«Disparando a perros»: ¿dónde está Dios en medio de un genocidio?

17 04 2007

Disparando a perrosEl pasado 13 de abril se estrenó en España una de esas películas “imprescindibles”. Quizá no sea un éxito de taquilla, pero sin duda es impactante y conmovedora. Una película que te mueve, te cambia, te cuestiona, te obliga a hacer un juicio, a preguntarte sobre las deciciones que tomas. Una película que te transforma la mirada. Se trata de Disparando a perros, un film sobre el genocidio de Ruanda.

No es una obra maestra, ni tiene detrás a ninguna de las majors de Hollywood, no es una superproducción, ni tiene efectos especiales más allá de los convencionales. Pero guarda en su seno tanta autenticidad, tanta verdad, que supera todas sus posibles carencias para llevarla al selecto ámbito de las películas inolvidables. Como en otras producciones recientes de similares características (“Diamantes de sangre”, “El último rey de Escocia”), también está basada en referentes reales, y cuenta con la participación de supervivientes en el reparto. En este caso el refugio no es un lujoso hotel (como en “Hotel Ruanda”, 2004), sino la “Escuela Técnica Oficial Don Bosco” de los salesianos de Kicukiro (Ruanda) —que actualmente tienen suspendidas todas sus actividades— y que sirvió como sede para las fuerzas de pacificación de la ONU. También en esta ocasión se refleja la indiferencia de Occidente, abandonando a su suerte 2.500 refugiados, ante las luchas entre hutus y tutsis y los intereses internacionales en juego.

Cartel de la peliculaDisparando a perros es una aproximación veraz a unos acontecimientos que conocieron indirectamente los productores del film. Producida por la BBC y dirigida por Michael Caton-Jones, recrea los sucesos acaecidos en la mencionada Escuela Técnica. Dentro de sus amplios recintos estaba también la sede de la misión del sacerdote bosnio Vjeko Curic, que en el film aparece como el Padre Christopher (John Hurt). Allí también se estableció un cuartel de los Cascos Azules de Naciones Unidas, que protegían a la comunidad religiosa y a los alumnos internos de la Escuela. La tragedia empieza cuando unos centenares de tutsis, atenazados por el pánico al extremismo hutu, solicitan refugiarse en los terrenos de la Escuela.

Sin tenerlo previsto, y sin recursos suficientes, aquel recinto se convierte en una “reserva” de tutsis, rodeada de cientos de hutus armados con sus machetes. Armados y sedientos de sangre mientras esperan el día en que los Cascos Azules se retiren. Porque los hutus saben que ese día llegará. La película nos cuenta los cinco días de abril que van desde el asesinato del presidente de Ruanda hasta la retirada de los Cascos Azules de esa Escuela.

El título de Disparando a perros no es metafórico. Alude a una decisión del capitán Charles Delon de los Cascos Azules de disparar contra unos perros que hurgan entre cadáveres y que pueden transmitir infecciones a la población. Esa decisión, aparentemente inocua, es sin embargo decisiva en el discurso crítico del film, por razones que preferimos no desvelar.

Padre Christopher (John Hurt)El Padre Christopher es lo más interesante del film: él constituye el referente moral de cuantos le rodean, y su autoridad nace de su fe y de su entrega incondicional. Él nunca cae en tentaciones revanchistas, y su trabajo se centra en la catequesis, en hablar del amor de Dios y en explicar el sentido de la Eucaristía, y de la entrega total de Jesús. Y lo hace porque entiende que el sentido último de aquello que explica está muy relacionado con lo que todos viven a su alrededor. Sabe que Dios está precisamente con aquellos que más sufren, y que él debe amarlos hasta el final. Dios siempre ha estado con ellos, ¿por qué va a abandonarlos en los momentos más difíciles?

Otro personaje es Joe (Hugh Dancy), un joven voluntario de una ONG, que en el film representa en cierto modo el punto de vista del espectador occidental. Por otra parte, el capitán belga Charles Delon de los Cascos Azules (Dominique Horwitz) encarna la posición de Naciones Unidas ante el conflicto, una posición absentista que deja mucho que desear. Hay un cuarto personaje interesante, la joven alumna tutsi Marie (Clare-Hope Ashitey), que representa la esperanza de los ruandeses puesta en los europeos, esperanza que casi todos frustrarán, excepto el Padre Christopher. Por último están los reporteros de la BBC, que encarnan la perspectiva de los productores del film, y que son los encargados de que la opinión pública occidental conozca el genocidio y pueda experimentar una cierta mala conciencia.

El origen del guión de David Wolstencroft está en las experiencias ruandesas de David Belton, productor del film, y que conoció bien al padre Vjeko Curic, que le salvó la vida protegiéndolo de los hutus. Él era un reportero de la BBC que en 1994 viajó a Ruanda a cubrir la guerra. El sacerdote le acompañó y le protegió en numerosas ocasiones, y gracias a él muchos supieron de los horrores de aquel genocidio. Cuando tiempo después, en Washington, Belton supo del asesinato del padre Curic, decidió escribir el argumento junto al documentalista Richard Alwyn y producir la película. Como el propio Belton ha reconocido, planteó el film como un acto de contrición tardío en la medida en que él, como periodista y temiendo por su vida, había abandonado la zona.

En conclusión: una película tan dura como imprescindible, un testimonio de fe martirial oportuna y necesaria. No te la pierdas.

Página oficial de la película (Lauren Films)
Dossier de la película

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