Lars y una chica de verdad

3 06 2008

Lars y una chica de verdadCandidata al Oscar 2008 al mejor guión original y al Globo de Oro al mejor actor de comedia (Ryan Gosling), esta película no triunfó en Estados Unidos seguramente porque es muy distinta a lo que parece. El espectador puede pensar que se trata de otra estúpida comedia americana para jóvenes con encefalograma plano. Cuando, en realidad, se trata de una tragicomedia divertida, profunda e inteligente, muy cercana a ese nuevo cine indie, que actualiza el fresco estilo clásico de Frank Capra. Como Millones, Pequeña Miss Sunshine o Juno.

En efecto, Lars y una chica de verdad sigue los pasos de esas espléndidas películas relatando la fabulosa historia de Lars Lindstrom, un joven tímido y solitario, profundamente traumatizado por el hecho de que su madre murió al darle a luz. Ahora vive en el garaje de la casa de su hermano y su embarazada cuñada, situada en un pueblo de la América profunda. Allí trabaja Lars en una anodina oficina, junto a un desagradable obseso sexual y una dulce chica a la que Lars le gusta. Pero éste nunca responde a sus delicadas insinuaciones pues padece fobia a que le toquen.

Un día, Lars se presenta en casa de su hermano con una muñeca hinchable que ha comprado por internet, y a la que presenta como Bianca, una misionera brasileña, amiga suya, que está muy enferma e intenta recuperarse. Tras el estupor inicial, su hermano y su cuñada siguen la corriente a Lars, de acuerdo con la doctora del pueblo, que anima también al resto de los lugareños a participar en la pantomima, pues considera que puede ayudar a Lars a salir de sí mismo y superar sus traumas. Muy pronto, Bianca comienza a recibir numerosas ofertas de trabajo como maniquí en escaparates o como cuentacuentos en una guardería.

Sin entrar en la real eficacia terapéutica de la solución Lars, el cineasta australiano Craig Gillespie (Cuestión de pelotas) salva la tentación de juguetear con los elementos sórdidos, grotescos o ñoños de esta fábula, y la transforma en una tragicomedia deliciosa, realista e idealista, divertida y profunda a la vez. Resulta especialmente lúcida su capriana reivindicación de la caridad cristiana, el comunitarismo y la fantasía como un camino posible de redescubrimiento de la realidad. Incluso la religión recibe un tratamiento amable y rico en matices, a través de la sencilla piedad y el firme sentido moral del protagonista, y de la acogedora disposición del pastor protestante del lugar. Por ejemplo, éste resuelve la encendida discusión sobre la singular amiga de Lars con la pregunta del millón: “¿Qué haría Jesucristo en esta situación?”.

Todo esto, claro, no resultaría ni creíble ni entrañable sin un reparto sólido, que se tomara en serio el argumento y se metiera en la piel de los personajes con todas sus consecuencias. En este sentido, hay que quitarse el sombrero ante Ryan Gosling —que vuelve a mostrar su amplitud de recursos—, pero también ante Emily Mortimer, Paul Schneider y Patricia Clarkson, magníficos en sus caracterizaciones de la cuñada de Lars, el hermano y la doctora, respectivamente. Por lo demás, Gillespie logra una limpia y luminosa puesta en escena, que refuerza la frescura del inteligente guión de Nancy Oliver y casi obliga a un montaje muy ágil, siempre eficaz en sus efectos cómicos y dramáticos, algunos memorables.

(Fuente: Cinemanet)

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