque no es el único problema que nos aqueja, sí nos ha tenido en movimiento, pues por aquí y por allá vemos cómo muchos se organizan y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4390&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Lilián Carapia*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/12/07/la-navidad-y-el-crimen-organizado-y-legislado-del-aborto/"><img class="alignleft  wp-image-4391" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/ecografia-jesus.jpg?w=148&#038;h=112" alt="" width="148" height="112" /></a>El mundo viene padeciendo cosas muy tristes, y el crimen organizado es una de las causas. En este contexto <strong>viene ya la celebración anual de Navidad</strong>. Aunque no es el único problema que nos aqueja, sí nos ha tenido en movimiento, pues por aquí y por allá vemos cómo muchos se organizan y promueven marchas y otros actos en defensa de la paz. Pero lo peor es que hay aspectos del «crimen organizado» que también han sido legislados por las autoridades de muchos países&#8230;<span id="more-4390"></span></p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>Alegría por el nacimiento de un Niño…</strong></span></p>
<p>Los católicos, no obstante las dificultades, manifestaremos en estos días que ha llegado el «espíritu de la Navidad», y adornaremos nuestras casas y avenidas con lucecitas y figuras de colores. Los mejor enterados de lo que se trata, y los más auténticos, pondrán el Nacimiento en sus casas. Y asistirán con sus amigos y familiares a las Posadas, rezarán y compartirán su alegría, <strong>preparándose para que Cristo nazca en el corazón</strong>. Porque saben que las Posadas y la Navidad no son una «pachanga hueca», sino el regocijo y la gratitud por el nacimiento de nuestro Redentor.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>¿Alegría por el asesinato de los niños? </strong></span></p>
<p>Paradójicamente, mientras muchos podríamos decir que nos alegramos por el nacimiento de un Niño, <strong>en el mundo se asesina a millones de niños</strong>: ¡qué gran hipocresía sería el quedarnos como meros espectadores o, peor aún, apoyar esta situación! Mientras estos días nos invitan a contemplar cómo la Virgen María amó a su Hijo aun antes de la concepción, en muchos pueblos <strong>se convence a las madres de que sus hijos son amenazas de las que «tienen derecho» a deshacerse</strong>, y para aprobar esto se han creado «leyes bastardas». La Navidad nos expone también el ejemplo de José, el padre adoptivo de Jesús. Haciendo gala de su virilidad, este varón justo protegió con su vida al Hijo de Dios y de María porque el Padre eterno así se lo pidió; lo crió, lo educó, lo acompañó durante su niñez y juventud y lo dio al mundo ya capacitado para el cumplimiento definitivo de su misión. ¿Dónde quedará la virilidad de los papás que no hacen nada por evitar el asesinato de sus hijos? <strong>¿O es que sólo se es hombre para el disfrute del placer?</strong> ¿Y la responsabilidad del esposo? ¿Dónde queda la capacidad viril de proteger, de velar por el bien de los hijos hasta que estos puedan valerse por sí mismos? ¿Es que esto será la «gran alegría» de la humanidad?</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>«La naturaleza no perdona»</strong></span></p>
<p>La ley natural es clara: <strong>ningún animal se practica un aborto deliberadamente</strong>. ¿Por qué habría de hacerlo la especie superior? Las ideologías ateas del siglo XX, principalmente el marxismo materialista, enseñaron al hombre contemporáneo a reírse de la ley natural. Nuestros abuelitos, <em>«con menos ‘letras’ y más ‘sesos’»</em>, supieron y nos enseñaron que <em>«la naturaleza no perdona nunca».</em> Muchos proclaman que esa ley natural ni siquiera existe, y bajo esa bandera quieren lucrar con la vida humana, pero los pueblos que contemplan indiferentes cómo se mata a sus hijos, pagan ya, con creces, las consecuencias de tanta maldad.</p>
<p>*<strong>Lilián Carapia Cruz</strong> es licenciada en Filosofía y religiosa del Instituto de <a href="http://www.cybersepa.org.mx/msp/ihmsp.html" target="_blank">Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra</a>, en México. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/lilian-carapia/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4390/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4390/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4390&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Oración: buscando profundidad</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/12/10/oracion-buscando-profundidad/</link>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 07:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Ronald Rolheiser* En nuestros momentos de mayor reflexión sentimos la importancia de la oración; sin embargo, tenemos que luchar para orar. No nos resulta nada fácil una oración sostenida y profunda. ¿Por qué? En primer lugar, luchamos por reservar un tiempo para la oración. La oración no lleva a cabo nada práctico para nosotros; es [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4407&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ronald Rolheiser*</em></p>
<p><img class="alignleft  wp-image-4408" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/praying-hands.jpg?w=98&#038;h=129" alt="" width="98" height="129" />En nuestros momentos de mayor reflexión <strong>sentimos la importancia de la oración</strong>; <strong>sin embargo,</strong> <strong>tenemos que luchar para orar.</strong> No nos resulta nada fácil una oración sostenida y profunda. ¿Por qué?</p>
<p>En primer lugar<strong>,</strong> <strong>luchamos por reservar un tiempo para la oración</strong>. La oración no lleva a cabo nada práctico para nosotros; es una pérdida de tiempo desde el punto de vista de tener que ocuparnos de las presiones y tareas de la vida diaria, y por eso titubeamos en el momento de ir allá, a la cita de la oración. Junto con esto<strong>,</strong> <strong>nos resulta difícil confiar en que la oración realmente obre</strong> y produzca algo real en nuestras vidas. Además<strong>,</strong> nos vemos <strong>luchando para concentrarnos</strong> cuando intentamos orar. Una vez nos hemos instalado o asentado para orar, enseguida nos sentimos agobiados por ensueños, conversaciones inacabadas, melodías medio olvidadas, sinsabores, agendas; y las tareas inminentes que nos esperan tan pronto como nos levantemos de nuestro lugar de oración. Finalmente<strong>,</strong> nos vemos luchando para orar porque <strong>realmente no sabemos cómo orar.</strong> Quizás estemos familiarizados con varias formas de oración, desde rezos devocionales hasta diferentes tipos de meditación, pero generalmente nos falta confianza para creer que nuestro propio modo particular de orar, aun con todas sus distracciones y pasos en falso, es oración en el sentido más profundo.<span id="more-4407"></span></p>
<p>Una de las fuentes a donde <strong>podemos recurrir en busca de ayuda es al evangelio de Lucas. </strong>El suyo es el evangelio de la oración, mucho más que cualquiera de los otros evangelios. En el evangelio de Lucas encontramos más <strong>descripciones de Jesús orando</strong> que en todos los demás evangelios combinados. Lucas nos da vislumbres de Jesús orando casi en todo tipo de situaciones: Ora cuando rebosa de alegría, ora cuando agoniza, ora rodeado de otros y ora cuando se encuentra solo por la noche, apartado de todo contacto humano. Ora en lo alto de la montaña, lugar sagrado; y ora en la llanura, donde se desarrolla la vida ordinaria. En el evangelio de Lucas, <strong>Jesús ora una barbaridad.</strong></p>
<p><strong>Y sus discípulos no pierden esa lección.</strong> Tienen la sensación de que la verdadera profundidad y el auténtico poder de Jesús proceden de su oración. Los discípulos saben que lo que le convierte a Jesús en un ser tan especial, tan diferente de cualquier otro personaje religioso, es que está conectado, a un cierto nivel profundo, a un poder de fuera de este mundo. <strong>Y desean esto para sí mismos.</strong> Por eso se acercan a Jesús para pedirle: <em>“¡Señor, enséñanos a orar!” </em></p>
<p>Pero tenemos que tener cuidado para no malinterpretar lo que constituía su atracción y lo que pedían cuando pedían a Jesús que les enseñara a orar. Tenían la sensación de que lo que Jesús sacaba de la profundidad de su oración no era, en primer lugar, su poder de realizar milagros o de silenciar a sus enemigos con un cierto tipo de inteligencia superior. <strong>Lo que les impresionaba,</strong> y lo que ellos querían también para sus vidas, <strong>era la profundidad y la bondad de su alma.</strong></p>
<p><strong>El poder que admiraban y querían para sí era</strong> el poder de Jesús para amar y perdonar a sus enemigos, en vez de avergonzarlos y aplastarlos. Lo que querían para sí era el poder de Jesús de transformar un lugar, no por medio de una acción milagrosa, sino por la inocencia cautivadora y por la vulnerabilidad agradable que, como la presencia de un bebé, mantiene a todos controlando con esmero su conducta y su lenguaje. <strong>Lo que querían para sí era</strong> su poder para renunciar a la propia vida en auto-sacrificio, aun reteniendo la envidiable capacidad de gozar, sin culpabilidad, de los placeres de la vida. <strong>Lo que querían era</strong> el poder de Jesús para ser generoso y tener corazón grande, para amar más allá de la propia tribu, y para mar del mismo modo a ricos y pobres, para vivir dentro de la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, el aguante ante el sufrimiento, la fidelidad, la mansedumbre y la castidad… todo ello, a pesar de todo, dentro del ambiente mundano que milita contra estas virtudes. <strong>Lo que ellos querían para sí era</strong> la profundidad y la bondad de alma de Jesús.</p>
<p>Y los discípulos reconocían que este poder no procedía de dentro de sí mismo, sino <strong>de una fuente fuera de él.</strong> Se percataban de que él se conectaba a una fuente profunda <strong>por medio de la oración,</strong> por medio de elevar constantemente a Dios lo que tenía en su mente y en su corazón. Ellos percibían eso claramente y querían también esa conexión profunda para sí mismos. Por eso suplicaron a Jesús que les enseñara a orar.</p>
<p>En última instancia, <strong>también nosotros queremos la profundidad y la bondad de Jesús en nuestras vidas.</strong> Como los discípulos de Jesús sabemos también que <strong>solamente podemos conseguir esto por medio de la oración,</strong> teniendo acceso a un poder que se sitúa dentro del hondón más profundo de nuestras almas y más allá de las mismas. Sabemos también que el itinerario para lograr esa profundidad consiste en aventurarnos hacia adentro, en silencio, a través del dolor y de la quietud, del caos y de la paz, que llegan a nosotros cuando nos apaciguamos para orar.</p>
<p>En nuestros momentos de mayor reflexión y en nuestros momentos de mayor desesperación, <strong>sentimos la necesidad de orar;</strong> e intentamos dirigirnos a ese hondón profundo. Pero, dada nuestra falta de confianza y nuestra falta de práctica, tenemos que esforzarnos y luchar por llegar allá. No sabemos cómo orar o cómo mantenernos en oración.</p>
<p>Pero en esto <strong>estamos bien acompañados; </strong>nos acompañan nada menos que por los discípulos de Jesús. Bueno, un buen comienzo es reconocer lo que necesitamos y dónde se encuentra para lograrlo. <strong>Tenemos que comenzar</strong> con una súplica, la misma de los discípulos: <strong><em>¡Señor, enséñanos a orar!</em></strong></p>
<p>(Fuente: <a href="http://www.ciudadredonda.org/articulo/oracion-buscando-profundidad" target="_blank">Ciudad Redonda</a>, 05/12/2011)</p>
<p>* <strong>Ronald Rolheiser</strong> es sacerdote, de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Estados Unidos.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4407/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4407/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4407&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>¿“Echas una mano” a Dios, o piensas que Él tiene que solucionarlo todo?</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/12/06/echas-una-mano-a-dios-o-piensas-que-el-tiene-que-solucionarlo-todo/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 16:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[María Isabel Montiel]]></category>
		<category><![CDATA[Religión y Pensamiento]]></category>

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		<description><![CDATA[María Isabel Montiel* En nuestra oración del Credo, afirmamos creer en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Evidentemente, sentimos a Dios como un padre que nos ama incondicionalmente, aunque nosotros fuéramos indignos de ser amados. Y a la vez, esperamos que con su omnipotencia, elimine el mal y resuelva todos los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4398&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>María Isabel Montiel*</em></p>
<p><img class="alignleft  wp-image-4399" style="margin-left:0;margin-right:1px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/dios-escucha.jpg?w=104&#038;h=124" alt="" width="104" height="124" />En nuestra oración del Credo, afirmamos creer en <strong>Dios Padre todopoderoso</strong>, creador del cielo y de la tierra. Evidentemente, sentimos a Dios como un padre que <strong>nos ama incondicionalmente</strong>, aunque nosotros fuéramos indignos de ser amados. Y a la vez, <strong>esperamos que con su omnipotencia, elimine el mal</strong> y resuelva todos los problemas del mundo.</p>
<p>Pero cuando nos enfrentamos al sufrimiento, la injusticia, la muerte&#8230; nos preguntamos: <strong>¿verdaderamente Dios interviene en la historia?</strong> Una duda razonable al vernos impotentes, y que no responde a los ruegos, o que no se manifiesta como esperamos.<span id="more-4398"></span></p>
<p>Y la respuesta es no. <strong>No interviene como quisiéramos, supliendo las carencias del hombre</strong>. Dios ha querido luchar contra el mal a través de nosotros. Ha puesto la inteligencia para que podamos conocer las leyes físicas y luchar por el mal físico. Y nos ha redimido para que venzamos el mal moral.</p>
<p>El <strong>mal físico es una consecuencia de nuestra finitud</strong> (enfermedades, catástrofes&#8230;), y el <strong>mal moral es el resultado del abuso que hacemos de nuestra libertad</strong> (guerras, injusticias&#8230;). No es Dios quién envía ningún mal. Por tanto, vayamos desechando la idea que, incluso algunos pastores de la Iglesia han extendido, de que Dios hace sufrir a los que ama&#8230; O ese dicho popular que asegura, que “Dios aprieta pero no ahoga”. <strong>Dios salva, da fuerza, pero nunca ahoga</strong>.</p>
<p>Dios deja que la naturaleza siga su curso, y respeta nuestra libertad, aunque a veces ésta conduzca al mal. Pero, sin duda, sufre por ello, pues padece junto al ser humano (com-pasión) sabiendo que <strong>no puede eliminar el mal de repente sin anular al hombre</strong>. El Señor actúa en los seres humanos y en la creación por medio del Espíritu Santo, respetando siempre la autonomía de la creación y de sus leyes, y nuestra libertad. No podemos imaginar la providencia de Dios como la acción de alguien que mueve los hilos de sus marionetas. <strong>Lo que Dios mueve son seres humanos</strong>. Nos estimula a asumir nuestra vida y nuestra responsabilidad. Nos hizo libres, pero desea que seamos colaboradores e interlocutores suyos.</p>
<p>Cuando rezamos pidiéndole algo, esa oración no “arranca” nada a Dios, sino que al conectar con Él, se ponen en marcha nuestras energías para lograr lo que pedíamos. Desgraciadamente, <strong>el mal existe</strong>, y su existencia <strong>es un misterio que supera nuestra capacidad de entendimiento</strong>, pero debemos fiarnos de Dios. No podemos considerarle injusto por no actuar en ciertas situaciones de dolor, auque no lo comprendamos. Nos faltan demasiados datos para juzgar su conducta, así como nos faltan para encontrar sentido a algunas circunstancias que vivimos y nos desbordan. Aunque a veces sólo percibamos “silencio” de parte de Dios, <strong>estamos en sus manos</strong>: sólo nos queda confiar. A veces el silencio de Dios puede ser una llamada.</p>
<p>En lugar de preguntarle a Dios «¿por qué tantas desgracias?», podríamos preguntarnos: <strong>¿cuál es mi parte de responsabilidad </strong>en alguna de esas situaciones, y cómo puedo modificarlas? Dios quiere que contemos con su ayuda y así podamos transformar la tierra, sobre todo el sufrimiento y las injusticias. El bien aparece como fruto de la colaboración entre el hombre y Dios, en planos distintos, claro.</p>
<p>En cualquier caso, <strong>Dios no podría crear seres humanos totalmente libres del sufrimiento</strong>, porque el hombre no puede dejar de ser finito. A pesar de que Dios no quiere el mal, lo permite, porque sabe que es una consecuencia de nuestra finitud y de la libertad que Él mismo nos ha dado.</p>
<p>Ante todas estas evidencias, cabe la tentación de pensar: <strong>¿entonces, para qué sirve Dios?</strong> ¿Qué puedo esperar de Él? Pero&#8230; ¿preguntamos a la persona amada lo que vamos a obtener de ella? Eso no sería amor. La amamos por ella misma, no por sus cosas. Así deberá ser con Dios.</p>
<p>El <strong>amor de Dios para con los hombres es un amor hecho de estímulo, pero también de exigencia</strong>. Dios puede expresarme su amor provocándome, actuando en mi interior. Ahí en lo profundo, encontraré una energía que me potencia, un espíritu que me estimula, un amor que me quiere tal como soy pero que me anima a ser mejor.</p>
<p><strong>No esperemos a que Dios resuelva lo que nos compete a nosotros</strong>. Correspondamos a su amor generosamente y pidámosle, eso sí, la fuerza y la gracia para hacer un mundo mejor y lograr que su Reino se instale entre nosotros.</p>
<p>* <strong>María Isabel Montiel</strong> es <a href="http://www.cooperadores.org/" target="_blank">Salesiana Cooperadora</a> y profesora de Educación Primaria en Guadalajara. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/maria-isabel-montiel/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4398/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4398/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4398&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Jóvenes que buscan algo más que doctrinas</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/12/03/jovenes-que-buscan-algo-mas-que-doctrinas/</link>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 06:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación y Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan Rubio* Se sucederán en estos días, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, las vigilias de jóvenes. Ya es algo tradicional en pequeñas parroquias y en grandes catedrales. ¡Una ocasión para estar con los jóvenes, para hablar de ellos y para hablar con ellos! No sé si vale de algo tanto llevar y traer [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4374&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Juan Rubio*</em></p>
<p><img class="alignleft  wp-image-4375" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/12/jovenes-con-la-cruz.jpg?w=129&#038;h=94" alt="" width="129" height="94" />Se sucederán en estos días, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, las vigilias de jóvenes. Ya es algo tradicional en pequeñas parroquias y en grandes catedrales. ¡Una ocasión para estar con los jóvenes, para hablar de ellos y para hablar con ellos! No sé si vale de algo tanto llevar y traer a los jóvenes de excursión, pero bueno, <strong>no está mal que, al menos una vez al año, los chicos y chicas estén presentes</strong> más allá de nuestras oraciones y sin olvidar que hay muchos más que, como dice el Evangelio, “no son de este redil y a esos también hay que invitarlos y proponerles”.</p>
<p>Los jóvenes ocupan y preocupan a sus pastores. Jóvenes, o mejor dicho, adolescentes, la mayoría de los que acuden, porque mirándolo bien, cada vez estos eventos se llenan de adolescentes más que de jóvenes. <strong>Se les hablará mucho, aunque se les debiera escuchar más</strong>. Ya lo decía san Agustín: “Hay que hablarles menos de Dios y más a Dios sobre ellos”. Ofrecerles simplemente doctrinas, y algunas bien alejadas, conduce a poco.<span id="more-4374"></span></p>
<p><strong>Grima da escuchar algunas cosas que se dicen en retiros y convivencias</strong> creando una masa juvenil guerrera. Tengo un manojo de anécdotas que, de contarlas, les haría saltar del butacón en donde amablemente, tal vez, lean esta crónica. Y esto de impartir doctrina y subirnos a la piedra del campamento con el silbato en la boca se nos da muy bien…</p>
<p>Pero las cosas han cambiado y no son como cuando éramos jóvenes y, con una guitarra, una camiseta de Camilo Torres y unos versos de Neruda, solucionábamos un campamento de verano. No, no, no. La cosa es muy, pero que muy distinta, y <strong>los focos de interés de los jóvenes están mucho más lejos de donde creemos</strong>. Los juzgamos desde nuestra nostálgica juventud, y así nos va.</p>
<p>En la pasada Asamblea Plenaria estuvieron en el centro de su interés. Hablaron de ellos, recordaron los días felices del verano de la JMJ, trajeron al hemiciclo la alegría de los Días en las Diócesis y todo eran palabras y parabienes y un plan pastoral en lontananza. No sé cómo habrán participado los jóvenes en ese plan. <strong>Dudo que se les haya preguntado</strong>, a no ser que hayan rellenado algún formulario un manojo de jóvenes muy marcados y muy en la órbita de lo que se quiere decir. Se ha propuesto un gran congreso y se les ha dicho que se les quiere.</p>
<p>Mientras tanto, los jóvenes siguen sin entender nuestro lenguaje y propuestas, realizadas al margen de ellos, y muchos han entrado en una espantosa vorágine religiosa militante que da miedo pensar en cómo acabará. <strong>En España todo lo arreglamos con congresos, pero eso sí, si son organizados por nosotros</strong>. Lo contrario no vale. Cuando venga el Señor en su Gloria no nos va a encontrar unidos, sino reunidos en algún congreso.</p>
<p>Habrá que analizar el lenguaje apocalíptico que usamos, las acusaciones larvadas que cada día hacemos de los jóvenes como nihilistas, relativistas, hedonistas y malvados a los que hay que redimir. Hora es de que se les reconozca su nervio juvenil y su mirada limpia y que los dejemos de tanta acusación para, simplemente, acompañarlos serenamente en el camino de la vida. No sé qué pensarán de sus hijos muchos padres que solo escuchan de la Iglesia una radiografía tan tétrica que les llevará a decir: <strong>“¿Pero realmente mis hijos son tan malos y están tan vacíos?”</strong>.</p>
<p>(Fuente: <a href="http://www.vidanueva.es/2011/12/01/jovenes-que-buscan-algo-mas-que-doctrinas-juan-rubio/" target="_blank">revista Vida Nueva nº 2779</a>, 02/12/2011)</p>
<p>* <strong>Juan Rubio</strong> es sacerdote y director de la revista Vida Nueva</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4374/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4374/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4374&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Justicia, no caridad</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/11/14/justicia-no-caridad/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Nov 2011 16:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sal de tu mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Solidaridad]]></category>

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		<description><![CDATA[Chema Caballero Dice Dambisa Moyo que “no ha habido nunca un país en el mundo que haya alcanzado un crecimiento constante y haya reducido la pobreza de manera significativa con las herramientas de la ayuda internacional externa. Simplemente, no ha ocurrido jamás. Por eso, seguimos impulsando una estrategia sin muestras evidentes de haber funcionado en [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4363&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Chema Caballero</em></p>
<p><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/11/14/justicia-no-caridad/"><img class="alignleft  wp-image-4364" style="margin-left:0;margin-right:2px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/11/africa_justicia.jpg?w=86&#038;h=102" alt="" width="86" height="102" /></a>Dice Dambisa Moyo que “<strong>no ha habido nunca un país</strong> en el mundo que haya alcanzado un crecimiento constante y haya <strong>reducido la pobreza</strong> de manera significativa <strong>con las herramientas de la ayuda internacional externa</strong>. Simplemente, no ha ocurrido jamás. Por eso, seguimos impulsando una estrategia sin muestras evidentes de haber funcionado en alguna parte del mundo. Y lo que sí tenemos son años que prueban que la estrategia de ayuda no funciona” (<a href="www.africafundacion.org/spip.php?article4204" target="_blank">ver fuente</a>). En los últimos años, esta economista, nacida en Zambia y doctorada en Harvard, se ha hecho un nombre poniendo en entredicho la ayuda internacional que recibe África.<span id="more-4363"></span></p>
<p>Bajo el epígrafe de “ayuda internacional” o “<strong>ayuda al desarrollo</strong>”, normalmente, se engloba todo el dinero u otros medios tanto económicos, técnicos o militares proporcionados por un país a otro con el propósito de ayuda y reconstrucción, de rehabilitación económica o para la defensa mutua. Esta es una definición clásica y muy discutible porque también engloba la ayuda militar o policial (como es el caso de la externalización de las fronteras), que no olvidemos, muchas veces pasan como ayuda al desarrollo. Pero a mí me gusta utilizarla porque pone de manifiesto que <strong>con “ayuda internacional” nos referimos a todo un conjunto de intereses que, en algunos casos, poco tienen que ver con aliviar la pobreza o favorecer el desarrollo</strong> de los pueblos. También ilumina la realidad de que muchas veces esa ayuda no alcanza a los más necesitados.</p>
<p>Todo lo que pienso sobre este tema lo expongo en mi libro <em>“Los hombres leopardo se están extinguiendo”</em> (PPC), así que aquí solo comento el núcleo de mi reflexión. Lo primero que siempre me gusta aclarar es que <strong>no critico ni a los cooperantes ni a las ONG</strong> (que creo están desarrollando un papel imprescindible sobre el terreno), <strong>sino al sistema de ayuda al desarrollo</strong>. El modelo vigente en la actualidad, es utilizado por los países occidentales para mantener a África donde está, para que no cambie nada y, así, seguir garantizando el acceso de gobiernos y compañías del Primer mundo a las materias primas que atesora el continente.</p>
<p><strong>Occidente necesita los recursos naturales</strong> (coltan, hierro, uranio, petróleo, bauxita, oro, diamantes, pesca, madera, mano de obra barata…) que le permitan mantener su nivel de vida y <strong>para conseguirlos suele servirse</strong>, principalmente, <strong>de dos medios</strong>. El primero implica el uso de la violencia y se fundamenta en provocar <strong>guerras y revoluciones</strong> (como sucedió en Sierra Leona y ocurre en la actualidad el de la República Democrática del Congo) o<strong> intervenir directamente bajo la bandera de la ayuda humanitaria</strong> (caso de Costa de Marfil o Libia). El segundo es más pacífico y consiste en asegurarse gobiernos amigos que le permitan saquear las materias primas; para ello utiliza la ayuda internacional: proyectos de desarrollo que muchas veces no llegan a los beneficiarios (y se cierran los ojos, interesadamente, ante ello), imposición de sistemas económicos y de gobierno que favorecen el control del país por parte de las potencias extranjeras…</p>
<p><strong>Las ONG se encuentran atrapadas en medio</strong> de este entramado. Su auge y desarrollo, a partir de los años 80 del siglo pasado, coincide con la expansión del neoliberalismo económico y político en el mundo. <strong>Los propios gobiernos y multinacionales que crean pobreza</strong>, migración, desempleo, frustración de gran parte de la juventud, violación de los Derechos Humanos, degradación del medio ambiente, violencia…, han financiado, y <strong>financian, a muchas de ellas, para mitigar los desaguisados</strong> que causan sus políticas en el Sur.</p>
<p>Todos los que trabajamos sobre el terreno, más de una vez nos hemos sorprendido, a nosotros mismos, justificando nuestra intervención con el que podríamos llamar el “<strong>síndrome de Robin Hood</strong>”, esto es, tomar de los ricos para ayudar a los pobres. <strong>Recibir dinero de los que crean las situaciones</strong> en las que viven millones de mujeres y hombres en África, <strong>para ayudarlos a salir de ese estado</strong>. Evidentemente, nada se logra con este método.</p>
<p>Además, esta <strong>convivencia con los verdugos ha hecho que la mayoría de las ONG pierdan su capacidad de crítica y denuncia</strong>, porque nadie muerde la mano que le da de comer. Así, poco a poco, inconscientemente, guiadas por la buena voluntad de querer ayudar a los que más lo necesitan, se han ido convirtiendo en parte imprescindible del engranaje diseñado para someter y oprimir a África. Para lo cual, han tenido que traicionar muchos de sus principios y <strong>mirar hacia otro lado al toparse con las injusticias patrocinadas</strong>, en la mayoría de los casos, por sus propios donantes.</p>
<p>Pero, la práctica totalidad de las ONG son cada día más conscientes de que <strong>hay que cambiar el sistema</strong> y, hace años que han empezado a trabajar desde abajo, con las personas del lugar, escuchando sus necesidades y sus deseos y optimizando los recursos que ya existen sobre el terreno.</p>
<p>Todavía queda mucho camino por recorrer. Las ONG tienen que <strong>pensar menos en su supervivencia y en la preservación de sus privilegios y más en las necesidades reales de las gentes con las que trabajan, aunque ello suponga renunciar a muchas ayudas y subvenciones</strong>. La buena voluntad, por sí sola, no basta, hay que implicarse, de forma activa, en el cambio de las estructuras, tanto internas como externas, que oprimen y esclavizan al continente africano.</p>
<p>Pienso que eso sería lo mejor que le podría ocurrir a África, ya que <strong>tanta ayuda recibida la ha convertido en un continente dependiente</strong>. Hoy día, <strong>África necesita justicia, no caridad</strong>. Para ello, es necesario que las ONG recuperen, plenamente, su capacidad de denuncia y se conviertan en plataformas desde las cuales los propios africanos puedan hacer oír su voz y reclamar lo que, por justicia, les corresponde.</p>
<p>No serán los 50 mil millones de dólares que África recibe cada año, como ayuda al desarrollo, lo que la saque de su situación actual, sino el establecimiento de un orden mundial más justo para todos, en el cual, <strong>los propios africanos, y no los que venimos de fuera, decidan qué papel quieren jugar</strong>.</p>
<p>(Fuente: <a href="http://mundonegro.com/?q=content/justicia-no-caridad" target="_blank">Mundo Negro Digital</a>, 01/09/2011)</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4363/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4363/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4363&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Lo que te dirían tus muertos</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/11/02/lo-que-te-dirian-tus-muertos/</link>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 23:01:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jairo del Agua]]></category>

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		<description><![CDATA[Conmemoración de los Fieles Difuntos. Jairo del Agua* ¿Podemos hacer algo por los difuntos? ¿Ellos pueden hacer algo por nosotros? He ahí otro tema de urgente profundización y purificación. Deberíamos empezar por convencernos de que la muerte, para los cristianos, es una liberación, una meta, una pascua: el paso a la tierra prometida. NO un [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4355&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Conmemoración de los Fieles Difuntos. Jairo del Agua*</em></p>
<p><strong><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/11/02/lo-que-te-dirian-tus-muertos"><img class="alignleft  wp-image-4358" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/11/cementerio.jpg?w=74&#038;h=111" alt="" width="74" height="111" /></a>¿Podemos hacer algo por los difuntos?</strong> <strong>¿Ellos pueden hacer algo por nosotros?</strong> He ahí otro tema de urgente profundización y purificación.</p>
<p>Deberíamos empezar por convencernos de que <strong>la muerte, para los cristianos, es una liberación, una meta, una pascua</strong>: el paso a la tierra prometida. NO un motivo de tristeza y, menos aún, de penitencia reparadora.</p>
<p>Puede que haya tristeza y llanto por la separación humana, por el dolor sensible, por la tragedia a veces. Pero todo eso debería estar arropado y consolado por la fe (segura confianza) en la felicidad eterna. <strong>Los que mueren, mueren para vivir</strong>. No sabemos el camino que aún tendrán que recorrer, pero estamos ciertos -al menos yo lo estoy- de que pasaron definitivamente a la orilla de la Vida.<span id="more-4355"></span></p>
<p>Por tanto los signos y oraciones deberían ser de esperanza, de alegría por la etapa superada (en la forma posible a cada cual), por el desembarco en los brazos del Padre. En los símbolos litúrgicos debería dominar el blanco y no el morado penitencial que ya no tiene sentido.</p>
<p><strong>Lo primero que podemos hacer por nosotros y por nuestros difuntos es <em>&#8220;aceptar&#8221;</em> su descanso en la paz</strong>. Ya entraron en la, para nosotros, inalcanzable eternidad. No puedes hacer nada por ellos, como no puedes operarte de apendicitis por el que entró en el quirófano o como no puedes examinarte por tus hijos.</p>
<p>Esas <em>&#8220;ánimas&#8221;</em> por las que te preocupas tendrán que hacer, ellas solitas, su propia rehabilitación y su vuelta al Padre para poder ver su rostro. Nada puedes hacer y nada hay que temer porque están caminando bajo el impulso de la Misericordia infinita. Puede, incluso, que ya hayan llegado.</p>
<p><strong>El único y universal remedio, lo que realmente puedes hacer <em>&#8220;aquí y ahora&#8221;</em> es:</strong> <em>&#8220;Vencer el mal con abundancia de bien&#8221;</em> (Rom 12,21) con el impulso y experiencia de los que partieron. Únicamente puedes ensanchar el bien que pugna por inundar tu vida. Te propongo estos tres avances que alegrarán a tus difuntos:</p>
<p><strong>1. Rectificar los malos funcionamientos que heredaste</strong> (parte del pecado original), muy sutiles a veces, porque suelen ser subconscientes y no nos hemos parado a concientizarlos.</p>
<p><strong>2. Perdonar, perdonar de corazón las posibles heridas que te causaron</strong>, hasta que no quede ni rastro de resentimiento. No porque necesiten tu perdón, sino porque ese perdón es la medicina que necesitan tus heridas. Y recuerda: perdonar NO es apretar los dientes y olvidar el dolor de tus heridas. <strong>Perdonar es comprender</strong>. Comprendiendo tu propia fragilidad (conociéndote a ti mismo) entrarás en la comprensión de la limitación de los que te hirieron.</p>
<p><strong>3. Seguir el buen ejemplo que te dejaron</strong>. Es la mejor forma de amar y honrar su memoria. Tiene sentido nombrarles en la santa Misa para sentirnos orando <em>&#8220;con ellos&#8221;</em>, pero NO <em>&#8220;por ellos&#8221;</em>, para seguir sintiendo su aliento y ejemplo de vida, para concientizar que pertenecen a tu misma Iglesia y siguen viviendo en ella.</p>
<p><strong>Amar es admirar y admirar nos lleva a imitar lo que admiramos</strong>. Si admiramos (amamos), es que esa persona nos atrae. Si nos atrae, es porque ya tenemos en nosotros algo de eso que admiramos. La <em>&#8220;presencia interior&#8221;</em> de tus difuntos (más que su recuerdo cerebral) estimulará eso que pugna por crecer en ti. Esa sería la gran finalidad de honrar a los muertos. <strong>¿Qué admiraste y qué sigues amando en tus difuntos?</strong> Si no hay amor, solo queda sensiblería u obligación mental o rutina externa. Nada de su <em>&#8220;vida&#8221;</em> te ha quedado, solo recuerdos muertos.</p>
<p><strong>Si lo que te queda es amor, es un disparate hacer cambalaches con el Cura o con Dios</strong>. Tus difuntos no necesitan estipendios. Ya han desembarcado en las manos del Padre. Dedica tus dineros a los pobres vivos o a las necesidades de la Iglesia caminante. Los que ya pasaron no lo necesitan.</p>
<p>Lo que ellos desean -con toda seguridad- es que <strong>aproveches bien su buen ejemplo</strong> y <strong>rectifiques sus errores</strong>, que sigas tu camino y despliegues todos tus dones. ¡Eso será para ellos aire fresco! ¡Eso es lo urgente, realista y espiritualmente eficaz! Lo otro, los negocios espirituales y el <em>&#8220;dios negociador&#8221;</em>, son pura idolatría. Si lo dudas, relee el final de la <em>&#8220;parábola del pobre Lázaro&#8221;</em>: <em>&#8220;Por favor manda a Lázaro a mi casa porque tengo cinco hermanos: que los prevenga… Pero si un muerto fuera a verlos, se enmendarían…&#8221;</em> (Lc 16,27).</p>
<p><strong>Otra cosa es que necesites apoyar el dolor de la ausencia en la ternura del Padre</strong>. Hazlo sin reservas. Puede, incluso, que sea un consuelo para ti poner a tus difuntos en la mesa del altar y oír sus nombres. Puede que eso te recuerde su buen ejemplo. Hazlo si es positivo para ti.</p>
<p>Pero no olvides que la Eucaristía (acción de gracias) es totalmente gratuita, es puro don del Señor, <strong>invitación a imitarle</strong>: <em>&#8220;Haced esto en memoria mía&#8221;</em> (Lc 22,19). No hay culpas que pagar, ni sacrificios purificadores, ni méritos que aplicar para sacar a los muertos del <em>&#8220;fuego&#8221;</em>. Lo que intentamos vivir, bajo el signo de una <em>&#8220;comida fraterna&#8221;</em>, es <strong>la vivificante presencia y ejemplo del Señor</strong>: amor, unión, paz, alegría… y motivación mutua para caminar hacia los brazos del Padre. Y <strong>el ejemplo</strong> de los que le siguieron antes que nosotros (nuestros santos y difuntos).</p>
<p>¿Todavía crees en el <em>&#8220;avaro ídolo&#8221;</em> que se queda con tu hambre o tu dinero para <em>&#8220;compensar&#8221;</em> las culpas de tus muertos? ¿Acaso no descubriste al Dios de los cristianos, todo perdón, todo misericordia, todo atracción, todo gratuidad? Repítelo muchas veces en tu interior: <strong>¡El Dios verdadero es infinita Gratuidad!</strong> Solo tu cerrazón y alejamiento podrán privarte de su abundancia derramada.</p>
<p><strong>Procura saltar sobre las esperpénticas fórmulas canónicas: <em>&#8220;acuérdate…&#8221;</em> o <em>&#8220;recuerda…&#8221;</em></strong>. ¿Pero a qué <em>&#8220;desmemoriado ídolo&#8221;</em> rezamos? ¿Acaso has olvidado tú a tus difuntos? ¿Cómo puede haberlos olvidado su Padre? ¿No se sentiría ofendida una madre terrícola a la que suplicases: acuérdate de tu hijo fallecido? ¿Cómo podemos pronunciar esas necedades? <em>&#8220;Guías ciegos…&#8221;</em> (Mt 23,16).</p>
<p>Si alguien, desde fuera, observase nuestros rezos oficiales, tendría que concluir que oramos a un <em>&#8220;dios con alzhéimer&#8221;</em>, al que hay que repetir y repetir que no olvide. No hemos leído la Escritura -parece que la Jerarquía tampoco- y <strong>no creemos en el Dios verdadero que jamás olvida a sus hijos:</strong> <em>&#8220;Estoy a la puerta y llamo&#8230;&#8221;</em><em> </em>(Ap 3,20). <em>&#8220;¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!&#8221;</em> (Is 49,15). <em>&#8220;En la palma de mis manos te llevo tatuado&#8221;</em> (Is 49,16). No sigo para no cansarte. Pero sigue tú leyendo, por ejemplo, <em>&#8220;El Cantar de los Cantares&#8221;</em>&#8230;</p>
<p><strong>Me gusta imaginar a nuestros muertos eclosionando bajo la arena como tortuguitas marinas</strong>. Unos llegarán más crecidos y otros menos. Unos saldrán muy cerca del agua y otros muy lejos. Pero todos, absolutamente todos, tras la carrera de la última purificación por la arena, se sumergirán en la Inmensidad y encontrarán, por fin, su destino.</p>
<p>Unos lo habrán intuido y gozado ya en esta vida. Para otros será una sorpresa verse liberados de inconsciencias, errores, oscuridades y rebeldías. Se encontrarán con el Padre que negaron o ignoraron y empezarán a comprender… Tal vez todo eso requiera el esfuerzo que no hicieron en vida, la rehabilitación necesaria para ser capaces de <em>&#8220;ver&#8221;</em> lo que no quisieron o pudieron ver. <strong>Pero eso pertenece al misterio y no se nos ha revelado</strong>. Lo que sabemos con certeza es que <em>&#8220;Dios lo será todo en todos&#8221;</em> (1Cor 15,28). Esa es nuestra fe, esa nuestra esperanza, esa la alegría de recordar a nuestros muertos.</p>
<p>Por eso, cuando pongas a tus seres queridos sobre el altar, piensa que ya caminan o han llegado a la Luz, sin posible retorno. <strong>Nada cambiará con tus rezos, ni el difunto, ni el Dios de la Misericordia</strong> que se derrama permanentemente sobre todos: sobre nosotros y sobre ellos.</p>
<p><strong>Lo único que puede cambiar es tu corazón. </strong>Todavía estás en camino y puedes elegir. Todavía puedes cambiar e inundar tu vida de bien y paz, para desembarcar más cerca de la Felicidad cuando eclosiones en la ribera del Mar. <strong>Tu cambio, tu elección del bien, repercute en la Iglesia universal</strong>. Eso te están gritando desde el otro lado -estoy seguro- los que te quieren. Tu propio progreso no te costará un céntimo, solo algún esfuerzo. Pero merece la pena, ya lo verás. ¡Y cómo alegrarás a los que te esperan!</p>
<p>* <strong>Jairo del Agua</strong> es laico y padre de familia. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/jairo-del-agua/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<p><strong>Artículos relacionados</strong>:</p>
<ul>
<li><a href="http://revistafast.wordpress.com/2009/11/02/divino-de-la-vida/" target="_blank"><em>Divino de la vida,</em> por Guzmán Pérez</a> (Revista FAST, 2/11/2009)</li>
</ul>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4355/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4355/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4355&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Que los niños cuiden la disciplina, y ella los cuidará&#8230;</title>
		<link>http://revistafast.wordpress.com/2011/09/25/que-los-ninos-cuiden-la-disciplina-y-ella-los-cuidara/</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 06:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación y Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Lilián Carapia]]></category>

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		<description><![CDATA[Lilián Carapia Cruz* Un educador es una persona que acompaña a otra para enseñarle alguna ciencia, arte, deporte u oficio hasta que ésta última consigue aprenderlo. De ahí que los educadores más idóneos sean los propios padres, pues es de esperarse que ellos sean los compañeros más cercanos y bienintencionados que el niño puede tener. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4338&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Lilián Carapia Cruz*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/09/24/que-los-ninos-cuiden-la-disciplina-y-ella-los-cuidara"><img class="alignleft  wp-image-4343" style="margin-left:0;margin-right:2px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/09/disciplina.gif?w=104&#038;h=155" alt="" width="104" height="155" /></a>Un educador es una persona que acompaña a otra para enseñarle alguna ciencia, arte, deporte u oficio hasta que ésta última consigue aprenderlo. De ahí que los <strong>educadores más idóneos</strong> sean los propios padres, pues es de esperarse que ellos sean los compañeros más cercanos y bienintencionados que el niño puede tener. Como los <strong>padres</strong> quieren la felicidad para su hijo, ellos, como nadie, pueden y deben enseñar al hijo la compleja ciencia de la vida. El papel de educador lo ejercen de modo secundario los otros miembros de la <strong>familia</strong>, los <strong>profesores</strong> y la <strong>Iglesia</strong>, porque también mantendrán relaciones cercanas con el niño.</p>
<p>Pero quien se entrega con esmero a la educación de los niños y los adolescentes sabe que <strong>necesita ser «disciplinado» para ejercer bien este acompañamiento</strong>… ¿Y qué es ser «disciplinado»? Antes de responder, observemos que el buen educador debe dar ejemplo; debe lograr, además, que su pupilo se convierta en una persona <em>autodisciplinada,</em> es decir independiente: una persona que ya no necesita que el educador le diga lo que debe hacer, porque <strong>aprendió a hacerlo por sí solo</strong>, y aprendió muy bien.<span id="more-4338"></span></p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>Cuida el orden…</strong></span></p>
<p>La disciplina es sinónimo de orden. <em>«Cuida el orden, y el orden te cuidará a ti»,</em> decían los antiguos grecorromanos, que por siglos mantuvieron un imperio de solidez y poderosa influencia, cuyos frutos disfrutamos aún hoy por ser la base de la civilización occidental. ¿Y cuando cayó este poderoso imperio? Cuando sus hombres abandonaron la disciplina. <strong>Nada consistente se logra ni se mantiene sin disciplina</strong>. Hay quienes no se disciplinan pero sueñan con tocar algún instrumento musical con maestría; o con ganar una medalla deportiva o alcanzar un título universitario legítimo. Cualquier atleta, músico profesional o profesionista ‒que no consiguieron serlo sino imponiéndose una importante disciplina‒ ¡se reirían de este contrasentido! Y esto mismo debemos trasladarlo a <strong>otros ámbitos, como el cuidado de nuestra vida espiritual</strong>, por ejemplo: no podremos crecer en las virtudes o llevar una vida santa si nos conformamos con vivir soñando en ello…</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>¿Qué es ser «disciplinado»? ¿Qué es la disciplina? </strong></span></p>
<p>A las personas desordenadas les resulta molesta la sola idea de la <strong>«disciplina»</strong> o de «disciplinarse». Quizá esto se deba a que en algunos ambientes ‒como el militar, por ejemplo‒, para garantizar el orden se recurre a los castigos. Las personas que entienden así la disciplina se irritan cuando alguien les pide ser más ordenados, y se mofan con expresiones tales como: <em>« ¡Qué! ¿Quieres militarizarme?» </em>Pero la realidad es que las personas desordenadas no tienen idea de lo que significa la disciplina militar, ¡y no la soportarían ni por una semana&#8230;! De cualquier manera, no es de este tipo de disciplina de lo que hablamos aquí.</p>
<p>En el campo de la educación, la disciplina es la <em><strong>capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien</strong>. </em>Se trata de conseguir el bien, no lo perdamos de vista. Para ilustrarlo, mostraré una de tantas escenas de incivilidad ya muy frecuentes a nuestro alrededor: cierto día, una ancianita quiso limpiar el rostro a una niña, como de seis años, la cual se lo ensució mientras estaba comiéndose un helado. En cuanto la anciana se acercó a la niña, ésta le grito: «¡vieja tonta!», y le sacó la lengua. La anciana, en una pieza, dijo: «Pero, ¡qué niña tan grosera!» Y la madre de la niña la tomó y respondió más bruscamente aún: «¡Mi hija no es grosera, es libre!»</p>
<p>Estas situaciones hacen pensar en la <strong>necesidad de la disciplina</strong>. Porque el respeto a los adultos es una regla básica de civilidad y, al vivirla, nos procuramos el bien los unos a los otros. Si no enseñamos a los niños cosas tales como <strong>hacer esfuerzos «ordenados y perseverantes» para comportarse bien</strong> con los adultos ‒como debió haber sido en el caso antes citado‒, a esos niños se les niega la única posibilidad que existe para adquirir virtudes, formarse un carácter que les garantice el éxito, el auto-control y un comportamiento aceptable… <strong>Si los propios padres llaman libertad a lo que es grosería, vulgaridad, prepotencia</strong> y otros vicios más… están garantizando a sus hijos la infelicidad para sí mismos, y a la sociedad le heredarán un monstruo que la dañará en su momento.</p>
<p>* <strong>Lilián Carapia Cruz</strong> es licenciada en Filosofía y religiosa del Instituto de <a href="http://www.cybersepa.org.mx/msp/ihmsp.html" target="_blank">Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra</a>, en México. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/lilian-carapia/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4338/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4338/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4338&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>¿Por qué no hay vocaciones al sacerdocio en muchas Iglesias?</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 06:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fe y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[José Ignacio Calleja]]></category>

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		<description><![CDATA[José Ignacio Calleja* Uno de los lugares comunes en el diálogo entre católicos tiene que ver con la falta de vocaciones al sacerdocio, dando por hecho que todas son pocas, y, sobre todo, que hay diferencias muy importantes entre unas iglesias locales y otras. El caso “vasco”, donde soy sacerdote, es definitivo. La pregunta inmediata [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4325&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>José Ignacio Calleja*</em></p>
<p><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/09/21/por-que-no-hay-vocaciones-al-sacerdocio-en-muchas-iglesias/"><img class="alignleft  wp-image-4332" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/09/sacerdotes.jpg?w=176&#038;h=117" alt="" width="176" height="117" /></a>Uno de los lugares comunes en el diálogo entre católicos tiene que ver con la <strong><em>falta de vocaciones al sacerdocio</em></strong>, dando por hecho que todas son pocas, y, sobre todo, que hay diferencias muy importantes entre unas iglesias locales y otras. El caso “vasco”, donde soy sacerdote, es definitivo. <em>La pregunta inmediata es <strong>por qué</strong></em>. Pues bien, ésta es la cuestión que escuché hace unos días al final de cierta “conferencia” y que, otro día, viví de primera mano en una conversación “vocacional” a la salida de misa. Escuché una “confesión de intenciones todavía no cuajadas”, estábamos varios, y guardé silencio ante las motivaciones. No era el momento.</p>
<p>La <em>anécdota</em> me ha hecho volver esta tarde sobre aquella conferencia “menor” acerca del cristianismo que nos cabe esperar en un futuro no tan lejano, lo cual me llevó a <strong>considerar <em>modelos comunitarios</em> bastante <em>diversos</em></strong> dentro de <em>un pluralismo inclusivo</em> y, desde luego, <em>inconfortable</em> para todos. En esa ocasión, ofrecí algunas referencias para precisar lo que podemos llamar “<em>un pluralismo católico incluyente</em>”, asegurando una convivencia primero y ante todo, <em>sana</em>, y por supuesto, es nuestra vocación, <em>fraternal</em>. Sin duda una parte destacada del problema es saber de los límites “legítimos” del “pluralismo de comunidades en la Iglesia”, para preservar “la comunión en la fe, la esperanza y la caridad”. No es éste el momento de tratar la cuestión de los límites legítimos del <strong>pluralismo eclesial</strong> y sus pautas. (Desde luego, el uniformismo es pura pereza y miedo a no tener razón, pero no es el momento).<span id="more-4325"></span></p>
<p>En aquel conjunto surgió, como no podía ser menos, la cuestión de los <em>ministerios</em>, y entre éstos, <strong><em>el sacerdocio ordenado y su futuro</em></strong>. Éramos cristianos y nos preocupaba el servicio pastoral a las comunidades del futuro, y por supuesto, la presencia o no de “<em>Presbíteros</em>” en ellas y de qué tipo. Nos inquietaba la coherencia de los <em>modelos</em> de <em>comunidad</em> y de <em>presbíteros</em>, pues es imposible reconfigurar una parte de la relación, las <em>comunidades</em>, sin atender a la otra, el <em>sacerdocio ordenado</em>. Esta dimensión del problema y el futuro, es la más decisiva, pero encierra demasiada carga teológica y pastoral como para que nos atraiga en un primer momento. La mayoría de nosotros tenemos una mirada de corto alcance, <em>eclesiológicamente</em> hablando, y enseguida vamos a niveles muy “<em>superficiales</em>” en lo que nos preocupa y enreda como fieles cristianos. Un <strong>planteamiento más de fondo</strong>, a la mayoría católica le (nos) parece ambigüedad y ganas de complicaciones improductivas. (“<em>Improductivas</em>”, ¡vaya palabra en la evangelización!). Y, así, surgió la cuestión de por qué no había vocaciones al <em>sacerdocio</em> entre nosotros, <em>cristianos del País Vasco</em>, y de otros lugares análogos. (Iba a decir “cristianos y cristianas”, pero, obviamente, no puedo decir “cristianas”, lo cual ya es significativo).</p>
<p>Para responder a esta pregunta, de forma rápida, pues el lugar lo requería, y sin volver a sesudos estudios sobre los procesos de secularización de las sociedades modernas, y la particularidad de sociedades con fuerte lucha “nacionalista” en su seno como <em>sustitutivo identitario</em> de “la <em>religión</em>”…, directamente, <strong>nos planteamos si era verdad o no que otras Iglesias</strong> de la Europa “rica y moderna”, incluida España, desde luego,<strong> tenían muchas vocaciones sacerdotales</strong>, ¡sólo hablábamos de éstas!; de ser así, <strong><em>cómo</em> lo lograban</strong>, y, por fin, si el modelo de “éxito” era parte fundamental del plan que entre nosotros iban a desarrollar los Obispos Iceta y Munilla.</p>
<p>Este planteamiento relativamente “primario y simplificado” en relación a lo que hay en juego en nuestro cristianismo del futuro, presenta <em>crudamente</em> una realidad sobre la quise ofrecer esta respuesta. <strong>No hay tantos seminaristas en tantos sitios como a veces imaginamos</strong>; hay bastantes en algunos lugares muy localizados y donde se concentran los candidatos de procedencias muy variadas. De todos modos, la cuestión no ésta. <strong>La cuestión es que el tipo de seminarista que cuaja en los Seminarios más nutridos</strong>, y que llega al <em>sacerdocio</em>, en su inmensa mayoría estructura su vida bajo pautas <em>religiosas</em> y <em>sociales </em>que reproducen una <em>concepción neoescolástica </em>en cuanto al Credo, la Iglesia, el Sacerdocio y el Mundo. Este es el primer aspecto del problema. Puede decirse de varios modos, pero con éste nos entendemos y no es “injusto” con los hechos.</p>
<p>Sin duda, y profundizando, y por muy respetuosos que seamos unos con otros en la Iglesia, ni siquiera es sólo una cuestión de <em>restauración neoescolástica global</em>, sino que<em>, a mi juicio</em>, y apoyado en las más elementales nociones bíblicas y antropológicas, ese camino <em>recorta descaradamente signos fundamentales del Reinado de Dios</em>. Este es el problema, el de <strong>si la acción salvífica de Dios en Cristo va a seguir la senda de la historia humana, “ya sí-todavía no”, o la devolvemos al templo como lugar sagrado fuera del mundo</strong>, y sus Ministros, como “nuevo resto santo de los elegidos, por supuesto, para servir” y los sacramentos, maravillosas formas de poder religioso “ex opere operato”, por supuesto, para sanar. Eran cristianos “sencillos” mis interlocutores y todos entendieron lo que hay en juego. Y, ¿entonces?</p>
<p>Quise allí, y quiero ahora, ser muy <em>práctico</em> en la respuesta, y apelar a lo que es mi experiencia. Y en este sentido, me pregunto, ¿yo puedo, he podido, decirle a un joven, “mira, por qué no te planteas el sacerdocio como opción de vida”?, ¿yo puedo hacer esto? Sí puedo, pero con dificultades casi insalvables. Me muevo entre jóvenes y adultos cristianos muy abiertos a la “autonomía o mayoría del edad del mundo”, ¡no hablo de excesos relativistas o nihilistas, no; hablo de autonomía relativa a la dignidad humana, y a través de ella, a Dios!, y <strong><em>casi</em> es imposible encontrar</strong> uno que entienda la pregunta “vocacional al sacerdocio” como “opción de vida cristiana”; he dicho “<em>casi</em>”; no ven para qué añadir <em>eso y así</em> a su ser “cristianos”; y cuando alguno me entiende, surge la cuestión del celibato obligatorio, y por más “imaginación” que yo le ponga, me sonríe y no me entiende. Con lo cual no estoy diciendo que el celibato obligatorio, entre las pocas vocaciones que pueden surgir en el círculo de laicos “modernos”, es definitivo para arruinarlas. Estoy diciendo que <strong>si sumamos la dificultad del tipo de Iglesia que ese joven o adulto “moderno” quiere</strong> —¡casi nada que ver con el “<em>empoderamiento</em> <em>eclesiástico”</em> que conocemos!— <strong>al celibato obligatorio que conlleva el sacerdocio, las posibilidades de plantear la vocación sacerdotal a gente cristiana de mi entorno son prácticamente nulas</strong>. <em>Eso y así</em>, no. Y es que piensan, y <em>aciertan</em>, que hay modelos de comunidad cristiana, que van a ser <em>legítimos</em>, cuya atención no va a pasar por un único modelo de presbítero. Esos modelos comunitarios no van a ser <em>únicos</em>, quizá van a ser <em>minoritarios</em> en los próximos cincuenta años, pero van a ser posibles. No van a prohibir todos varios otros modos, y van a estar <em>en la única Iglesia en un pluralismo comunitario inclusivo, legítimo e inconfortable.</em> Lo veo muy claro.</p>
<p>Esto me lleva a preguntar sobre<strong> <em>cómo</em> es que otros logran <em>vocaciones</em> para su forma de ser y ver la Iglesia</strong>. Ya lo he dicho. En las condiciones del presente —y ¡<em>sin desprecio de nadie, pero con sentido crítico hacia todos</em>!— es mucho más fácil una vocación sacerdotal en sectores sociales, <em>culturalmente,</em> “pre- modernos o anti-modernos”, <em>religiosamente</em>, proclives a modos <em>fideístas </em>de entender la fe y el Evangelio, <em>sacrificiales </em>en cuanto al sentido de la vocación cristiana en la historia, <em>neoplatónicos</em> en la antropología de referencia y con un fuerte aprecio de la <em>primacía humana</em> de los ministerios eclesiásticos en la Iglesia. Es en <strong>personas con un perfil religioso, cultural, social y hasta <em>sicológico</em> muy “concreto”</strong> —¡lo respeto, pero hay que reconocerlo!— donde puede resonar con alguna mayor facilidad la llamada al sacerdocio ordenado en los términos que lo conocemos configurado hoy. Esta es la realidad. Y es éste el camino, ¡en exclusiva!,  que se elige por Obispos y Diócesis, la mayoría poco a poco, para recuperar los <em>presbiterios diocesanos</em>. Es lo que se pretende ahora en el País Vasco.</p>
<p>Dicho esto, me preguntaron, <strong>si tan <em>fácil</em> es, ¿<em>por qué no lo haces tú</em>?</strong> No he dicho que sea fácil, he dicho que es el camino más <em>natural</em> y, ahora añado, y <em>no lo hago porque no creo en él</em>. Cuidado, las personas merecen todo el respeto del mundo, sus opciones y razones son tan discutibles como las mías. No por más numerosas, son más cristianas; <strong><em>no confundamos “eficiencia de resultados</em>” con “<em>verdad de los signos de los tiempos</em>”</strong>. Yo creo que con el Evangelio en la mano, cualquiera puede ver que <strong>ese camino es muy selectivo</strong>, <em>descaradamente selectivo o sesgado</em>, en el evangelio de Jesús. Lo pienso así, y no puedo apoyarlo como <em>propio</em>. <strong><em>Sacraliza</em> de nuevo el Templo</strong> como el espacio esencialmente único de la fe religiosa, <strong><em>clericaliza</em> a los sacerdotes</strong> y los principales ministerios en la Iglesia, <strong><em>desencarna</em> la Palabra</strong>, y <strong><em>magnifica</em> la función</strong> del servidor en relación al mensaje que lleva y al don universal que representa. <em>No creo en ese camino</em>, para mí, lo reconozco.</p>
<p><em>Es una elección tremenda</em>, porque <strong>por ese camino hay más futuro social para el catolicismo</strong>; a mi juicio, con apariencia de contraculturalidad evangélica —¡esto le da un toque de prestigio!— pero al cabo, socialmente sometido; la institución eclesial —¡más que el catolicismo!— recibe reconocimiento “público y cultural”, una vez “<em>aparcada</em>” la fe en espacio de lo religioso, o de otro modo, individualizada, interiorizada y sin historia social. El camino del Evangelio, a mi juicio, es mucho más histórico y exigente para la Iglesia, en primer lugar, y para el mundo tan exigente como compasivo.<strong> Hay que elegir —¡por nosotros mismo, y no contra nadie!</strong>— hay que elegir, les dije a quienes me escuchaban. <em>El pluralismo comunitario inconfortable trae mucha diversidad</em>, pero hay que <em>elegir</em> y<em> yo creo que es más justo —¡no más eficaz!— </em>preferir el tipo de comunidades y ministerios, incluso el sacerdotal, que cabe imaginar como propios de un cristianismo “<em>liberador</em>”, “espiritual, humana y socialmente samaritano”, o para hacerme entender, “<em>antirestaurador</em>”.  <strong>No me gustaría un futuro <em>neoconservador</em> para la Iglesia, por más que ahora lleve las de ganar, y menos como futuro <em>uniforme</em> y a la <em>fuerza</em></strong>. ¡Qué sesgada recepción del Evangelio de Jesucristo! ¡Qué pobreza y qué drama! <em>No va a suceder</em>. En la Iglesia no cabe todo, pero cabe mucho más que el <em>neorestauracionismo</em> “triunfante”; <strong>el tiempo va a demostrar que hay formas de <em>comunidad</em> y <em>sacerdocio</em> mucho más <em>abiertas</em> a la <em>historia</em> y al <em>ser humano</em></strong> que las hoy, en buena medida y, teológicamente, “<em>rutinarias</em>”. Esto es lo que hay, y no sólo el gusto personal de ir contra éste o el otro, o la pretensión de mandar más o menos en la Iglesia. Está en juego el Evangelio de la fe en los próximos decenios; o con más sencillez, una forma menos sesgada de acogerlo entre todos y de evitar el acomodo en <em>lo eficaz</em>. O, en el fondo, ¿es también <em>miedo</em> de las consecuencias del Evangelio más entero? Paz y bien.</p>
<p>* <strong>José Ignacio Calleja</strong> es sacerdote y profesor de Moral Social Cristiana en Vitoria. <a href="http://revistafast.wordpress.com/category/jose-ignacio-calleja/"><strong>Lee otros artículos suyos en FAST</strong></a></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/revistafast.wordpress.com/4325/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/revistafast.wordpress.com/4325/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4325&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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	</item>
		<item>
		<title>Las palabras no son inocentes</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Sep 2011 10:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>revistafast</dc:creator>
				<category><![CDATA[Iglesia y Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Jairo del Agua]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Jairo del Agua* Es una reflexión un poco larga pero necesaria para hablar claro. Especialmente dirigida a quienes no quieren perder su libertad e independencia frente a los interesados empujones del ambiente. Se ha puesto de moda en algunos ambientes religiosos el empleo del masculino y femenino por separado. Expresiones tales como &#8220;orad hermanos y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=revistafast.wordpress.com&#038;blog=783956&#038;post=4317&#038;subd=revistafast&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Jairo del Agua*</em></p>
<p><span style="color:#003366;"><em>Es una reflexión un poco larga pero necesaria para hablar claro. Especialmente dirigida a quienes no quieren perder su libertad e independencia frente a los interesados empujones del ambiente.</em></span></p>
<p><a href="http://revistafast.wordpress.com/2011/09/17/las-palabras-no-son-inocentes/"><img class="alignleft  wp-image-4320" style="margin-left:0;margin-right:3px;" src="http://revistafast.files.wordpress.com/2011/09/palabras-que-hieren.jpg?w=142&#038;h=74" alt="" width="142" height="74" /></a>Se ha puesto<strong> de moda en algunos ambientes religiosos el empleo del masculino y femenino por separado</strong>. Expresiones tales como <em>&#8220;orad hermanos y hermanas&#8221;, &#8220;fruto del trabajo de los hombres y de las mujeres&#8221;, &#8220;el Señor esté con vosotros y vosotras&#8221;, &#8220;alumnos y alumnas&#8221;, &#8220;colegiales y colegialas&#8221;, &#8220;profesores y profesoras&#8221;</em>, etc. Se trata de la contaminante importación de usos partidistas, instaurados en algunos ámbitos profanos.</p>
<p>Muchos católicos -incluidas muchísimas mujeres- nos dolemos de esta contaminación, a la que algunos sacerdotes, religiosos y enseñantes abren tan fácilmente las puertas. En nuestra Iglesia siempre han sido esenciales la <strong>unidad</strong> y la <strong>universalidad</strong>. Los claustros religiosos siempre han sido promotores de cultura y perfección. Ahora tenemos la impresión de todo contrario, al menos en casos como éste.<span id="more-4317"></span></p>
<p>Someteré a vuestra reflexión <strong>las razones </strong>por las que considero desafortunadas las innecesarias, reiteradas y cansinas locuciones con el masculino y femenino yustapuestos. <strong>Las palabras no son inocentes y esta forma de expresarse tiene connotaciones, que van mucho más allá de una incorrecta utilización del lenguaje</strong>, por las siguientes razones:</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>1º) Por su origen</strong></span></p>
<p>Han sido algunos <strong>políticos</strong> incultos, especialmente <strong>sindicalistas</strong> y <strong>feministas</strong>, los que han difundido esa tediosa e incorrecta forma de expresarse. El motivo está en el deseo de <strong>captación de las mujeres</strong>. Se pretende darles un protagonismo verbal para ganarse su adhesión. Es una forma de adulación y parte de la demagogia<a title="" href="#_ftn1">(1)</a> política. El argumento utilizado es el de <strong><em>&#8220;la visibilidad&#8221;</em></strong>, es decir, hay que mencionar el femenino para hacer ver que entre los asistentes hay mujeres. Los que contemplamos la Historia sin complejos sabemos que en una muchedumbre, sea de oyentes o lectores, siempre hay mujeres porque son parte esencial de la Humanidad. Ellas siempre están porque sin ellas no habría género humano. Así de sencillo.</p>
<p>Las feministas, además, pretenden un <strong>revanchismo gramatical</strong> incubado por sus propios complejos de inferioridad. Sabido es que las feministas, en nombre de una pretendida e imposible igualdad, no buscan que las mujeres sean más mujeres sino que sean como los hombres a todos los efectos, lo que es una evidente <em>&#8220;negación de la mujer&#8221;</em>.</p>
<p>Un movimiento, que tuvo y podría tener todavía mucho contenido, se entretiene en la destrucción de la inocente y lógica gramática, en vez de luchar contra <strong>la utilización de las mujeres como mercancía</strong> (prostitución, violación, prematura sexualidad, muñecas de compañía, etc.), o contra <strong>su exhibición como simios desnudos o pájaros exóticos</strong> (pasarelas, publicidad, cine, etc.).</p>
<p>Utilizar a la mujer como carnaza del consumismo, convertirla a ella misma en objeto de consumo o en fácil diana de la bestialidad machista o en instrumento de negocio o en acémila doméstica, <strong>eso sí merece una rebelión, una protesta y una liberación</strong>. Eso sí es degradación de la mujer, desprecio de su dignidad e instrumentalización de seres humanos. Ahí estaré siempre al lado de la reivindicación feminista.</p>
<p>Sin embargo, la destrucción de la cultura gramatical para halagar y manipular a las mujeres me parecen dos corrupciones reprobables. Tanto más si se emplean como cortina de humo para dejar en el olvido los verdaderos problemas de la dignidad femenina en nuestra sociedad, todavía cavernícola en algunos aspectos.</p>
<p>Que instituciones docentes (colegios, universidades, Iglesia, etc.) caigan en la trampa y adopten el lenguaje propio de partidismos, sectarismos o manipuladores extremismos me parece un error muy grave.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>2º) Porque supone una quiebra de la gramática española</strong></span></p>
<p>No hace falta ser muy culto para saber que esta forma de expresarse es incorrecta, que no respeta las normas gramaticales y desprecia el patrimonio de una lengua común (con más de 400 millones de hispano hablantes) en beneficio de intereses partidistas. No creo necesario explicar que existe un género <strong>masculino</strong>, otro <strong>femenino</strong> y otro <strong>común o genérico</strong>. <strong>Que las palabras tienen género pero no sexo</strong>. <strong>Que las personas tenemos sexo pero no género</strong>. Eso lo saben hasta los párvulos. Es una supina ignorancia confundir género con sexo. ¿Tendré yo que sentirme marginado en la Humanidad porque su nombre es femenino?</p>
<p>¿No es incoherente que centros, instituciones o personas que preconizan la cultura, el ajuste, el equilibrio, el orden, el realismo y la sensatez colaboren en la putrefacción de algo tan sagrado como es la lengua común? Para mí, el orden, la corrección, la perfección y la creatividad de mi idioma español son una consecuencia más de mi aspiración interior al orden y la plenitud. Me son exigidos, además, por el respeto que debo al resto de hispano hablantes. Esto está muy por encima de la puntual manipulación de damas acomplejadas.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>3º) Porque supone una quiebra de la unidad</strong></span></p>
<p>Éste es, para mí, el argumento clave. No llego a entender que se quiera <strong>fraccionar la unidad con constantes alusiones a las partes</strong>. ¿Si existe una palabra para el <strong>todo</strong>, por qué mencionar las <strong>partes</strong>? El lenguaje no es más que un vehículo de comunicación por el que nos intercambiamos conceptos que representan realidades de la vida. ¿A costa de repetir innecesariamente las <strong>partes</strong> no sufrirán el concepto y la realidad del <strong>todo</strong>?</p>
<p><span style="text-decoration:underline;">Por ejemplo</span>: Nunca oí a padres de familia (plural genérico) decir: <em>&#8220;Hijos e hijas vamos a viajar…&#8221;</em>. La palabra <strong>hijos</strong> en su globalidad y simplicidad tiene mucha más fuerza y sentido que la mención del masculino y femenino por separado. Tampoco leí nunca en una invitación de boda: <em>&#8220;el nuevo esposo y la nueva esposa les invitan a la cena que&#8230;&#8221;</em>. La palabra <strong>esposos</strong> tiene más fuerza que la yuxtaposición de sus singulares. El <strong><em>&#8220;nosotros&#8221;</em></strong> en el matrimonio y en la familia tiene unas connotaciones mucho más profundas que la adición de varones y hembras. ¿No ocurrirá lo mismo en la gran familia humana?</p>
<p><strong>La utilización de un lenguaje que divide, separa y fracciona innecesariamente no es inocua sino que produce efectos sicológicos reales de separación, enfrentamiento y desunión</strong>. Las palabras tienen una conexión directa con la vida porque es la vida misma lo que intentan describir y transmitir. <em>&#8220;Dime cómo hablas y te diré quién eres&#8221;</em>. Algunas personas bien intencionadas, clérigos y docentes incluidos, se dejan arrastrar por esta ola modernista sin profundizar en las graves consecuencias de estos heterodoxos y perjudiciales modismos.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;">Por ejemplo</span>: <em>&#8220;Orad hermanos&#8221;</em> siempre será una invitación más sublime y universal que la separada invitación a <em>&#8220;hermanas y hermanos&#8221;</em>. La oración del ofertorio: <em>&#8220;te ofrecemos este pan, fruto de la tierra y del trabajo del Hombre&#8221;</em> es una oración de toda la Humanidad, que levanta sus manos a Dios, unida, abrazada como los granos en el pan, y le devuelve la Creación entera amasada con su propio sudor. ¿Cómo puede haber quien en ese momento cumbre de la <em>&#8220;común unidad&#8221;</em> quiera distinguir entre hombres y mujeres? ¿Quién se atreverá a partir el mundo en dos mitades ante el mismo Dios que es la Unidad plena?</p>
<p>Hay realidades que a mí me tocan profundamente: la <strong>gran caravana humana</strong>, la <strong>universalidad</strong>, la <strong>igualdad</strong>, la <strong>dignidad</strong> humana, la <strong>sacralidad del ser humano</strong>, la <strong>vida</strong>, palabras femeninas por cierto. Cuando algunos se empeñan en <strong>fraccionar</strong> estas realidades por la adición de hombres y mujeres, ya no es lo mismo. Algo en mi interior se rompe, se queja, se rebela contra esa división que siento contraria a las aspiraciones de <strong>unidad y universalidad</strong> que laten dentro de mí.</p>
<p><strong>Si vemos el mundo compuesto de sumandos independientes (mujeres y varones), en vez de seres humanos, personas, congéneres con un destino común, estaremos levantando el mayor de los sectarismos, el más perverso <em>&#8220;muro de la vergüenza&#8221;</em>, estaremos partiendo la Humanidad</strong>. Ésta sólo puede construirse con la unión sicológica, afectiva, intelectual y física de hombres y mujeres. Las banderías y los bloques no pueden conducirnos a nada bueno.</p>
<p><strong>El todo significa mucho más que la suma de todas sus partes</strong>. El todo es único, la adición de partes no. Algunos se empeñan hoy en distinguir, incisiva y reiteradamente, entre hombres y mujeres en vez de vernos simplemente como personas. Puede que mañana se vean abocados a distinguir, por razones semejantes, entre blancos y negros, cultos e ignorantes, pobres y ricos, altos y bajos, judíos y cristianos, etc&#8230; Y ya sabemos adónde nos lleva convertir esas distinciones en esenciales.</p>
<p><strong>Las palabras </strong>-lo he dicho ya-<strong> no son inocuas, contienen unidad y universalidad o sectarismo, fraccionamiento y desunión</strong>. Por eso hay que discernir muy bien cómo se emplean porque tienen resonancia social y resonancia interior.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>4º) Porque supone una incoherencia con lo que se enseña</strong></span></p>
<p>En una formación seria se aprende, entre otras cosas, a valorar lo <strong>preciso</strong>, <strong>conciso</strong>, <strong>riguroso</strong> y <strong>completo</strong>, algo que sirve extraordinariamente para la vida en general. Sin embargo, esta moderna forma de repetirse, desglosando el masculino y femenino, constituye un ejercicio de <strong>fatua complejidad</strong> y <strong>desprecio del rigor</strong> de la lengua y atenta contra la obligada <em>&#8220;economía del lenguaje&#8221;</em>, regla de oro de cualquier idioma. Se comprende por pura intuición que un <em>&#8220;todos&#8221;</em> es mucho más conciso y completo que un <em>&#8220;ellos&#8221;</em> más <em>&#8220;ellas&#8221;</em>.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>5º) Porque se trata de expresiones contraculturales</strong></span></p>
<p>Si por cultura entendemos el conjunto de conocimientos que constituyen el patrimonio de un pueblo, todo aquello que lo olvida o niega puede llamarse contracultura. Los políticos necios, las feministas incultas y otros movimientos sectarios no dudan en anteponer sus particulares objetivos a la <strong>universalidad de la cultura</strong>, patrimonio de siglos de evolución y creatividad. Incluso hacen alarde de su reaccionaria incultura. En este caso concreto se han inventado el <em>&#8220;machismo gramatical&#8221;</em>, que no deja de ser una inofensiva entelequia, contra la que arremeten como Quijote a molinos de viento.</p>
<p>Tanto la formación básica como la profesional y universitaria representan <strong>el progreso</strong>, el redescubrimiento de los <strong>valores profundos</strong> de la Humanidad, el medio para descubrirlos y desarrollarlos. Son una herramienta, un ambiente, un camino hacia la <strong>plenitud del Hombre</strong>, además de hacia la competencia profesional. Me parece impropio, contradictorio y doloroso ver cómo los centros e instituciones docentes, sobre todo los regentados por religiosos, se contaminan con ésta u otras contraculturas.</p>
<p>Más grave es todavía <strong>la contaminación de la liturgia en la Iglesia</strong>. Si el lugar donde acudimos a reavivar nuestras aspiraciones de perfección, de plenitud, de unidad, de fraternidad, se contamina con modismos perversos del lenguaje ¿dónde acudiremos a desapropiarnos y sentirnos masa del mismo pan?</p>
<p>Estoy convencido de que la Humanidad está hecha de la urdimbre y la trama de hombres y mujeres íntimamente unidos. Por eso <strong>me duele cualquier enfrentamiento, siquiera sea gramatical, y amo la unidad inseparable con las mujeres de mi vida:</strong> con la que me dio la vida, con la que comparto el camino de la existencia, con las que se me han encomendado y con todas aquellas que, de tantas formas, enriquecen mi vida.</p>
<p><span style="color:#003366;"><strong>Apéndice: El argumento de la <em>&#8220;visibilidad&#8221;</em></strong></span></p>
<p>Personas bien intencionadas y otras no tanto emplean este argumento para defender que hay que mencionar el femenino expresamente, en vez del genérico, para dejar constancia de que en ese grupo hay mujeres.</p>
<p>Es un argumento falaz. <strong>Lo que en realidad se pretende es utilizar la inocente gramática como arma reivindicativa</strong>. Todos conocemos el victimismo en boga de algunos grupos. La gramática es <em>&#8220;la cultura de las palabras&#8221;</em> y no un campo de batalla para resarcir antiguas humillaciones, que las hubo y muchas. No entraré en los perjuicios del victimismo. Pero sí quiero hacer notar el absurdo a que llegaríamos con ese mismo argumento.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;">Por ejemplo</span>: Deberían hacerse visibles igualmente en la Asamblea litúrgica los blancos y negros, los ancianos, jóvenes y niños, los casados y los solteros, los consagrados y los laicos, los nacionales y los extranjeros, etc. etc. etc. Así hasta llegar a que <strong>yo también tengo derecho a ser <em>&#8220;visible&#8221;</em> en la Asamblea</strong> y, por tanto, exijo que se diga mi nombre.</p>
<p>Creo que no hace falta seguir. <strong>El espíritu del Evangelio va en dirección contraria: une y no separa.</strong> No se trata aquí de la dignidad de la mujer, como algunos ingenuamente piensan. La dignidad de la mujer estará mejor protegida lejos del revanchismo, el sectarismo y la demagogia. La dignidad de la mujer hay que defenderla con uñas y dientes en otros foros, de forma real y no imaginaria. Por ejemplo, no permitiendo que la manipulen.</p>
<p>Alguna vez me han preguntado si aguantaría oír siempre: <em>&#8220;orad hermanas&#8221;</em>. Como ya he explicado el masculino y el femenino son restrictivos, mientras que <strong>el común o genérico engloba a todos</strong>. Pero no eludo la respuesta: ¡Sí! Preferiría el uso del femenino único a la fraccionante yuxtaposición de masculino y femenino, a pesar de que supone un mal uso de la gramática. <strong>Prefiero eso, a sentirme separado de lo que más quiero en este mundo: las mujeres</strong>.</p>
<p>Cuando oigo esa separación de <em>&#8220;hermanos y hermanas&#8221;</em> no puedo menos que recordar las celebraciones a las que asistía con mis abuelos: <strong>a un lado de la iglesia las mujeres y en la bancada opuesta los hombres</strong>. Mi inocencia no lograba comprender por qué me separaban de mi abuela para algo tan bueno como oír Misa. Compungido y lloroso le preguntaba a mi abuelo mientras íbamos al lado contrario: ¿Por qué abuelo, por qué?</p>
<p>Ahora -tantos años después- también lloro y pregunto: ¿Por qué? ¿Por qué quieren separarme con palabras de las mujeres de mi vida?</p>
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<hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">(1)</a> <strong>Demagogia:</strong> 1. Dominación tiránica de la plebe con la aquiescencia de ésta. 2. Halago de la plebe para hacerla instrumento de la propia ambición política. Úsase también en sentido figurado.</p>
<p>* <strong>Jairo del Agua</strong> es laico y padre de familia. Lee otros artículos suyos en FAST</p>
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