Llantos con distinto sabor

2 02 2008

Por Vicente Gutiérrez*

Llanto...Hace unos días escuchaba llorar a un pequeño tailandés. Cerré los ojos y pensé: “¿qué acento tiene este llanto?”. No pude descubrir ningún acento en su llanto porque el niño llora igual en cualquier parte del mundo, aquí, en Tailandia, en Perú, en Zimbabwe o en España. El sonido del llanto de todos los niños y niñas es universal, las lágrimas salen siempre por el mismo sitio y caen en la misma dirección.

Pero el sabor del llanto no es el mismo. No es el mismo llanto el del niño caprichoso que llora de rabia porque sus padres no le han comprado el último juego de la PSP, que el de la niña tailandesa que es vendida por sus padres a un “individuo” que les promete una vida mejor para la pequeña y una boca menos que alimentar en la familia. No es el mismo el llanto furioso del niño que no quiere comerse las lentejas porque sabe que siempre podrá comer otra cosa que le guste más, que el llanto que sale del estómago vacío de ese pequeño que busca entre la basura con la esperanza de encontrar los restos de una comida que alguien dejó porque ya no podía más. Las lágrimas que caen de la niña que no quiere ir a la escuela no saben igual que las del pequeño de 11 años que empuña un fusil que le ha dado un adulto diciéndole que lo único que tiene que aprender es a matar.

Mientras se siga educando niños y niñas caprichosos, insaciables, materialistas, individualistas y vacíos de valores nadie oirá nunca el llanto del hambre, el abuso, la explotación y la violencia de la gran mayoría de los niños y niñas de este mundo. El que al niño occidental no le importe que otros niños y niñas sufran injustamente en nuestro planeta tal vez tenga que ver con que a los adultos occidentales les importe tan poco el sufrimiento de la gran mayoría. Cada vez se educa y se forma más en la insensibilidad ya que el dolor, la violencia, el llanto, la desigualdad…, todo lo oscuro y que huele mal está metido dentro de una pantalla con la que los más pequeños van creciendo día a día y que les vacuna contra todo sentimiento de compasión (en el sentido más profundo de la palabra). No es justo que se diga que es muy “traumático” para los niños occidentales el que sepan qué hay más allá de sus casas y se pretenda protegerles tapándoles los ojos para que no vean la realidad mientras se les entretiene con videojuegos violentos, películas en las que se descuartizan unos a otros o se les compra pistolas, metralletas y espadas de juguete. ¿Qué realidad es más traumática?

¿No estaremos formando futuros hombres y mujeres preocupados, única y exclusivamente, de sí mismos e incapaces de ver más allá de sus propias necesidades? ¿Qué niños y niñas serán capaces de romper la rueda de la injusticia cuando mañana la tengan en sus manos? A los que tenéis la enorme responsabilidad de educar a los pequeños, no olvidéis el sembrar sentimientos de humanidad que les ayuden a entender por qué otros niños y niñas lloran en este mundo.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote, misionero del IEME en Tailandia

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2 responses

18 02 2008
Mari Belaustegui Rey

El artículo escrito por el P. Vicente me ha impactado precisamente por su realismo. Es verdad que aquí en occidente el lloro de los niños no nos suena a hambre, ni a soledad, ni a desesperanza, porque aquí los pequeños tienen de todo. Les sobran muchas cosas que a otros les faltan y lo triste es que para ellos es algo normal y de esto tenemos mucha culpa los adultos. Los estamos criando sin valores. Queremos darles de todo sin caer en la cuenta de que en esta vida lo principal es “ser” y no “tener”. Ser personas que piensen siempre en los demás y no sólo en sí mismos. Ser afectuosos y solidarios, y hacerles ver que en el mundo no son sólo ellos. Si cumplimos con este cometido, cuando sean adultos nos lo agradecerán .Yo soy una abuela con cuatro nietos: Tres niñas de 13, 8 , 6 años y un niño de 10 meses que nos ha llegado como un regalo de Dios. Me duele enormemente cuando mi nieta la pequeña se queja de que no le gusta la comida y la obligo a que lo coma, haciéndole siempre la misma pregunta: ¿no te da vergüenza decir eso cuando hay niños que no tienen nada que llevarse a la boca y que lloran de hambre? Me mira sorprendida, pero no lo entiende. Como dice el P. Vicente, hay que hablarles claro, aunque sean pequeños, que por ello no van a sufrir ningún trauma. Al contrario: así sabremos que estamos criando personas. Hoy en día se han perdido muchos valores que tendremos que recuperar, si no queremos correr el peligro de, como dice el artículo, “formar futuros hombres y mujeres incapaces de ver mas allá de sus propias necesidades”, egoístas, caprichosos, insolidarios y otras actitudes que da miedo pensar. Gracias padre, por recordarnos por medio de este artículo que esta sociedad nuestra está totalmente equivocada.

12 10 2009
Octavio Augusto Aldrete Marquez

La gente llora por dolor, tristeza, lloran por guerras sin fin, lloran por la decadencia humana. Por favor, no permitan que la gente siga llorando.

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