Amar a la ligera

21 04 2007

III Domingo de Pascua. Por Vicente Gutiérrez*

¿Te quiero?Cuando utilizamos los verbos “amar” y “querer” muchas veces no somos conscientes de lo que suponen. En ocasiones se lanzan te amos y te quieros sin medir su magnitud y, sobre todo, su impacto en la otra persona. A veces pueden salir con tanta facilidad y superficialidad como un tengo hambre o un me meo… Es triste que estos verbos se degraden tanto y se tomen tan a la ligera.

Jesús le pregunta a Pedro (aunque en aquella ocasión le llamó Simón), por tres veces, si le amaba. Pedro, a la tercera, se sintió incómodo por la insistencia. El evangelio dice que se entristeció de que le preguntara por tercera vez. Algo no debía ir bien si Jesús tuvo que preguntarle por tres veces, y eso le preocupó a Pedro: ¿por qué me lo pregunta tantas veces? ¿Tendrá alguna duda sobre ello? ¿Me estará probando? Es verdad, amigo Pedro, acuérdate de lo echado p’alante que eras y lo presto que fuiste al decir que nunca le abandonarías. ¿Te acuerdas de ello? Pero es que en aquellos días era fácil seguirle y amarle e incluso soñar y prometer, pero… La Cruz te puso con los pies en la tierra, tu bravura disminuyó, descubriste el miedo y el significado de aquellas palabras que un día escuchaste: “el que quiera venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24). Ahora ya sabes lo que significa decir sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Ya sabes a lo que te compromete esta afirmación y por dónde vas a tener que pasar: “cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras” (Jn 21, 18).

Amor...El te quiero o el te amo se pueden quedar en globos muy bonitos y que en su momento hicieron ilusión, pero con el tiempo se van desinflando, arrugando y se convierten en algo inútil. Nada vale un te quiero si no eres consciente del compromiso, mayor o menor, que esas palabras conllevan, de la intensa unión que supone con la otra persona, de lo que entraña de negación de un@ mism@ por el otro o la otra. Un te amo se deshinchará si cada día no se le insuflan varios te amos. En unos Ejercicios Espirituales, el P. Purón s.j. nos dijo que no valía con que hubiésemos dicho un día “sí” al Señor, sino que cada día teníamos que renovar ese “sí” con nuestros pequeños “síes”. A mí, personalmente, me ha ayudado mucho, ya que no hay día que eche un vistazo al itinerario trazado por los distintos “síes” de mi vida, por supuesto, unos más intensos y firmes que otros, ya que no todos han sido iguales, ni todos han implicado lo mismo, pero todos han servido para indicar cuál debía ser el siguiente paso que Él me pedía.

Lo cierto es que nuestras promesas, aunque se proyecten hacia el futuro (“te seguiré”, “te querré”, “no te abandonaré”, etc.), si no se construyen desde el presente, desde el día a día, nunca habrá futuro para ellas. No te aburras nunca de decir te quiero a la persona que amas, díselo cada día, es una frase que nunca cansa y además revitaliza en ambas direcciones. Nunca dejes de decir al Señor que le seguirás, día a día, sabiendo de las dificultades y limitaciones. No nos dejemos llevar por la euforia de un momento: que nuestro amor sea constante en el tiempo, que lo alimentemos, que lo cuidemos, que lo avivemos y lo renovemos.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME del grupo de Tailandia

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