Cómo veo mi muerte

2 11 2007

2 de noviembre, Conmemoración de los Fieles Difuntos

Muerte y Vida¿La muerte? ¿Hablar de la muerte? Ése es el propósito. Si todos nos vamos a morir tarde o temprano –esperamos, sí, que no sea pronto– ¿por qué no hablar de ello? Cómo vivimos, cómo nos afecta saber que un día nuestra vida se va a acabar. Ésta es la pregunta. A veces se ha dicho que hablar del morir es tabú, de mal gusto. No ha sido así para dos personas (teólogos) que han contestado a las preguntas con palabras sensatas y valientes. Ambos hablan de la muerte, no sin cierto respeto, pero en todo momento con naturalidad y esperanza. Estos testimonios sobre la muerte pueden ser, en definitiva, un bonito canto a la Vida.

Ya llegará

Andrés Torres Queiruga, teólogo

A mis alumnos suelo decirles: vosotros no “sabéis” que vais a morir. Esa es la suerte de la juventud, y la desgracia: “Por eso morís como moscas: no veis el peligro, porque vuestra biología os hace inmortales”. De mí tengo que decir que he pasado también mucho tiempo sin “saberlo”. Y sigo sin saberlo mucho. Pero ya empiezan las ráfagas: de vez en cuando se me hace viva la posibilidad. Sobre todo, en la sensación de que ya no me queda tiempo para muchas cosas: lo nuevo que se anuncia, trabajos que quisiera realizar. No siento miedo, ni curiosidad. Me gustaría acogerla como un tránsito. Me impresionó el miedo de Rahner a que el deterioro físico lo angustiase. Desde luego, me daría miedo una muerte dramática.

Creo en la resurrección y he escrito mucho sobre ella. Pero debo confesar que me cuesta percibirla como una evidencia sentimental. Es más bien una fe que me llega por el rodeo del amor de Dios y preciso alimentarla con el apoyo teórico: si me ha creado por amor, no me dejará caer en la nada. El temor a un Dios juez ni me pasa por la cabeza: me parecería absurdo. Me encanta la frase: “Morir hacia el interior de Dios”, hacia los brazos cálidos de su amor. Y se me abre el horizonte luminoso de la comunión universal, donde el amor no restringe y particulariza, sino que es gozo compartido sin límite, exclusivismo ni medida. Pero, repito, y esta es para mí la “desgracia” del teólogo: todo esto, que asumo sinceramente, tiene más vigencia teórica que vivencia cordial, más convicción racional que saboreo espontáneo del corazón. A lo mejor influye también que todavía no “sé” de verdad que voy a morir. Y tampoco quiero preocuparme por eso: ya llegará. Me importa más vivir con sentido y esperanza. Y servir de algo a los demás, sobre todo aportando un poco de luz en la dimensión religiosa.

Darle la vuelta al calcetín

José Ignacio González Faus, teólogo

Creo que la muerte es como dar la vuelta al calcetín de la realidad, y acceder a ella desde el derecho, y no desde este pequeño pliegue o hilito del revés del calcetín, que es nuestra vida. En ese sentido creo que no tengo miedo a la muerte: la espero como encuentro y vida con Dios, cosa muy pero que muy apetecible. Eso me parece ahora, cuando llegue el momento ya veremos.

Recuerdo que cuando estaba en el hospital operado y mal, me contó el médico que entre frailes y curas es donde había encontrado más resistencia a morir. Le dije bromeando que es porque son los que tienen una vida más plena. Pero no excluyo que me pase a mí lo mismo: pues creo saber que aunque la Vida en plenitud de Dios es un movimiento de dar y recibir, nuestra vida deficiente (y no nuestra) sólo consigue ser un movimiento de autoafirmación. Me digo entonces que, al menos, lo mínimo que deberíamos intentar es no confundir nunca lo que es un “don” con un “derecho”: pues eso causa casi todos nuestros males.

A pesar de las lindezas anteriores hay algo que sí me da cierto miedo: y no es la muerte sino el camino hacia ella. Creo que la medicina, más que prolongar la vida, lo único que consigue es retrasar la muerte. Que no es lo mismo. Y me asustan los ejemplos de invalidez, de degeneración o dependencia que contemplo cada día. No soy partidario de eutanasias activas pues no me parece modo de morir dignamente el que otros te quiten la vida. Pero soy muy partidario no sólo de oponerse a todo encarnizamiento terapéutico, sino de lo que cabría llamar una “eutanasia preventiva” que consiste en llegar bien al momento del tránsito. Dicen los sabios que hay para eso cuatro consejos importantes: poco plato (es decir: comer sólo lo necesario y sólo lo fácil de digerir), mucho zapato (un ejercicio que consista en esforzarse sin forzarse), nada de tabaco, y saber evitar el estrés. Pero para este último remedio nadie da caminos.

(Fuente de los testimonios: Revista El Ciervo, nº 673, abril 2007)

Y tú, ¿cómo miras a la muerte?… Puedes dejar tu comentario.

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3 11 2007
Cynthia

Siempre me han dicho y yo misma he comprobado que hay vida después de la muerte. La muerte no me ocasiona ningún obstáculo para seguir viviendo en paz. Creo que nadie está preparado para la muerte pero con la oración y la comunión con Dios todo ese miedo o estrés desaparece. ¿Qué podemos hacer cuando sentimos que alguien más le teme a la muerte? Acaso nuestra fe no es suficiente para confiar en las promesas que Dios nos ha hecho. Yo sé que Dios no nos da lo que le pedimos, sino lo que nos conviene. Tal vez le pidamos 50 años mas de vida o menos para no sufrir tanto si tenemos alguna enfermedad. Pero al final se va a cumplir su voluntad. Yo no le temo a la muerte, de eso estoy 100% segura, el miedo no me impide lograr mis sueños. Voy a luchar por ellos, si Dios decide que no me conviene, lo acepto. Pero no piensen que es miedo, solamente es confianza en Dios. ¿Por qué no hago algo por lograrlos? Habrá quienes miren mediocres a los cristianos, pareciera que nos quedamos sentados esperando que nos caigan las cosas del cielo, pero no es así. Yo le pido a Dios que me muestre caminos, sé que muchos hacen lo mismo y eso es tener plena confianza en Dios. Cuando un camino se abra no dudaré en tomarlo y pondré todo mi esfuerzo porque fue algo que Dios me concedió. Sólo me queda pedirle a Dios que no me deje tener miedo porque nunca se sabe qué circunstancias puedan venirse que nos alejen de Dios. Dios no quiere que temamos, Él nos ha prometido vida eterna.

Saludos a todos

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