María, creyente esperanzada

14 08 2007

Por María Isabel Montiel*

Maria, modelo y fuente de esperanzaLa Asunción de la Virgen es motivo de fiesta en muchos pueblos de España. En ese día, la Iglesia celebra que María, alguien de nuestra naturaleza humana, ha alcanzado ya la plenitud a la que todos estamos llamados. La devoción mariana está muy arraigada entre nosotros, pero no podemos quedarnos en el sentimentalismo. Esa piedad tiene que ser la vía que nos acerque más a Jesús a través de su Madre.

Desde la antigüedad se han dedicado a María un sinfín de oraciones. El “Magníficat” pone en su boca la alabanza a Dios por las maravillas que ha hecho en ella. El “Avemaría” es el saludo a la madre de Jesús, que partió de su prima Isabel, y una petición de intercesión por nosotros pecadores. En el “Ángelus” recordamos la Anunciación del Ángel y el Sí de María…Y así podríamos seguir enumerando bellas plegarias en honor a la Virgen, que nos ayudan a orar.

Pero hay una que a mí me cuesta rezar y sobre todo cantar, (no llego bien al tono en que está escrita la música de la versión en español ), y es la “Salve”. La encuentro triste, con demasiados lamentos: “A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas… ” Sinceramente, creo que habría que cambiar alguna estrofa. Que no se diera por parte de la Iglesia una imagen tan negra del paso por este mundo. Porque ciertamente hay mucho dolor, pero también hay gozo. En otro verso se dice: “…y después de este destierro, muéstranos a Jesús…” ¡Pero si María nos lo está mostrando aquí ya!. Nos da ejemplo de escucha, seguimiento y fe, y en su momento nos dijo: “Haced lo que Él os diga”.

Es un poco maniqueo considerar malo todo lo de este mundo, y bueno solamente, lo del más allá. Y claro que sabemos que la felicidad completa está al otro lado, pero en éste también hay cosas salidas de las manos de Dios que nos anticipan un poco lo que viviremos en “la otra orilla”.

El dolor, del tipo que sea, nos desgarra el alma, pero Dios que ama por encima de todo a los que sufren nos da la esperanza y la fuerza para transformarlo. He oído testimonios de personas que, una vez superados los primeros momentos de incomprensión y rebeldía, se consideran afortunados porque su sufrimiento les ha acercado más a Dios y a sus semejantes.

Por supuesto que se tienen momentos muy bajos y nos desanimamos, pero la vida no es lo que irremisiblemente nos separa de la eternidad, ni algo que resignadamente tenemos que recorrer para alcanzarla. Dios nos da la vida para que sea nuestra fiesta, porque Él nos quiere felices. Pero, ¿cómo lograr eso en medio de tanto mal? Pues sencillamente, si entendemos que es una fiesta:

  • Un gesto solidario con el que aliviamos un sufrimiento.
  • El amor a nuestros hijos, padres, amigos,…y el que recibimos de ellos.
  • La contemplación de un atardecer, de un bonito paisaje, de la naturaleza en general.
  • La ternura e inocencia de los niños.
  • Cada detalle que hacemos o recibimos.
  • La música, o la lectura de un libro que nos dan paz.
  • Las cosas sencillas de la vida.
  • La entrega de lo mejor de nosotros mismos.
  • En fin, todo lo que nos hace sentirnos más cerca de Dios.

Conste que la primera que debe aplicarse todo esto soy yo, porque no siempre consigo ver así la vida, pero habrá que seguir intentándolo. Contribuyamos todos con nuestro granito de arena a mejorar el mundo. A veces nuestra sola presencia y cercanía, llevarán esperanza a los que pasan momentos difíciles.

María, que es modelo de esperanza, nos anima y ayuda si acudimos a ella. Imitemos a María, madre de Jesús y madre nuestra, cuya mayor grandeza es la respuesta incondicional a Dios, su sencillez, y la confianza plena en Él, aún no entendiendo Su voluntad. Oremos con Ella y como Ella.

* María Isabel Montiel es Salesiana Cooperadora y profesora de E. Primaria

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One response

20 03 2009
Carmen B.

Me parecio q la idea en q este mundo no puede verse todo lo malo y el mas alla lo bueno, es lo q determina quienes somos si poblamos el amor en nuestra alma como podemos separar el reino de Dios con el mas alla cuando el reino de Dios esta dentro de nuestro espiritu. Para sanar hay que ver sentir y expresar lo q nos unifica y no lo q nos separa. Sera el Amor divino de Dios, al acogernos a el lo q podra evitar el sufrimiento ? Entiendo q su luz divina nos dara el gozo.

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