La desnudez de un misionero

29 09 2007

Por Vicente Gutiérrez*

DesnudezMientras escribo estas líneas me dirijo a Madrid, donde cogeré un avión con destino a Tailandia para incorporarme, por primera vez, a la tarea misionera con el resto de compañeros del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) allí presentes. Conforme el tren va avanzando me va alejando de aquello que conozco y amo. En el andén quedó mi familia. Unos padres desechos en lágrimas divididos entre el dolor de la despedida y el apoyo incondicional a su hijo. Atrás dejo a familiares, amigos, vecinos y compañeros que un día encontraron un hueco dentro de mí y que ahora les llevo en el mejor portarretratos que poseo: mi corazón.

Y es que debajo del traje de superhéroe que mucha gente pone a los misioner@s hay un ser humano tembloroso por la desnudez que supone una decisión tan grande. Se tiembla por el “arrancón” que conlleva el alejarte de los tuyos, de abandonar tu tierra, de salir de la seguridad de aquello que conoces (idioma, cultura, costumbres…). Además, el misionero también debe desnudarse y eso no es fácil porque se siente el frío que la inseguridad provoca sobre el misionero al despojarse de idioma, conceptos, pensamiento, formas de ver la vida… Un frío que sólo se verá superado cuando acepte el traje que la nueva realidad en la que se adentra le va a ofrecer. Ante ese nuevo traje uno tiene dudas: ¿me valdrá?, ¿encajaré en él o, por lo contrario, me quedará demasiado grande? Se trata, no sólo, de encajar en la realidad en la que uno se adentra, sino también de encajar la realidad que se adentra en uno.

Entonces, ¿cómo se supera la tristeza de las despedidas, el temor a la inseguridad provocada por la desnudez y la duda ante lo desconocido? No hay fórmula mágica, sólo cabe seguir adelante con la única certeza de que el que impulsa desde dentro no dejará de hacerlo y que irá capacitando para llevar adelante la tarea encomendada. O te apoyas en eso o la tristeza, el temor y la duda se apoderarán de ti de tal forma que te paralizarán y no dejarán que des un paso más hacia lo que Dios sueña para ti.

Recuerda, no pongas capas de supermanes. Los misioner@s somos tan de carne y hueso como tú: dudamos, tememos, lloramos y… confiamos.

A mis padres y a mi hermana.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME y colaborador habitual de FAST. El pasado 25 de septiembre partió para Tailandia para iniciar su labor como misionero en aquel país. Desde la revista FAST le deseamos lo mejor en su nueva misión. Él seguirá colaborando con nuestra revista en la medida en que se lo permitan sus responsabilidades y la comunicación por internet.

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