Feliz Navidad

24 12 2007

Por Guzmán Pérez*

Feliz NavidadUn amigo y colaborador de esta revista, para más señas misionero en Tailandia, me decía hace unos días que vivir la Navidad en aquellas tierras era duro pero a la vez más auténtico. Duro porque apenas se perciben signos ambientales que lo indiquen, porque el 25 de diciembre es un día como otro cualquiera, porque no hay belenes, árboles, villancicos ni luces que lo recuerden. Y al mismo tiempo, más auténtico, porque la primera Navidad debió de ser así, sin parafernalia, sin despilfarros, sin adornos, en el silencio, en el anonimato. Lo más grande de la historia pasó casi desapercibido. Según el Evangelio de Lucas, apenas unos cuantos pastores tuvieron la suerte y la oportunidad de contemplar el acontecimiento.

Me seguía diciendo este amigo misionero que en Tailandia la Navidad se vive como una gota en medio del océano: unas cuantas familias aquí, otras cuantas allá, que se juntan para conmemorar y celebrar el nacimiento de Jesús, y algún sacerdote que se va acercando por las pequeñísimas comunidades para compartir con los cristianos la Buena Noticia. No hay cabalgatas de reyes, ni mensajes navideños, ni festivales de villancicos (ni mucho menos niños pidiendo el aguinaldo…). Aquellas gentes (que son tan sólo un 0,3 % de la sociedad) tratan de vivir la Navidad en medio de una sociedad a la que todo esto le resulta insignificante. Y mientras nosotros, que tenemos todo el ambiente preparado, nos hemos perdido lo mejor del misterio. Hay tanto ruido que no podemos oír la noticia, comunicada a los más sencillos y en lo escondido. Hay tantas luces que no podemos ver la estrella que ha venido a iluminar nuestras vidas. Hay tantos regalos que nos hemos olvidado del mejor presente (ese presente que nos abre a un futuro nuevo). Hay tanto afán por que nos toque la lotería, que olvidamos que hace tiempo nos tocó el gordo en el sorteo de la vida.

Como he leído y escuchado más de una vez, me pregunto dónde nacería Jesús hoy si decidiera presentarse de nuevo entre nosotros. Pero me pregunto también, y sobre todo, si nos ha afectado en algo que el mismo Dios haya decidido hacerse uno de nosotros. Si ha cambiado en algo nuestra vida con Él a nuestro lado. Porque hacerse hombre no es un capricho de Dios que un día se levantó con ganas de saber cómo se vive siendo de carne y hueso. Es, sin embargo, la mayor demostración de amor que ha podido hacernos nunca. Ha venido a llenar de sentido nuestra vida, a mostrarnos que la felicidad del hombre está en su plena humanización. Que para ser “dioses” hay que abajarse para levantar al que está hundido y privado de su dignidad. Que su Reino se hace realidad allí donde se busca la justicia y el bienestar de todos, y sobre todo de los más débiles. Que no podemos quedarnos cruzados de brazos ante tanto sufrimiento humano que hay a nuestro alrededor.

Necesitamos darnos cuenta de que las luces, los adornos, el consumismo y el ajetreo de estos días están ocultando y maquillando nuestra comodidad, nuestro apacible bienestar y nuestra indiferencia ante este Dios que nos espera en cada ser humano. Si no hacemos nada por cambiarlo, seguiremos en este tren sin paradas, que nos lleva a ninguna parte y nos dice cómo vivir la Navidad y la vida. Verdaderamente, en la sociedad en que vivimos, hay que proponerse salir del mecanismo, pararse y hacer silencio, para escuchar y contemplar la realidad que hay a nuestro alrededor. Viñeta de Cortés sobre la NavidadQue Dios se encarne no es algo anecdótico, sino la gran novedad que no puede dejar nuestra vida igual que estaba. Y para asumir eso no basta con decirlo: necesitamos ir contracorriente para contemplarlo y dejar que vaya transformando nuestras actitudes, nuestras relaciones, nuestra imagen de Dios y del mundo, nuestro compromiso activo por los demás.

Como dice Abbá en una viñeta de Cortés, si realmente fuéramos conscientes de lo que implica la Navidad, del compromiso que nos exige, no nos pondríamos tan contentos cuando llegan estas fechas… Ojalá podamos vivir la verdadera alegría de saber que Dios está con nosotros. Ojalá la esperanza de este Dios-Niño sea el motor de nuestra vida cotidiana y de nuestro compromiso por los demás. Ojalá encarnemos el amor de Jesús y compartamos su Buena Noticia con aquellos que sólo tienen malas noticias. Ojalá hagamos nuestra la lucha por la justicia, la dignidad y la vida de todos los seres humanos. Ojalá adoremos al Niño desde la oración confiada y cuidando de aquellos que más lo necesitan. Y si ponemos luces, belenes o adornos, que sean para recordarnos todo esto, que sean signos que animen este compromiso, nunca distracciones o justificaciones. Así será feliz la Navidad, hoy y todo el año, para nosotros y para el mundo.

En mi nombre y en el de todos los que hacemos FAST, os deseo FELIZ NAVIDAD.

* Guzmán Pérez es director de la revista FAST

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2 responses

26 12 2007
Álex

Feliz Navidad, Guzmán.

Palabras que golpean, que me tocan en lo profundo, que se hacen estrella para guiarnos hacia Quien viene a nacer en el pesebre de nuestros corazones.

Gracias.

Feliz Navidad para toda la familia de FAST. Feliz recién nacer.

27 12 2007
Jorge y Bego

Hola Guzmán.
Hace tiempo que entro de vez en cuando en FAST y no sabía que tú eras uno de los que estabas detrás de este proyecto tan chulo.
Desde Burgos te seguimos recordando con cariño Bego y yo, y te deseamos una feliz Navidad. Que el buen Jesús siga llenando tu vida de sentido y vitalidad. Un fuerte beso de Bego, Jorge y el pequeño Andrés.

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