Odette, una comedia sobre la felicidad

21 08 2007

'Odette, una comedia sobre la felicidad'Acabo de asistir a la proyección de “Odette, una comedia sobre la felicidad”, fresca película de realismo mágico. Acaso yo sea demasiado romántico, demasiado soñador, pero reír y llorar (sobre todo llorar de sanas emociones) no hace daño a nadie. Nos eleva sobre la mediocridad que tantas veces cloroforma nuestras vidas. Contemplad, a la izquierda, la carátula de la peli: en un autobús de línea, Odette está leyendo la última novela de su autor favorito. Y se eleva sobre los asientos. Como en los comics, como en los sueños… A los prisoneros de los campos de concentración les quedaba, como último regalo de libertad, la aventura nocturna de volar y ser felices… Amelie, ya crecidita, es aquí una Odette viuda bondadosa que disfruta de todo, que pone belleza y alegría en lo que alcanza a ver su blanca mirada de ángel mensajero.Aunque parece difícil distinguir entre la mirada ingenua, mágica, de quien todo lo ve hermoso porque su corazón es lámpara de bondad, y quien, como en “La vida es bella” de Benigni, disfraza la realidad más oscura presentándola, por amor, como excitante, divertido juego.

Toda la película gira en torno a un reconocimiento: cuando Odette presenta a la firma del autor su último éxito, Balthazar la atiende rutinariamente, imaginándola vulgar peluquera, ordinaria vendedora, vecina intrascendente. Hasta que, a través de una romántica nota que le entrega la protagonista, va descubriendo la riqueza de sus sentimientos, la belleza de su alma. Curioso: el propio director-guionista refiere que este mismo desencuentro le sucedió a él, y que, a través de una carta de su admiradora, descubrió, por fortuna, “la mujer que yo no había sabido ver”.

En algunos momentos la protagonista se cruza con un personaje llamado Jesús que camina sobre el río y carga, cuesta arriba, un enorme oscuro leño. O se pone, exultante de alegría, a bailar y cantar porque sí, jugando a protagonista de un musical… Extravagantes sketchs que me recuerdan el circo de Almodóvar, pero que por esta vez encuentro confitados con buen humor y poesía a la francesa, más cerca de lo lírico que del drama, más próximos al auto sacramental que al esperpento.

La alegría nos hace volar

Cuando no nos gusta la realidad que sufrimos, acaso nos atrevamos al enfrentamiento con el monstruo, agarrando la situación por los cuernos. Pero, si nos sentimos débiles o no nos es posible otra salida, nos refugiaremos en la imaginación, escapándonos hacia el ensueño. Para terminar este post con un poco de marcha, voy a presentar tres ejemplos de fantasía creadora, de arrebato espiritual: nos dejamos mecer por el sentimiento, como Odette, ascendemos a esferas transpersonales…

En Domingo, Juan Mollá se deja seducir por la Luz y la Alegría del Día del Señor. Y se pone a cantar, a rezar, a volar…

De regreso de las vacaciones de Semana Santa, el profesor de Religión, que ha celebrado el misterio pascual, se siente árbol en primavera aventado por la Gracia, ligero, juguetón (Martes de pascua)…

En Llovida fiesta, Alfonso Canales imagina un portal de Belén abarrotado de ángeles y alas…

  • Nicolás de la Carrera
    (publicado en el blog Nido de Poesía, el 11 de julio de 2007)
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