«Ante la enfermedad, incluso el más frío se vuelve a Dios y se acerca mucho a Él»

28 03 2007

Hermana Carmen Velasco(Revista Quince Dí@s) Casi 50 años dedicada a los enfermos. Sin fines de semana, ni puentes ni días libres. “Sólo unos días de descanso y de visita a la familia”. La hermana Sor Carmen Velasco conoce muy bien lo que es el sufrimiento y la angustia de la enfermedad porque convive con ellos todos los días, pero también comparte y vive la alegría de la curación, el esfuerzo diario de los médicos y lo increíble del nacimiento de una nueva vida en la Clínica “La Milagrosa” de Madrid. El pasado mes de enero recibió la Medalla de Oro del mérito al Trabajo, por su enorme capacidad de trabajo y total entrega a los demás.

¿Cómo se reconoce la vocación? 

Cada persona la siente de una manera. El Señor es el que llama, no es algo que te llegue por méritos propios, sino que lo decide él. Hay personas que tienen una vocación muy concreta y muy fuerte y de repente, en un día, lo ven muy claro. En mi caso fueron personas y acontecimientos los que me hicieron reflexionar y pensar en lo que iba a hacer con mi vida. Influyó mucho en mi decisión el contacto con las monjas de mi colegio que durante la época de mis estudios me hicieron entrar en contacto con personas necesitadas, y enseguida comprendí que aquella era mi vocación, atender a los demás.

¿Fue duro al principio trabajar en un hospital?

No, porque cuando decides seguir a Dios haces voto de obediencia y no sabes si te van a mandar a un colegio, a un hospital, a una guardería… pero todo lo aceptas. Me destinaron después de mi formación a Madrid, a la clínica La Milagrosa, y aquí llevo 48 años y medio. Empecé en administración y llevando un poco el control de la casa.

¿En qué consiste su trabajo diario?

Organizas un poco los servicios, estás a la escucha de los familiares, de los médicos, te ocupas de los temas burocráticos, de que los enfermos no estén desorientados o angustiados… Así, procuramos facilitar y resolver todos los problemas que se van presentando en el día a día, desde agilizar unas pruebas para un paciente que vemos que necesita cierta urgencia, a todo lo relacionado con el personal de la clínica.

¿Cómo es el contacto con el enfermo?

Aquí lo valoramos mucho, y tenemos muy presente que los pacientes no son números. Procuramos que el personal de la clínica siga el espíritu y la manera de comportarse de las hermanas de la caridad, y tratamos así de que el enfermo reciba un trato amable y de respeto, independientemente de su ideología, raza o religión. No hay que olvidar que un enfermo viene preocupado, angustiado y necesita que le escuchen, que le traten con delicadeza y mimo.

¿Son muchas hermanas en la clínica?

Somos 33 monjas en la comunidad, aunque personal hay unos 240 más además de limpieza y cocina, procuramos que en todos los servicios haya una hermana, no para que supervise, sino como organizadora y que esté al tanto de las cosas.

¿Qué es lo que se aprende trabajando en un hospital?

Se aprende la paciencia, la conformidad, a aceptar el dolor. Cuando ves sufrir a algunas personas y te llega a ti sabes afrontarlo de otra manera. Te hace también valorar mejor el sufrimiento de los demás.

Suponemos que muchas veces sufre más la familia que el enfermo

Sí, porque muchas veces el enfermo no es consciente de su enfermedad ni de la gravedad, y los familiares están más al corriente de lo que le pasa. Porque es curioso que a muchos enfermos el Señor les pone un velo y no ven la gravedad que tienen o las consecuencias que puede tener la enfermedad.

¿Qué es lo que más cuesta?

Hermana Carmen VelascoAceptar la enfermedad en las personas jóvenes. Porque las personas mayores por ley de vida, ya sabes y asumes que se van a ir, pero cuando ves niños o jóvenes es difícil de aceptar, sobre todo que los acompañantes y las familias que lo entiendan. Por eso tratamos de ayudar y ser comprensivas y aportar serenidad en esos momentos en que las familias sufren mucho.

¿La enfermedad vuelve a la gente más creyente, acerca a Dios?

Sí, en esos momentos prácticamente todos, incluso el más frío se acerca más a Dios. Nosotros tenemos costumbre de darle a toda persona que entra en la clínica una medalla de la Milagrosa atada con una cintita en la muñeca. Y prácticamente no ocurre que los enfermos la rechacen. Luego, muchos son los enfermos que han estado aquí y que han salido, guardan la medalla en recuerdo. Lo que sí que observamos aquí es que cuando ves la muerte más cerca la gente se vuelve a Dios y se acerca mucho a Él.

La clínica se llama “La Milagrosa”. ¿Algún milagro que contar que haya ocurrido entre sus paredes?

No podemos llamarlo milagro, pero hemos tenido muchos casos de curaciones repentinas y espectaculares que nos han llamado mucho la atención. Recuerdo por ejemplo el caso el año pasado de un sacerdote que estaba muy enfermo y que todos los médicos pensaban que iba a morir. Pero se curó y ahora es el capellán de la clínica. Y no sabes el bien que hace ahora a los enfermos cuando les cuenta que él también estuvo muy enfermo, les explica que él ha pasado por todo eso, y desde luego que su experiencia reconforta a los enfermos.

¿Qué es lo más bonito que le ha pasado aquí?

La vida de comunidad. Es una unión muy fuerte la que tenemos. Estamos todo el día trabajando pero después tenemos un momento en el que nos reunimos con la comunidad. Son momentos donde recuperamos las fuerzas para seguir trabajando. Tenemos nuestra oración, nuestra Eucaristía y todas sentimos que es nuestra energía, que reponemos fuerzas para continuar.

Dicen de usted que no cuentan ni horarios ni fines de semana, que siempre está disponible…

Pues sí, procuramos estar porque el tiempo de las Hijas de la Caridad no es nuestro: es de los pobres y de los enfermos. Yo aquí he procurado dar todo lo que tengo y francamente horarios y días de fiesta no cuentan. Efectivamente tenemos nuestros descansos y tengo mis horarios de comunidad pero eso de “hoy me toca librar” no existe. Las vacaciones solamente son para ir de visita a los familiares.

El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales le ha concedido recientemente la medalla de Oro del mérito al Trabajo. ¿Se esperaba el premio?

Medalla de Oro del Mérito al TrabajoNo me lo esperaba y me cogió por sorpresa desde el primer momento. Alguien debió presentar mi perfil de vida, pero ha sido una persona ajena a la comunidad. ¡Yo no sabía ni que existía este premio! Entonces me llamaron del Ministerio diciendo que mi perfil era apto para recibir el premio y para mi fue una auténtica sorpresa. El ministro vino aquí a darmelo personalmente y la verdad es que fue muy emocionante porque nunca piensas que tu trabajo va a ser reconocido, sobre todo el nuestro, el de las monjas, porque no lo haces nunca pensando en eso.

Fue un día especial, a pesar de todo…

Sí, lo organizamos la comunidad y pudieron venir otras hermanas, familiares, empleados, médicos .. me encontré muy arropada.

Ha habido algún momento en el que haya querido tirar la toalla?

No, nunca. Ha habido lógicamente momentos difíciles pero siempre he sentido la ayuda del Señor y de la santísima Virgen. He tenido momentos difíciles, problemas, presiones… mil cosas pero nunca he dudado de mi vocación, la Virgen ha sido la compañera de mi vida. Esta es mi vida y lo único que me queda es pedirle al Señor que me siga sosteniendo los años que me quedan para hacer el bien. Quiero seguir ayudando a los demás en lo que pueda y también seguir contando con un personal tan magnífico.

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