¿Necesita África ser salvada por los occidentales?

13 03 2008

Por África González Gómez 

África, 'escenario' para los famosos ¿Necesita el continente africano los viajes glamourosos de la actriz Angelina Jolie, de Bono —el cantante filantrópico de U2—, de Madonna acudiendo a solucionar el problema de los huérfanos en Malawi, o del último viaje de David Beckam, como embajador de Unicef, a Sierra Leona? Los más críticos consideran que estas campañas mediáticas distorsionan la imagen de África y perpetúan la imagen de un continente desvalido que necesita ser “redimido” por el hombre blanco. Es decir, más de lo mismo. Las visitas de Blair, de Brown, de Al Gore, y otros famosos al continente africano, y los grandes llamamientos con el inevitable y mesiánico “Save Africa” el año pasado (más concretamente la campaña “Save Darfur”), provocaron no pocos artículos y foros de discusión entre africanos, periodistas y ciudadanos interesados o amantes del continente.

Ya en diciembre de 2005, el escritor Paul Theroux en su artículo “The rock star’s burden” (La carga de la estrella de rock), publicado en el New York Times y en The International Herald Tribune, criticaba abiertamente a Bono por abanderar campañas “de palabras vacías y gestos públicos” basadas en la presunción errónea de que “África es fatalmente conflictiva y sólo puede ser salvada por ayuda externa“. Para Theroux: “África es un lugar encantador, mucho más encantador, pacífico y resistente y, si bien no próspero, mucho más autosuficiente de manera innata de cómo normalmente lo pintan. Pero precisamente porque África parece inacabada y tan diferente al resto del mundo, un paisaje en el cual una persona puede inventarse una nueva personalidad, atrae a los mitomaníacos, gente que quiere convencer al mundo de su valía”.  

Además de contra Bono —«ese rockero irlardés que se pasea con un sombrero de cowboy»— también se despacha a gusto contra el exhibicionismo de Angelina Jolie y Bratt Pit, «famosos blancos que viven de su imagen, aparecen en África a lo grande. Mirando a Brad Pitt y Angelina Jolie recientemente en Etiopía, abrazando a niños africanos y sermoneando al mundo sobre la caridad, la imagen que inmediatamente saltó a mi mente era la de Tarzán y Jane».  El pasado verano la revista norteamericana Vanity Fair decide dedicar un número especial a África. La revista invadía los kioskos con la portada de 21 diferentes fotografías de personas de prestigio internacional: desde George Bush y Condolezza Rice, hasta Desmond Tutu, Mandela, el candidato a la Casa Blanca Obama, el actor beninés Djimon Hounsou, la cantante Madonna, Brad Pitt, el multimillonario Warren Buffett, la modelo de origen somalí Iman, Bill y Belinda Gates. Y, por supuesto, el blanco de todas las críticas, el cantante irlandés Bono, que, desde las páginas de la prestigiosa revista alentaba a los próximos candidatos a la Casa Blanca a abanderar la causa de África.

Como reacción al número de Vanity Fair, salió publicado en el  Washington Post un artículo titulado “Dejen de tratar de salvar a África” (escrito por el joven escritor americano-nigeriano Uzondima Iweala, autor del libro “Beasts of No Nation”, una novela sobre niños soldado). El artículo de Iweala, como era de esperar, levantó grandes adhesiones en la comunidad afroamericana y africana. Su tesis es que África no quiere ser salvada, ya que los propios africanos son capaces de su propio desarrollo a través de una colaboración justa con otros países “de la comunidad global”.  

En el artículo critica duramente a los que quieren “salvar” África ya que, según él, lo hacen por vanidad y para paliar su sentimiento de culpa: “Parece que actualmente Occidente, consumido por la culpa respecto a las crisis humanitarias que ha creado en Oriente Medio, se ha puesto a ayudar a África para su redención. Famosos como Bob Geldof, o políticos como Tony Blair, han hecho suya la misión de traer la luz al continente oscuro. Vuelan para voluntariados y misiones de reconocimiento o para elegir niños para adoptar más o menos de la misma manera que mis amigos y yo en Nueva York tomamos el metro para ir a la perrera municipal a adoptar perros callejeros”. Y añade: “Ésta es la nueva imagen que Occidente tiene de sí mismo: una generación sexy, políticamente activa cuyos medios preferidos para propagar sus ideas son los artículos especiales en las revistas con famosos en primer término, y africanos desesperados al fondo”. Detrás de las palabras de Iewala se trasluce su hartura por la cantidad de famosos que se pasean por el continente como quien se pasea por un escenario para, a los pocos días, volverse a sus maravillosas mansiones.

África no es un decorado para hacerse fotos con niños famélicos al fondo contrastando con el color blanco de la piel del famoso de turno. Pero en casos como el de Vanity Fair, la culpa no la tiene el que se presta al “juego” de la foto que, imagino, quiere que su imagen sirva para “ayudar a una buena causa”, sino creo que la responsabilidad es de la organización que lo propone. Después de su “desahogo”, Iewala termina su comentario confiando en que la gente inteligente se dé cuenta de que África no quiere ser salvada. “Africa quiere que el mundo sepa que a través de socios iguales junto a otros miembros de la comunidad global, nosotros mismos seremos capaces de un crecimiento imprecedente”.   

Otro que hacía diana de sus críticas contra Bono es el músico nigeriano Femi Kuti, hijo del legendario Fela Kuti. En una entrevista se despacha a gusto y declara que África no necesita a Bono para decirles que es pobre, sino que necesita más iniciativas de los propios africanos y más inversiones que generen negocios. Y también necesita que “las democracias occidentales dejen de hacer la vista gorda respecto a la corrupción africana”. Por supuesto, no hay corruptos si no hay corruptores.  

Bono 'salvando' ÁfricaLa periodista freelance Jennifer Brea escribe un artículo titulado: “Los africanos a Bono: “¡Por el amor de Dios, por favor, para!” En él afirma: “tildar a África de lugar barbárico o sin esperanza o de encantador y chic puede vender revistas y puede conseguir que abramos nuestro monedero por un momento. Pero ninguno de estos mitos es verdadero o útil. Según ella, las campañas tipo “Make poverty history”, muestra a África, como continente a salvar, “negándoles a los africanos un papel como agentes de su propia transformación“. Y añade que, a largo plazo, la ayuda humanitaria hace más mal que bien por su efecto en el crecimiento económico de los países receptores. Y se pregunta si realmente queremos ayudar, “¿por qué no preguntamos a los africanos, no a sus gobiernos, como perciben los desafíos que tienen ante ellos, los sueños que tienen para el futuro, y los recursos que creen que necesitan para realizarlos?”.

El debate no es nuevo. Y dentro del mundo de la cooperación al desarrollo, ya hace tiempo que se plantearon la cuestión de qué imagen se da de los países del sur, sobre todo en las campañas publicitarias, y el tema quedó zanjado —o al menos quedó claro— con la aprobación por la Coordinadora de ONGD de un código de conducta. Sobre todo se pide que se presente a los pueblos del sur con dignidad, algo que no siempre respetan los viajes relámpagos de las estrellas mediáticas.

Por ejemplo, en el Código de Conducta de la CONGDE se asegura: “La comunicación y la publicidad son instrumentos de sensibilización y educación para el desarrollo, coherentes con el trabajo de las ONGD, por eso deberán propiciar el conocimiento objetivo de la realidad de los países del Sur, dando el protagonismo a las personas y pueblos del Sur, con absoluto respeto a su dignidad (…) La comunicación y la publicidad deben evitar tanto en los mensajes como en las imágenes, toda clase de discriminación, así como imágenes catastrofista, idílicas, generalizadoras o discriminatorias, que expresen una superioridad del Norte o que presenten a la gente del Sur como objetos de nuestra pena y no como socios en el trabajo conjunto de desarrollo”.

En mi modesta opinión, las grandes campañas mediáticas, sobre todo de organismos como UNICEF, ACNUR, OMS, que son los que más “tiran” de famosos, deberían aplicarse este código de conducta de nuestra CONGDE.

(Fuente: Mundo Negro Digital, 30/01/2008)

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19 03 2008
Juan Felipe Sebastián

Me parece interesantísimo el enfoque de una nueva África, o al menos una nueva imagen africana, con africanos capaces de autogobernarse y reflotarse de la conflictiva situación actual. No me parece adecuado si, el tono resentido con que se trata el tema de los blancos que abusan de la exposición mediática al visitar a los “pobres africanos”. Se abusa de la ironía al tener la voz. Como sucede en los documentales de Michael Moore, quien poniendo en el tapete un tema contingente y a veces con la razón y otras no, abusa de la ironía y la ridiculización, lo cual requiere de un mínimo talento para lograr el efecto. Es lamentable pues cuando se tiene un punto no deberían faltar los argumentos y entonces la burla está de más. Acá me pasa un poco lo mismo al criticar a Bono por su sombrero de cowboy, o la piel blanca contrastando con la de los habitantes locales, puntos que no tienen nada que ver con el fondo. Además no hay que olvidar que no se puede generalizar, muchos de esos blancos no están haciendo campaña y realmente quieren ayudar y resulta injusto atacar buenas intenciones aunque sean o no suficientes.
Hay que reconocer que el problema es mucho más complejo de lo que se plantea. Hay componentes históricos, raciales, geográficos que hacen del problema africano algo mucho más complejo de lo que un grupo de turistas blancos pueda hacer. Me parece que un orgullo ciego, con metas claras sea la solución. Lo de las metas claras me parece rescatable, sin embargo si hay que atacar, o mejor dicho cuidarse de alguien es de las corporaciones que ordeñan África, fomentando el desorden y la violencia del cual sacan provecho. Por ejemplo, y aquí termino, aunque el tema es para añadir infinitamente, el otro día veía en National Geographic la crónica de un sujeto de quien lamentablemente no recuerdo el nombre, quien viajando en globo llegaba a África y establecía un estrecho contacto con el patriarca de una tribu africana. Lo que llama la atención es que la tribu ya no podía usar las fuentes naturales de agua que había usado ancestralmente sino que debían comprársela a una transnacional que se había hecho de todas las fuentes de agua existentes, incluso pozos naturales o embalses. Lo mismo pasó en Cochabamba, acá en Sudamérica hace años, donde también una transnacional con capitales provenientes del hemisferio norte, se hizo hasta del agua de lluvia, o sea, si la gente juntaba agua de lluvia, la compañía le haría llegar la factura. Sin más comentarios…

Concepción, Chile, 19 de marzo del 2008

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