La globalización del Adviento

4 12 2007

Por José Antonio Rodríguez Conde*

Algo nuevo está naciendo...Estuve en la reciente Asamblea de Redes cristianas y hay algunos aspectos que me gustaría destacar de su manifiesto final. En primer lugar, hace especial hincapié en algunos efectos perversos que la globalización está trayendo y los cambios económicos, políticos, sociales, culturales y espirituales que conlleva. También analiza algunas respuestas, acertadas o equivocadas, que la sociedad civil y la Iglesia están dando al respecto. Y, por último, intenta escuchar la voz del Espíritu en iniciativas alternativas al orden político y eclesial hegemónicos. Hasta aquí, el documento final. Pero en el encuentro, que da más de sí de lo que puede dar a entender un texto, hubo algunas constataciones importantes que llaman la atención. Por ejemplo, se admitió resignadamente la hegemonía de un Imperio político, un orden económico, un control sobre la comunicación, una cultura individualista en expansión y una crisis eclesial; en la Asamblea se encontraron cientos de personas, no para hacer masa ni oír a predicadores, sino para compartir, escuchar, testimoniar, discutir, alentarse; además, el taller más demandado por los asistentes fue el de “Espiritualidad para otro mundo posible“.

Fijaos en la paradoja: mientras la cúpula eclesial apuesta por el orden doctrinal y pastoral a nivel interno y por el trabajo de “lobby” con las autoridades políticas; la base (tan secularizada, según algunos) se apunta a… ¡talleres de espiritualidad! Y esto, por no hablar de aquéllos que, ya fuera de la institución eclesial, buscan desarrollarse personalmente en pedagogías de influencia oriental-budista y/o activismo en ONGs.

 

La sociedad actual presenta notables similitudes con la de la época de la Roma pre-cristiana: Imperio dominante, pan y circo, nuevas esclavitudes, Senado inoperante, religiones muy diversas, poco molestas y poco relevantes. Pero a la vez este orden da muestra de un cierto cansancio de signo post-materialista. Vamos a hacer un ejercicio de comparar la experiencia espiritual de la sociedad actual con un tiempo litúrgico. ¿Qué tiempo vivimos espiritualmente? ¿La Navidad, la experiencia de un Mesías entre nosotros? No parece. ¿La Semana Santa, la del acompañamiento al Crucificado? Ha habido épocas más fructíferas. ¿Pentecostés, la experiencia de un Dios que nos ha renovado totalmente? Frío, frío.

Más bien parece que, de modos distintos, hay un número no pequeño de personas que está balbuceando: “Maranatha”. Son voces diversas, búsquedas infructuosas, fruto de la sed y experimentación. Es decir, frente a la dominante globalización del mercado, aparecen soplos de globalización del Adviento, un tiempo de esperar la llegada de algo nuevo que no acaba de nacer.

¿De qué hablan los estudios y Evangelios al referirse a este tiempo? De una Roma imperial, una sociedad judía fragmentada en grupos con actitudes distintas ante Roma, buscándose cada uno sus castañas, de no saber qué Mesías esperar… pero también de un Bautista que profetiza y gente que deambula en el desierto para escucharle y convertirse, un anuncio de Buena Noticia, el temor y confianza de María, de buscar cómo resolver el problema entre María y José, unos extranjeros tras una estrella peculiar…

 

En una Roma pre-cristiana con cierto parecido a nuestra sociedad fue donde nació Jesús. Y hay grupos de gentes dispuestas a buscar y escuchar. Quizá sea más sensato, más evangélico, acompañar y experimentar comunitariamente esas búsquedas, aunque sean en medio del desierto, en lugar de clamar lamentándonos de las altas temperaturas, caminar sin horizontes sobre las dunas o cruzarse de brazos ignorando los riesgos de un sol que quema. Quizá sea mejor ir al pozo de agua viva a beber, como la samaritana (Jn 4, 5-42), estar abierto a nacer de nuevo para aquello en lo que somos más reticentes a cambiar de nosotros mismos, como Nicodemo (Jn 3, 1-8), ir haciendo una labor de sembrador (Mc 4, 3-9) sabiendo que no todo fructificará, ir tejiendo redes para pescar, no adeptos sino hombres (Mc 1, 16-18), experimentar el Reino entre nosotros (Mc 1, 15): llamar y escuchar nuestra llamada, caminar, seguirle, juntarnos, acercarnos a los leprosos con otros ojos. Tal vez ese sea el camino para ir del Imperio (exterior) y el individualismo (interior) a otra cosa por venir. “Maranatha”.

* José Antonio Rodríguez Conde es laico, catequista en la Parroquia de la Preciosa Sangre de Orcasitas (Madrid)

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