Reciclaje y fe

30 05 2007

Por María Isabel Montiel*

Reciclar la feEstá muy de moda la palabra reciclaje aplicada a la reutilización de materiales desechados, que una vez transformados se pueden volver a usar. Pero también el reciclaje consiste en reforzar, ampliar y actualizar nuestros conocimientos, con vistas a la obtención de un título o un nuevo puesto de trabajo. A esta segunda acepción me refiero al tratar de reflexionar sobre la “puesta al día” de nuestra formación religiosa.

A lo largo de la vida procuramos informarnos de todo lo que nos interesa, bien sea ciencia, política, cultura, ocio… Igualmente nos formamos, casi siempre con vistas a mejorar en el trabajo, posición social, bienestar familiar, por satisfacción personal, etc. Pero, ¿y el aspecto religioso? Algunas personas no se han reciclado desde que se prepararon para la Primera Comunión.

Sin embargo, igual que no jugamos como cuando éramos niños, ni leemos los mismos libros, ni tenemos las mismas conversaciones e intereses, también en lo que se refiere a nuestra fe, tendremos que madurar y crecer. No conformarnos con lo que recordamos de nuestras primeras catequesis, que sí, nos sirvió de base, pero es insuficiente.

Y no se trata de que seamos expertos teólogos, pero sí de que conozcamos más profundamente en qué se basan nuestras creencias religiosas, y así configurar un estilo de vida que tenga como centro a Jesús. La formación nos servirá para abrirnos y responder a los nuevos retos y cambios de la sociedad, y para adquirir criterios propios.

Si nos preocupáramos más de conocer el Evangelio y de vivirlo, nos daríamos cuenta de que seguir a Cristo no significa sumisión y obediencia, sino colaboración espontánea (“No os llamo siervos, sino amigos…”). No es pues ninguna carga, sino un gozo que nace de haber encontrado la respuesta a las aspiraciones más profundas del ser humano. Cuanto más conozcamos a Jesús más le amaremos, y más amaremos a la Iglesia que es quien nos ha transmitido sus enseñanzas.

La fe es un don que hay que cultivar y alimentar, y que no hemos conseguido por nuestros méritos, sino porque Dios nos lo ha regalado. Pero no para que lo dejemos dormido ni para que lo guardemos como un tesoro exclusivo.

Renovar la fe...Creer en el mensaje de Jesús es saber que Él sigue con nosotros, a mi lado, en mí. Y como cuando tenemos un gran amigo procuramos relacionarnos con él, compartir penas y alegrías, demostrarle nuestro cariño…, así también haremos con el mejor de todos ellos. Y si de verdad le consideramos nuestro mejor amigo, será una necesidad vital (no una obligación) la relación con Jesús y la comunicación con Él a través de la oración.

Pero la oración no puede ser un refugio para aislarme de lo que me rodea —eso sería una falsa oración— sino que me abrirá los ojos para descubrir las preocupaciones y gozos que afectan a la humanidad. A la oración llevaremos la realidad propia y la de todos, principalmente la de los más necesitados.

Si nuestra oración es así, y estamos convencidos de que Dios, a su manera, algo tiene que decirnos a través de ella, viviremos cualquier situación de otra forma, con mayor alegría y esperanza. Ese será el mejor testimonio y la mejor razón de nuestra fe que podremos dar a los demás.

La fe en Jesús nos tiene que llenar de una alegría que contagie. Debemos ser fermento y luz en medio del mundo, y las mejores armas para conseguirlo serán, la formación permanente, y sobre todo, la oración.

* María Isabel Montiel es Salesiana Cooperadora y profesora de E. Primaria

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: