Un Dios por descubrir

2 06 2007

Solemnidad de la Stma. Trinidad. Por Vicente Gutiérrez* 

El misterio de Dios TrinidadCuando me da por jugar con la mente y adentrarme en cuestiones donde la razón se pierde, recuerdo aquella apócrifa historia atribuída a San Agustín:

«Cuentan que cierto día estaba Agustín paseando por la playa mientras pensaba en el Misterio de la Santísima Trinidad cuando observó como un niño se acercaba hasta el agua y volvía portando lo que podía entre sus manos para depositarlo en un agujero que había construido en la arena. Agustín se acercó con curiosidad y le preguntó:
– ¿Qué estás haciendo, pequeño?
A lo que el niño le respondió sin apartarse de su quehacer:
– Estoy tratando de meter todo el mar en este agujero.
Agustín se rió y le dijo:
– ¡Pero eso es imposible!
El niño se detuvo y le dijo:
– Más fácil es que yo meta todo el mar en este agujero que tú llegues a entender el Misterio de la Santísima Trinidad.
Dicho esto desapareció».

Es cierto que con la razón se puede llegar muy lejos, que a lo largo de la historia ha logrado abrir muchas puertas misteriosas y disipar muchas oscuridades. Es innegable reconocer los grandes avances (y también ciertos retrocesos) que la razón ha propiciado. Pero también es justo reconocer, y no verlo como debilidad, que hay puertas que no podemos abrir con esta llave. Dios se reserva ese espacio de intimidad que llamamos misterio y en el que sólo podremos entrar con los pies descalzos (Cf. Ex 3, 5).

Lamentablemente no siempre ha sido así. Hemos invadido ese espacio sacro con nuestros limitados conceptos, estrechas mentes y pretenciosas ideas. En no pocas ocasiones nos hemos eregido en interpretadores cualificados del Misterio tratando de explicar de qué color es la piel de Dios, cómo es eso del “Juicio Final” o por qué razones se mueve Dios a actuar de una forma u otra. Y es que nos incomoda no saber todo sobre Él. Nos incomoda porque así no podemos controlarle, y ahí está el problema. Queremos un Dios manejable, que entre dentro de nuestras categorías y parámetros, que nos lo podamos explicar y que no nos sorprenda.

TrinidadJesús nos dice este domingo: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora” (Jn 16, 12). El mismo Jesucristo, la máxima revelación de Dios, no llegó a revelarle del todo. Muchas cosas le quedaron por decir, no nos contó todo porque todavía no estamos preparados. Si queremos traspasar el umbral del misterio tendremos que hacerlo despojándonos de nuestros prejuicios, conceptos y razonamientos humanos, y una vez descalzos nos cogeremos de la mano del Espíritu que nos “guiará hasta la verdad plena” (Jn 16, 13). Da cierto miedo, lo sé, ya que supone zambullirse en la pura oscuridad y sin salvavidas, ¿lo podríamos llamar fe?

De todas formas recuerda las palabras que dirigió Jesús al Padre: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños” (Mt 11, 25). La fe no es propiedad de sabios e inteligentes. Sólo desde la pequeñez y la sencillez, desde el reconocimiento de nuestras limitaciones, desde el despojamiento de nuestra prepotencia intelectual descubriremos a Dios con claridad, porque Él es siempre más sencillo que todo lo que nosotros podamos elucubrar.

Y ahora, ¡ssssssssssssssssss!, dejemos que nos hable el silencio del misterio.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME del grupo de Tailandia

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