Preparemos su venida

2 12 2007

Por María Isabel Montiel*

Preparad el camino, el Señor llega¡Cómo pasa el tiempo! Ya estamos casi acabando el año. También el Año Litúrgico se termina, para dar comienzo a otro nuevo con el primer domingo de Adviento. Este tiempo durará las cuatro semanas que preceden a la Navidad, y que nos servirá como preparación para el nacimiento de Jesús. Precisamente la palabra Adviento (del latín “adventus”), significa llegada, y para los cristianos hace referencia a la venida del Señor.

Siempre tuvo un sentido penitencial, de preparación, pero ese sentido se está perdiendo un poco. No solemos prepararnos interiormente para esta Venida, porque no caemos en la cuenta de que lo que celebramos es verdaderamente trascendental, algo que cambió el rumbo de la historia. Dios mismo se hace uno de nosotros. Se abaja a nuestra condición humana y nos ofrece el mejor regalo: su propia Vida.

Esa noticia tendría que asombrarnos tanto que nos dejara sin palabras. Nada de lo que sucede en el mundo, por muy extraordinario que pueda parecer, tiene parangón con ella.

Cuando se acerca la Semana Santa es frecuente que la Iglesia invite a la reflexión, con charlas cuaresmales, ejercicios espirituales, etc. Se nos exhorta a vivir la Pasión de Jesús con recogimiento y sobre todo, se nos invita a vivir con alegría “la razón de nuestra fe”: la Resurrección del Señor.

En Navidad, la invitación por parte de la Iglesia a vivirla en profundidad, es mucho más tímida. Puede que porque tradicionalmente se ha hecho así, o quizás, contagiada por la parafernalia de luces, comidas, regalos… que la sociedad nos presenta, cada vez con más antelación.

Es cierto que cada cristiano, coherente con su fe, debería preparar esa Venida limpiando su corazón de todo lo que le impida recibir a Jesús como se merece. Pero creo que la Iglesia podría contribuir a ello contrarrestando la parte superflua que nos invade desde fuera, ayudándonos a penetrar en nuestro interior.

Verdaderamente es difícil sustraerse al oropel que nos rodea cuando se acerca la Navidad, hasta en los rincones más recónditos. Con los adornos, la preparación de las comidas familiares y de empresa, la compra “loca” de regalos, (que no está mal), olvidamos lo fundamental del acontecimiento y eso es lo que hace sentirnos un poco “raros” esos días.

Nos produce tristeza el revivir momentos que se fueron, y sobre todo, recordar a los seres queridos que ya no están aquí. Muchas personas comentan que desean que pasen deprisa esas fechas y volver a la normalidad. Seguramente eso nos ocurre porque nos quedamos en la nostalgia de “tiempos mejores”, vividos con toda la familia, y no calamos en el verdadero sentido de la Navidad.

Muy por encima de esas sensaciones tendría que ser un tiempo de esperanza. Dios viene a nacer entre nosotros, se queda a nuestro lado y nos anima a vivir de manera nueva. Eso es lo que Él quiere, nacer cada día en ti y en mí, y ayudarnos a descubrir vida donde no esperamos que la haya.

Si el mismo Dios se ha hecho uno de nosotros es porque nos ama, porque sabe que tenemos necesidad de Él aunque a veces no sepamos reconocerlo. Viene a llenar el corazón de todo el que acude a su llamada. Abrámosle el nuestro sin condiciones.

Tuvo que hacerse “pequeño” para que pudiéramos abarcarle. Nació en la pobreza, y los primeros en recibir la noticia de su nacimiento y la invitación para acoger al Salvador, fueron los pastores; la clase más humilde y menos reconocida en Israel. Eso ya nos empezaba a indicar su preferencia por los pobres y sencillos.

Dios no sólo es luz, fuerza creadora, también es Persona. Y sólo el encuentro con esa Persona llenará los vacíos que el transcurrir de la vida nos depara. Busquemos sin descanso hasta dar con Él, si aún no lo hemos hecho. Como los Magos, que a pesar de la distancia, la dificultad del camino y algo de incertidumbre, no pararon hasta dar con el mismo Dios-Niño. Su vida cambió, como cambiará la nuestra si nos proponemos como meta el buscar a Dios en todo, y hacemos de Cristo nuestro referente.

Vivamos la Navidad próxima como el mejor encuentro. Un encuentro que nos proporcionará el sentido absoluto de la vida y una gran felicidad. Que Dios nos ayude a lograrlo y María, la que con su fiat hizo posible que se realizara el mayor de los milagros, nos acompañe en el camino que su Hijo nos vaya marcando.

¡Feliz y esperanzada Navidad!

* María Isabel Montiel es Salesiana Cooperadora y profesora de E. Primaria

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2 12 2007
lau

Lo que más me ha gustado es la idea de preparar esta gran fiesta que es la llegada de Jesús. ¿Por qué siempre buscamos cualquier ocasión para celebrar o festejar cualquier acontecimiento y no nos preparamos a fondo en la fiesta mayor? Te doy la razón en que a veces nos centramos en la Semana Santa, en fechas como muy puntuales y su llegada, que es el comienzo de su Vida, que dio por todos nosotros no la pensamos ni valoramos. Mi compromiso estas fechas será vivirlo como se merece, con sentido cristiano y esto es de lo que hablaré hoy en la catequesis. Gracias por tu artículo. Besines guapa

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