Nada que decir

26 05 2008

Por Abel Domínguez*

El silencio empieza a ser un tesoro muy preciado y casi imposible de encontrar. Quizás porque estamos rodeados de tantos aparatos, cuyo ruido no podemos detener…

… pero también puede ser porque nosotros mismos huimos del silencio.

… encendemos la radio en cuanto hay un poco de silencio en el cuarto o en el puesto de trabajo.

… ponemos la tele, aunque no la veamos, para llenar el silencio de la sala.

… mp3, mp4, ipod… conectados a la oreja mientras vamos en el bus o andando.

En definitiva, hay que reconocerlo: muchas veces nos molesta el silencio… Sobre todo cuando estamos acompañados, ¡cuánto cuesta compartir unos segundos de silencio!… y qué pronto lo estropeamos con alguna palabra inoportuna que rompe la magia.

¿Y si comenzamos la búsqueda de algún momento de silencio? ¿Y si nos lo ponemos como el momento irrenunciable del día?

… el silencio puede que nos empiece a ayudar a descubrirnos por dentro

… el silencio puede que nos vaya moldeando hacia una vida menos superficial

… el silencio puede que se convierta en testimonio de lo absurdas que son muchas de nuestras palabras

… el silencio puede que vaya dejando hueco a la presencia de quien sí tiene Palabras con sentido para decirnos

Si te lo propones… no renuncies a ello. Ya no mires atrás… conquístalo y que nadie te lo arrebate.

* Abel Domínguez es Salesiano y Licenciado en Historia. Actualmente se encuentra en Roma realizando estudios de Teología.

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2 responses

26 05 2008
buscandotushuellas

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

si se callase el ruido… (Ismael Serrano)

Un abrazo, enhorabuena por la revista, que da luz y agua a los que andamos buscando.

TeSs

26 05 2008
Mª Pilar García

Totalmente de acuerdo, el silencio, de verdad abre las puertas al que ¡ya! habita en nosotros, y escucharle ¡Ah! es la más rica experiencia de su vivir en nosotros; es el principio de la luz, todo parece más sencillo cuando Él se comunica… y la Palabra se ilumina. Merece al pena trabajar para entrar en nuestro propio pozo interior, donde mana el agua de la Vida, la que Él nos da a todo el que quiera beberla… Recordar la samaritana…

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