Abrir el corazón

10 11 2007

Por Vicente Gutiérrez, misionero en Tailandia*

Abrir el corazónCuando alguien inicia un proceso de aprendizaje de un idioma se va dando cuenta que no sólo tiene que aprender gramática, vocabulario, fonética, etc.; a todo esto se suma la cultura, el pensamiento, la historia y la vida del pueblo que ha desarrollado dicho idioma. Entrar en un idioma significa cruzar el umbral hacia un mundo nuevo. Con el tailandés ocurre lo mismo, entre las confusiones que producen los distintos tonos, la novedad del alfabeto y la simplicidad gramatical uno puede descubrir que detrás de todo eso hay una mentalidad propia de este pueblo, una forma de ver el mundo bastante distinta a la occidental y una forma de expresarse muy concreta. 

Una de las primeras cosas que aprendí en este idioma fue ใม่ขาใจ (mai khawjai), que significa: no entiendo. Pero eso sería la traducción occidental, bastante fría y directa. Khawjai se compone de dos palabras: khaw = entrar y jai = corazón. Y es que el pueblo tailandés sitúa el centro de la persona en el corazón, lo cual choca con la endiosada racionalidad occidental. Esto puede llegar a tales límites que todo aquello que no pase por los pies del “dios razón” queda fuera del reino de la existencia. De una forma salomónica la razón determina que es lo qué existe y qué no. Los sentimientos, la fe, las experiencias vivenciales y todo aquello que no entre por este “colador raciocinador” corre el peligro de ser condenado a desaparecer. Mi propósito no es el de condenar la razón, sino de bajarla de su pedestal y que sea capaz de reconocer que no posee todas las respuestas. Por eso, ante cualquier realidad que se nos presente, no sólo hay que abrir la mente, sino que también hay que abrir el corazón. Cuando se abre la puerta del corazón se está dando espacio para que esa nueva realidad entre en nuestra vida y no se quede en el mero nivel del entendimiento o del conocimiento.

¡Qué bueno sería que entendiéramos las cosas al modo tailandés! Así haríamos vida lo que recibimos y no se quedaría, simplemente, perdido en el trastero de nuestra cabeza, dónde residen inertes conceptos, grises teorías y fríos conocimientos. Cuando todo eso pasa por el calor del corazón reciben vida y color y se hacen más nuestros, más propios. Por eso “que no tiemble vuestro corazón y se acobarde” (Jn. 14, 1), abridlo y dejad que el mundo entre en vuestras vidas.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME en Tailandia

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3 responses

14 11 2007
julia

hola Vicente me gusta esta revista y todo lo que escribis. Veo que ese idioma no tiene nada que ver con el nuestro en cuanto a significados. Espero que estés bien, un saludo
julia

15 11 2007
Angel Becerril

Te felicito, Vicente, por tu comentario “Abrir el corazón”. En la mano tienes ya la llave de la puerta para entrar en esta cultura y en esta lengua. Sí, pongamos a la “razón” en su sitio y al “corazón” en el suyo. Te acompaña. Angel

16 11 2007
Vicente

Amiga Julia:
Me alegra mucho que te guste FAST. Con tus comentarios colaboras a hacerla más participativa.
Realmente el tailandés es otra cosa muy distinta de los idiomas europeos. Por eso, a pesar de las dificultades en su aprendizaje, enriquece tanto, ya que obliga a abrir mente, corazón y espíritu en otra dirección.

Amigo Ángel:
Agradezco los ánimos de un veterano en estas lindes. Totalmente de acuerdo en que hay que poner a la “razón” en su sitio y al “corazón” en el suyo, pero como bien sabes, nuestro querido Occidente necesita un poco más del “corazón” de Oriente.

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