Seguro de vida

23 06 2007

XII Domingo de T. Ordinario. Por Vicente Gutiérrez*

Seguro de vidaSinceramente he de decir que no sé nada sobre el mundo de los seguros, pero me da la impresión de que hoy en día es posible asegurar todo, o casi todo. Lo cierto es que el ser humano tiene necesidad de seguridad. El hombre y la mujer de nuestra sociedad necesitan no sólo asegurar su presente, sino también su futuro. Además, esa necesidad de seguridad crece en proporción con el desarrollo social. En una sociedad poco desarrollada, con tener para comer hoy es suficiente. En cambio, en una sociedad más desarrollada, se necesita llenar la nevera para un mes y además hacerse un plan de pensiones. Es lógico que cuanto más se tiene más necesidad haya de asegurarlo, ¡con lo que cuesta conseguirlo!

No sé que tipo de seguros habría en tiempos de Jesús, pero parece que Él no los recomienda demasiado ya que este domingo nos dice: “El que quiera salvar su vida, la perderá” (Lc 9, 24a). Entonces, ¿no hay seguro que valga? ¿Tenemos que vivir en una inseguridad permanente? Espera, parece que nos da la solución más adelante: “El que pierda su vida por mi causa, la salvará” (Lc 9, 24b). Esto tiene gracia. Jesús nos dice que no nos empeñemos en buscar y rebuscar cómo asegurar nuestras vidas ya que en dicho empeño las perderemos. Él nos dice que la única forma de salvarlas es dándolas por su causa, perdiéndolas por ella. Pero, ¿cuál es su causa? Él mismo nos lo dirá al comienzo de su misión con palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar la libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18–19). Estas palabras se resumen en construir el Reino de Dios. Se trata de reestablecer el reinado de Dios en el mundo. Esto supone edificar vida, poner ladrillos de paz y cimientos de justicia. Levantar techos de igualdad y abrir ventanas y puertas de fraternidad. Esta es la causa de Jesús, ¿estamos dispuestos a mancharnos las manos por ella? ¿Y a dar la vida por ella?

Y ahí no acaba la cosa, no sólo nos advierte de que la única forma de salvar la vida es perdiéndola por su causa, sino que además nos dice que si queremos seguirle debemos negarnos a nosotros mismos. Nos está diciendo que soltemos las manos del volante de nuestras vidas, que cerremos los ojos y que confiemos en que Él nos llevará a nuestro destino. ¡Qué difícil es esto de quitar las manos del volante! ¡Qué difícil es dejar que sea Él el que marque la dirección de nuestras vidas! Negarse a sí mismo/a supone salir del centro de nuestra vida, colocarse a un lado y dejar que sea Él quien ocupe ese centro.

Esto ya es el colmo. O sea, que seguirle supone que hemos de vivir “descentrados” e “inseguros”. No es verdad, ya que cuando Él ocupa el centro de nuestras vidas es cuando más seguros estamos porque: “El Señor es mi pastor, nada me falta. Me hace descansar en verdes pastos, me guía a arroyos de aguas tranquilas, me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos haciendo honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu cayado me inspiran confianza” (Sal 23, 1–4).

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME del grupo de Tailandia

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2 responses

29 06 2007
16 07 2007
Vicente

Perdona por el retraso amigo Keyo. No hace falta que pidas permiso para publicarlo en tu blog. Además te lo agradecemos.

Un saludo.

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