De misión en Perú

18 02 2008

Testimonio solidario, por Mª del Carmen Robisco*

Mari Carmen Robisco en PerúSeptiembre del 2005, ¡genial, empiezan mis vacaciones! Un año más, y desde que era niña, me seguía rondando por la cabeza la idea de hacer un viaje de misiones. Y ya sé que no hace falta irse a la otra punta del mundo para hacer misión, que en mi propia casa tenía mucho que hacer…, pero quería cambiar de realidad por completo. Cambiar de cultura, de raíces, de caras, de miradas…, conocer ese otro mundo (y a la vez el mismo), que no tenía nada que ver con el mío (que también era el suyo). Y así lo hice, de repente me encontré en un avión rumbo a Perú, donde viví un montón de cosas inolvidables que intentaré resumiros…

Mi primera visita fue a Ventanilla, un barrio de las afueras de Lima. Hacía poco que el gobierno había llevado la luz eléctrica hasta allí, aunque cuando el sacerdote quería celebrar misa tenía que pedir un cable prestado a alguna casa, pues la capilla no disponía de ella. No había tanta “suerte” con el agua, pues aún se repartía en camiones cisterna a los que los más jóvenes se acercaban cada día para llenar sus garrafas, pasara a la hora que pasara, unas veces a las 5 de la tarde, otras veces a las 5 de la mañana. ¡El agua es vital! En Ventanilla se vive al día, hoy comen y visten lo que hoy tienen, con la incertidumbre de no saber si mañana tendrán la misma suerte.

Si Ventanilla de día es triste, de noche lo es aún más, pues las farolas alumbran una vida absolutamente pobre, un mañana incierto… , sólo ves algunas personas que van y vienen de unas casas a otras; el resto, oscuridad, y silencio…

Ante tanta injusticia no podía más que preguntarme por qué este desequilibrio, por qué tanta miseria, por qué yo tanto y ellos tan poco…

En mi tercer día viajé a Cuzco, donde pasaría los tres meses que me quedaban por delante. Mi misión era colaborar en el Hogar S. José, en el que había niños hasta 6 años, la mayoría abandonados y recogidos por las Hermanas Ursulinas del Sacro Monte de Varallo, con las cuales contacté antes de hacer mi viaje. Otros niños eran “prestados” durante un tiempo, hasta que los padres pudieran hacerse cargo de ellos. Un día normal mío consistía en bañar y vestir a los bebés, darles el biberón y echarles de nuevo a dormir, para después irme con los más mayores a jugar, hacer talleres, cantar, enseñarles a escribir…

El séptimo día de mi estancia en Perú me ofrecieron ir al “campo”, como lo llaman ellos, que serían para nosotros los pueblos de la sierra, avisándome de que aquello era aún más duro de lo que había visto. A pesar de eso, accedí, y fue allí, en Churo, un pueblo del norte de Cuzco, donde pasé más tiempo hasta mi regreso a Madrid.

En Churo hay escuela, aunque no tiene nada que ver con las de España, pues no disponen apenas de material para el desarrollo de las clases, pero sí de una vocación admirable, de unos profesores volcados en sus alumnos para sacarlos adelante. Profesores que viajaban hasta allí el lunes y no volvían a su casa hasta el viernes, debido a la lejanía y la falta de transporte.

Algunos de los niños que tienen la suerte de ir a la escuela porque sus padres se lo permiten, tardan más de una hora en llegar a ella. Van solitos por la montaña, y algunos descalzos. Pero hay que ir a la escuela, da igual que llueva o haga frío…, hay que ir a la escuela porque antes de entrar saben que les dábamos de desayunar, un vaso de “preparado lácteo” (una especie de leche con cereales), y un trozo de pan.

Al salir de clase de nuevo pasan por el comedor. Y después del cole… a trabajar al campo. Ésta es la vida diaria de los niños con suerte que pueden ir a la escuela, pues otros deciden que, (desde que aprenden a andar), trabajen. Es decir, que con 4 ó 5 añitos vayan al campo a ayudarles a recoger la cosecha o a sembrar, o saquen las ovejas, toros, caballos o cerdos por la montaña, algunos de ellos sin otra compañía.

Era muy difícil convencer a los padres de la necesidad que tenían sus hijos de jugar e ir a la escuela, cuando ellos no dan de sí para sacar la familia adelante. Jugar es entonces para ellos una pérdida de tiempo.

Una mujer que aparentaba casi 40 años pero que no tenía los 30 fue atacada por uno de sus toros, que le clavó la cornamenta en una pierna. Estuvo dos días sin hacer nada, esperando a que eso “curara solo”, hasta que una de las monjas se ofreció a llevarla al médico en su camioneta.

Curando heridas...Pero ahora ni las monjas ni su camioneta estaban, estaba yo. Así que, de repente me encontré con que era responsable del comedor, la cocina y el botiquín, ¿Yo, del botiquín…? ¡Si no tengo ni idea…! Pero eso daba igual, lo importante era que alguien hiciera algo por ellos cuando lo necesitaran, aunque no supieras nada de medicina, como era mi caso. La experiencia personal fue increíble, pues a los pocos días me vi calmando el dolor de heridas que nunca imaginé que podría curar.

Cuando estás solo sacas fuerzas, eso seguro. Comprobé una vez más que son las comodidades de aquí las que nos impiden saber hasta dónde somos capaces de llegar, pues lo tenemos todo muy fácil.

Volví a España dejando un trocito de corazón allí, y por supuesto, trayéndome también un trocito de cada uno de ellos. Es imposible no pensar a menudo en ellos, en cuánto habrán crecido, en cómo irán sus vidas, en cómo verán nuestro mundo desde el suyo cuando vean las televisiones de la ciudad. Es imposible no pedir a Dios que les cuide especialmente, como Él sabe, ya que nosotros no sabemos hacerlo todo lo bien que debiéramos.

Me gustaría volver a hacer un viaje de este tipo, pero también en Madrid me esperan otras misiones: atender a mi familia, a mis amigos, desempeñar mi trabajo… Pero siempre pensando en no dejar pasar mi vida sin más, sino sintiéndome agradecida por tanto como he recibido, y dándolo a los demás, es la mejor manera de sentirse rico.

* Mari Carmen Robisco es seglar de Madrid.

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4 responses

20 02 2008
Vicente Gutiérrez

Amiga Mª del Carmen:

Sin pretender desmerecer la experiencia que tuviste y sin entrar en disquisiciones teológicas te sugeriría que utilizases el concepto de misión propiamente.

Con 22 años estuve tres meses en Nicaragua en un centro de menores, después volví a hacer varios viajes más a otros países como Perú, Puerto Rico y Cuba, pero con estancias cortas. La experiencia fue siempre muy positiva, por eso entiendo muy bien lo que pretendes expresar en tu artículo, pero sólo fue eso, una experiencia. Nunca dije que había estado de misiones en Nicaragua, en Perú, etc., porque nunca consideré que pudiera utilizar el término “misión” para una experiencia tan fugaz que sólo sirve para enterarte un poquito de lo que ocurre en el mundo, nada más. La palabra “misión” prefería dejársela a esos hombres y mujeres que llevan años, tal vez toda su vida, en tantos países del mundo necesitados de Buena Noticia. Ser misionero y tener una breve experiencia en misiones son dos cosas distintas.

Espero que no tomes a mal esta corrección, pero la he hecho con toda mi buena intención, la misma que, seguramente, te llevó a utilizar el término “misión” sin ser muy consciente de lo que suponía. Ánimo y no olvides nunca lo que viviste.

Un saludo,

Vicente Gutiérrez Vázquez (misionero del IEME en Tailandia).

26 02 2008
Maricarmen Robisco

Estimado Vicente:
Siempre me han enseñado que tener una misión es desempeñar un cometido, y ya está pero, por supuesto como cristiana, esa misión se traduce en anunciar el Evangelio de una u otra manera, y creo que eso intenté. Nunca pretendí dar a entender con mi testimonio que yo fuera misionera queriéndome igualar con esas personas que usted cita a las cuales admiro profundamente por su entrega y sacrificio.Yo no he hecho más que tener tres meses de contacto con esa otra realidad que no queremos ver, y he vuelto a mis comodidades, pero creo que no deja de ser una misión, la de ayudar al otro.
Por supuesto que no me tomo a mal su corrección. Le mando un saludo y mucho ánimo en su labor en Tailandia.
Maricarmen Robisco.

17 10 2010
JAVI.M.T.

¡Hola M. Carmen! Soy un curioso de la cultura peruana y he dado con este blog que me ha resultado sumamente interesante por lo que cuentas y, además, – y esta es la sorpresa- porque ¡creo que te conozco! tengo una infinita curiosidad por saber si trabajas actualmente en una cafetería en la que el uniforme es naranja de arriba y un pantalón negro.

Por cierto, todo viaje es en cierto modo una misión, quizá no siempre ayudando a los demás, pero sí a uno mismo, que es otra forma, indirecta, de ayudarles ¡Ay si todos fuesemos al menos amables! Ánimo!

27 02 2008
Vicente Gutiérrez

Estimada Mª del Carmen:

Me alegra que no te tomes a mal mi corrección. Te voy a hacer otra; si no te importa, me puedes tutear ya que creo que soy más joven y que poseemos la misma dignidad de hijos de Dios.

Aunque yo no quería meterme en materia sobre el tema y significado de “misión”, voy a hacerlo para aclarar alguna cosa más.

1. – Si tomamos en concepto así, ampliamente, daría pie a muchas definiciones: Los soldados cumplen misiones de paz, los médicos y otros profesionales cubanos son enviados a cumplir misión, existe el concepto de misión empresarial, también existe la misión espacial…. Es decir, el concepto se puede aplicar a diversas situaciones. Lo que está claro es que el significado más claro y próximo es el de “envío”. Si ya nos centramos en el tema que nos corresponde, en el ámbito religioso, para que haya misión tiene que haber envío por parte de una comunidad o institución. El misionero no se “marcha”, sino que es “enviado”.

2. – Hoy día parece que todo es misión. Es cierto que se ha llegado a la conclusión de que no hay que hablar de “misiones”, como si cada una fue independiente de las otras, sino de “misión”, ya que todas las obras de apostolado se enmarcan dentro de la Misión. Entonces, ¿se puede utilizar el concepto misión sin distinción?. En la Redemptoris Missio nº 33, hace esta diferenciación según las situaciones:

a) Misión ad gentes: La actividad misionera de la Iglesia se dirije a aquellos que no conocen a Cristo y su Evangelio o donde las comunidades no están suficientemente maduras como para encarnar la fe.

b) Actividad o atención pastoral: Es la tarea que se realiza en comunidades sólidas y con una experiencia de fe más madura.

c) Nueva Evangelización o Reevangelización: Centrada en las realidades de alejamiento de la fe.

3. – Termino este largo comentario, espero, sin cansar, con una definición de lo que viviste tú. Tomo, de nuevo, la Encíclica Redemptoris Missio nº 82 cuando habla de las “Nuevas Formas de Cooperación Misionera” y copio literal: “Son encomiables las visitas a las misiones, sobre todo por parte de los jóvenes, que van para prestar un servicio y tener una experiencia fuerte de vida cristiana”. Creo que ahí está la clave: una experiencia fuerte de vida cristiana.

Vuelvo a repetir, nada de lo dicho pretende desmerecer lo que viviste, al contrario, me parece fabuloso y recomendable.

Gracias por tu paciencia.

Un saludo.

Vicente Gutiérrez Vázquez (misionero del IEME en Tailandia)

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