Copying Beethoven: Dios y la música

18 11 2007

Cartel de 'Copying Beethoven'Copying Beethoven es una película aparentemente sencilla, pero de entrañas complejas, y ahí está su gran virtud: grandes cuestiones como la inspiración, el silencio interior, la vocación, la genialidad, la honestidad del artista, el arte y su relación con el hombre y Dios quedan tan al desnudo que en una primera instancia puede resultar una película insignificante por su simplicidad formal. Tanto es así, que resulta difícil y hasta produce cierto pudor hablar sobre ella, como si una palabra en falso pudiera dar una imagen equivocada del equilibrio frágil y perfecto de algo sagrado, y privarle al lector de la maravilla de su experiencia.

La película describe el encuentro y la relación que se establece entre Beethoven (Ed Harris) y Anna Holtz (Diane Kruger), de 23 años, una aspirante a compositora con pocos medios que intenta encontrar inspiración y prosperar en la capital mundial de la música, Viena.

Anna, que estudia en el conservatorio de música, tiene una recomendación para trabajar en una reconocida editorial y, tras una serie de acontecimientos inesperados, se las ingenia para conseguir una oportunidad de trabajar junto al mayor y más voluble artista vivo: Ludwig van Beethoven.

Cuando, improvisadamente, el escéptico Beethoven la pone a prueba, Anna demuestra sus dotes y su especial valía para la música. El maestro decide aceptarla como copista, lo que da comienzo a una extraordinaria relación que cambiará la vida de ambos, como si de dos almas gemelas se tratara.

Juan Orellana, director del Departamento de cine de la Conferencia Episcopal Española, ha calificado Copying Beethoven como “una obra maestra que supone una inteligente y culta indagación en el significado de la creación artística y en su relación con el misterio de Dios”. El filme es una recreación autobiográfica “del intratable Beethoven” que va “diseccionando el alma del músico y revelando tanto su profunda espiritualidad como su lucha interior”, agrega Orellana.

Beethoven (Ed Harris) y Anna Holtz (Diane Kruger)Anna “se convierte en la catalizadora de la historia. Su honesta mirada y sensibilidad artística sacan de la soledad al compositor que ve en ella a un ángel enviado por Dios. Entre ellos surge un relación íntima, nunca carnal, como la que existe entre dos almas gemelas que comparten vocación y pasión por la música”, declara Orellana.

Hay, como vemos, una invitación a la trascendencia en esta película que aborda la obra de arte como el resultado de una relación de Dios con el hombre en la que Dios pone el talento y la inquietud, y el hombre la disposición y el esfuerzo. El tamaño del talento o el tamaño de la obra resultante son indiferentes. Lo que las hace verdaderamente hermosas y sublimes es su obediencia a esa verdad que reside en el corazón del hombre, una verdad que a medida que se va descubriendo, va revelándole también a uno su misión en el mundo, que no puede entenderse sino orientada a ser un generoso instrumento al servicio de los demás.

La honestidad del artista radicaría en la humildad de aceptarse como instrumento de Dios al servicio de los hombres, sin la soberbia de sentirse creador, sino responsable de hacer visible la maravilla de lo creado y de su Creador. Una vocación prostituída sería aquella en la que el artista acabara buscándose a sí mismo, creyéndose meritorio del talento recibido, y conformándose con poner sus capacidades a fructificar en una obra que le proporcione el gusto de ser querido y admirado.

El gran protagonista de esta película es un personaje sin nombre y sin rostro: ese algo que hace posible que dos personas con apenas nada en común, procedentes de dos mundos diferentes, logren una comunicación íntima y profunda sin siquiera tocarse físicamente y en apenas unos días.

En resumen: una película poco comercial pero muy recomendable, de ésas que nos transforman interiormente al entrar en ellas, de ésas que nos cuestionan lo más profundo de nuestro ser, de nuestra condición humana. No te la pierdas.

(Fuentes del artículo: Amalia Casado en lasemana.es, y Forum Libertas)

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One response

22 09 2010
maki

No es tan mala la pelicula, aunque sí un poco lenta. Me gustó mas este Beethoven que en Amor inmortal. El Gran Beto, para mi gusto el más grande, con permiso de Mozart, Bach y Haendel.

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