Monseñor Romero: entre lobos

21 03 2007

En el XXVII Aniversario del martirio de Óscar Romero. Por Vicente Gutiérrez*

Monseñor RomeroCuando uno se siente acosado por la calumnia, los comentarios hirientes, las interpretaciones malintencionadas o por cualquier palabra de doble filo, es como si nos situáramos delante del Sumo Sacerdote y el guardia nos diera una bofetada diciendo: “¿Así hablas al Sumo Sacerdote?. La respuesta de Jesús es clara e inteligente: “Si he hablado equivocadamente, muéstrame en qué; pero si lo he hecho correctamente, ¿por qué me pegas?” (Jn. 18, 22–23). Cuando nos acercamos a la persona de Monseñor Romero nos encontramos ante esta situación. ¡Cuántas bofetadas recibió en su tiempo y cuántas sigue recibiendo hoy! De él se ha llegado a decir que era un “títere de los jesuítas”, que “generó violencia”, que “apoyó a los revolucionarios”, que “se metía en política y no predicaba el Evangelio”…

Estas y otras acusaciones se han hecho tanto desde dentro como desde fuera de la Iglesia, tanto desde personas cercanas y que le conocieron como desde personas ignorantes de su vida y del contexto en el que se desarrolló. Acusaciones más o menos gratuitas como puede ser la del fundador del Partido Libertad y Democracia de El Salvador, Dr. Kirio Waldo, que afirma que “Monseñor Romero fue un hombre bienintencionado, no tanto como para hacerlo santo, porque me resisto a pensar que un hombre que generó con su prédica mucha violencia y que alentó la revolución violenta en El Salvador que provocó más de 80.000 muertos, no creo que pueda ser considerado un santo”.

Romero de AméricaLa opción por los pobres de Monseñor Romero no le vino como un “tema” entre otros muchos que podía haber elegido. No es que en un momento dado de su vida le diera por ahí, como le podría haber dado por otra cosa. No. Monseñor Romero decidió vivir el Evangelio con coherencia dentro del contexto salvadoreño que le tocó vivir. Decidió vivir la Misión de Jesús proclamada en la sinagoga (Lc. 4, 14–30), decidió vivir las Bienaventuranzas (Mt. 5, 1–12), decidió vivir y anunciar la Cruz y Resurrección de Jesucristo.

Quizás lo que mejor nos ayuda a entender la figura de Monseñor Romero es su identificación con Jesús, Buen Pastor (Jn 10, 1–21). Él recibe el encargo de velar, cuidar y guiar una parte del Rebaño del Señor. Con el tiempo va descubriendo que algunas de las ovejas han desaparecido, otras aparecen heridas, otras están exhaustas tras escapar, a otras las retiran de las tierras donde estaban pastando tranquilamente. Los ataques de los despiadados lobos cada vez son más constantes y más sangrientos. Devoran indiscriminadamente, les dan igual que sean viejos carneros o tiernos corderitos, todo vale con tal de saciarse. El pastor no sabe qué hacer, y al principio piensa que tampoco es para tanto. Algunas de las ovejas se lo habían buscado por rebeldes, por alejarse y por meterse en otros pastos. También siente cierto temor y en esos casos un pastor puede pensar que él tiene que cuidar del rebaño, pero también de sí mismo. En realidad el rebaño no es suyo, ¿por qué iba a arriesgar su vida?. Pero un día los lobos matan a una de las ovejas que más quería. Entonces el pastor se ve afectado. Desde ese momento el trabajo deja de ser eso, meramente un trabajo, para convertirse en su vida. El pastor llega a hacer suyo el dolor y el sufrimiento que padecen las ovejas. Ahora toma su cayado y se pone delante del rebaño. Las ovejas empiezan a sentirse seguras detrás de él. Pero lo cierto es que lo único que puede hacer es pedir a los lobos que dejen de atacar ese rebaño. Pero los lobos son salvajes e irracionales, sólo entienden de sangre. Entonces ya no se lo pide, ahora les exige y ordena que dejen de matar (homilía del 23 de Marzo de 1980). A pesar de los diversos amagos de morderle, el pastor permanece impasible, está dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 11). Al final la jauría de lobos no puede soportar más esta situación y decide eliminar al molesto pastor (madrugada del 24 de Marzo de 1980).

M. RomeroAhora te pregunto: ¿qué harías tú en la misma situación? Ser pastor no es fácil, y mucho menos en un contexto donde los lobos acechan día tras día. El querer mantener posiciones de poder y privilegio, el miedo a sentirse atacado, la falta de amor hacia el pueblo encomendado y muchas otras razones pueden paralizar la actividad del verdadero pastor. El ejemplo de Monseñor Romero pone al descubierto los miedos y deseos de salvar la propia vida de muchos pastores. Por eso sólo queda:

  • Admirar y reconocer su decisión, entrega y amor por el rebaño.
  • Sentirse avergonzado por no ser capaz de responder de la misma forma.

Ante esta segunda posibilidad es frecuente que brote el deseo de atacar y desprestigiar de cualquier forma posible al valiente pastor, antes de reconocer la propia cobardía. ¿Se puede ser más cobarde aún?

Si quieres conocer más sobre este pastor no tienes más que mirar el rebaño por el que dio la vida. Él dijo que “aunque le matasen, resucitaría en el pueblo salvadoreño”.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME del grupo de Tailandia

Más información sobre M. Romero en estos enlaces:
Cervantes Virtual (Biblioteca Romero)
Servicios Koinonia

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3 responses

5 11 2007
Felipe Quezada

Yo tenia 11 años, y cada Domingo esperábamos con mi padre anciosamente las homilias de monseñor Romero. Era en una aldea muy pequeña en la frontera de Honduras. Media hora antes mi papá ponía su radio en una mesa en el patio de la casa. Nuestro corazón ardía de gozo al escuchar sus palabras donde él mismo se convertia en la voz de los pobres que no tenían voz. El monseñor Romero sí que se ofreció en sacrificio, para salvar a un pueblo que estaba siendo toturado por la represión y la injusticia de los represores.
Han pasado 27 años y él sigue vivo en mi corazón porque no me canso de hablar de él y de infundir ese amor al projimo como él nos lo enseñó,y de no callar lo que agrede al pueblo humilde. El murió según los poderosos terrenales, pero resucitó en mí, y está vivo para seguir luchando por la paz la justicia y el amor, tal como está vivo el el pueblo y en cada uno de los que luchan para que su voz cada día se vuelva más alta y el amor nos una en solidaridad, para tomar la cruz de Cristo con amor, justicia y paz… Hermanos, si en algo les puedo ayudar, no duden en escribirme, quiero ser parte de esta lucha que debe de ser continua. Yo aquí en California siempre difundo la obra de monseñor Romero, que tanto ha impactado mi vida y sólo siguiendo su ejemplo me siento más cerca de Cristo. porque los que ofrecen la vida como él son los que verdaderamente sí han llevado el evangelio de nuestro señor Jesucristo. Que Dios le guarde. Hasta pronto

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