Misioneros jóvenes en el sur de Sudán

23 09 2007

Por José Carlos Rodríguez*

MisionerosAcabo de volver de pasar unos días animando un encuentro con misioneros combonianos jóvenes que trabajan en el Sur de Sudán. Diez sacerdotes y hermanos de varias nacionalidades: México, Italia, Togo, Alemania, Kenya, Portugal y Sudán. Me han enriquecido profundamente con su experiencia de vida religiosa entregada a los más pobres. Todos ellos rezumaban cansancio, sobre todo por tener que vivir en lugares donde se acusa el aislamiento y la falta de todo, pero el entusiasmo y la alegría asomaban siempre. Es una pena que entre tanto escándalo que sale a la luz estos días, el sacrificio de muchos miles de religiosos en los lugares más olvidados del mundo quede en la sombra.

Guillermo es mexicano y lleva siete años trabajando en Nyal, una parroquia abierta en 1998 en la región del Upper Nile, uno de los lugares más aislados del Sur de Sudán, donde el Nilo se pierde en una enorme marisma conocida como el “Sudhr”. No hay carreteras y sólo se puede llegar hasta allí en avioneta. Para realizar su ministerio apostólico él y sus dos compañeros caminan durante varios días para llegar a las comunidades cristianas más apartadas. Estos “safaris” suelen durar dos o tres semanas y tienen la ventaja de que pueden realizar un contacto más personal con la gente, que en esta región pertenece a la etnia Nuer.

También son Nuer los habitantes de Mapourdit, una parroquia fundada en 1993 perteneciente a la diócesis de Rumbek. Allí trabajan los padres Alfredo Estrada (mexicano), Antoine Kondo (togolés) y los hermanos italianos Rosario Ianetti y Damiano Mascalzoni. Rosario, de profesión médico, y Damiano, enfermero, llevan adelante un hospital en el que también trabajan religiosas combonianas. Tanto en Nyal como en Mapourdit hace años que hay un movimiento fluctuante de miles de personas desplazadas que tuvieron que abandonar sus hogares a causa de la guerra, sobre todo porque el ejército de Jartum bombardeaba sus poblados para dejar el terreno libre a las compañías petroleras (en su mayoría chinas) que importan a China casi tres tercios del petróleo extraído de Sudán. Como suele suceder en muchas misiones católicas, en Mapourdit funciona la única escuela secundaria en cientos de kilómetros a la redonda.

Aunque la guerra terminó oficialmente en 2005 y varios miles de refugiados y desplazados internos intentan volver a sus hogares, estos jóvenes misioneros reconocen que una de las dificultades pastorales mayores que encuentran es el desarraigo de miles de personas que han vivido estos últimos años de un lado para otro sin terminar de asentarse en ningún lugar y perdiendo sus tradiciones. Muchos jóvenes buscan trabajo como peones en los pozos de extracción de petróleo.

Sudán es el país donde el obispo San Daniel Comboni desarrolló su labor misionera. Murió en Jartum en 1881. Para los combonianos, sigue siendo un lugar preferencial, sobre todo por haber sufrido durante varias décadas guerra, hambre y aislamiento. Me alegra saber que muchos de nuestros jóvenes miembros al terminar su etapa formativa piden ser destinados allí.

(Fuente: blog “En clave de África“, 12-8-07)

* José Carlos Rodríguez es sacerdote y misionero comboniano en Uganda

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