Trabajo y dignidad

30 04 2008

Por Marina de Miguel

El recrudecimiento de la pobreza y la desigualdad, la falta de seguridad para formar una familia o las innumerables dificultades de los jóvenes a la hora de emanciparse. Éstos son algunos de los síntomas que, aunque a menudo asumidos como inevitables, alertan de un fallo en la concepción de la propia existencia. “La evolución del trabajo ha desembocado en una situación en la que, además de las características situaciones de injusticia, se ha generado un problema antropológico que dificulta el poder vivir: el poder ser humano“. Así lo expresa Alfonso Alcaide Maestre, militante de la HOAC de Sevilla y editor del libro El trabajo humano, principio de vida, fruto de las reflexiones del Departamento de Pastoral Obrera (Comisión de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal) y publicado por EDICE.

Motivado por una honda preocupación en el hombre, como “camino primero y fundamental de la Iglesia” (Redemptor hominis,14), parte de la constatación -según relata Alcaide- de una especie de materialismo económico-científico que lo mercantiliza todo. Frente a ello, se propone un Proyecto de Humanización, “proceso mediante el cual el hombre se descubre como Hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, y se decide a vivir su vida en coherencia con la nueva identidad personal-humanitaria que le ha sido revelada en Jesucristo”, como señala el grupo de expertos que, coordinados por Antonio Algora, obispo de Ciudad Real, participa en el libro. Su tarea fundamental, apostilla el editor, es “amar y construir la comunión en libertad“.

Esta búsqueda de un proyecto para conseguir que el hombre sea cada vez más plenamente humano también atañe a los no creyentes, por lo que se invita a reflexionar de forma dialogante sobre la aparición de un nuevo conflicto social -o de la llamada ‘cuestión social’-, de marcado carácter antropológico.

Las necesidades, el hacer y el impulso vital, las tres fuerzas contenidas en la propia naturaleza, son las herramientas con las que construir este proyecto. Las necesidades son contempladas en este estudio como fuerzas que posibilitan la humanización o deshumanización. En este sentido, muestra cómo la sociedad potencia las materiales, consideradas como carencias, pues eso le permite diseñar el prototipo de consumidor. Mientras, las culturales y espirituales, dirigidas a la humanización, carecen de importancia porque no son objeto de mercado. A partir de lo expuesto, el Departamento de Pastoral Obrera de la CEE afirma en este libro que las necesidades serán verdaderamente humanas si son: históricas, abiertas, universales, sostenibles y funcionales.

El hacer humano, por su parte, tiene varias dimensiones: el trabajo, actividad relacionada con la producción; la obra, relacionada con la vocación; la acción, ligada a lo político social; y la contemplación, de acuerdo con la evaluación de la propia existencia. Lejos de un equilibrio entre estas facetas, se ha sobredimensionado el trabajo y se han ido atrofiando progresivamente las restantes, cuyo resultado es el “hombre productor consumidor“.

La normalización social de este modelo, explica, se consigue dotando de sentido al impulso vital, es decir, la triple necesidad de carácter psicológico que todos deben satisfacer: reconocimiento, valoración social y gozo, y disfrute. Esto se ha traducido en la sociedad actual en poseer, poder y consumo instintivo.

La familia, la más afectada

“El problema actual del mundo del trabajo no puede definirse sólo en términos de justicia social, se plantea en términos de realización humana“, resalta Alcaide para señalar que la configuración laboral niega la posibilidad misma de ser.

La familia es una de las dimensiones más afectadas por el afán mercantilista. “El individuo aislado, que tanto gusta al liberalismo económico, no existe. Lo que existen son personas integradas en redes sociales y familiares. Cualquier intento de romperlas es un grave atentado contra la persona“, recuerda el militante de la HOAC.

Ante ello, desde El trabajo humano, principio de vida se invita a “vivir de otra manera“, creando una nueva forma de ser familia, relacionarse, consumir y trabajar. Al mismo tiempo, se pide que en los convenios y negociaciones se tengan en cuenta “los derechos familiares de la persona y los derechos sociales de la familia”. “Hay que reivindicar estos derechos de igual manera que las medidas contra los grandes problemas actuales”, concluye Alfonso Alcaide.

(Fuente: revista Vida Nueva)

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