Solemnidad de la Asunción de María

15 08 2008

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara)

María se nos presenta hoy como la criatura llena de gracia, amada de Dios, exaltada sobre todos los seres creados, y a la vez, su glorificación anticipa el destino de la Iglesia, la comunidad de los redimidos por su Hijo Jesús.

En un símil con los juegos olímpicos, podríamos presentarla como la ganadora de todas las medallas, que sube al podium de los triunfadores por haber obedecido a la voluntad de Dios y mantenido su fidelidad hasta el final.

El pueblo cristiano, por una intuición sapiencial, ha comprendido, desde muy antiguo, que la Madre de Jesús no podía conocer la corrupción y que debía participar en el triunfo de Aquél que, nacido de sus entrañas, vivió, padeció, murió, resucitó y ascendió a los cielos (cf 1 Cor 15, 20-27).

La Madre de Jesús goza de la gloria de su Hijo. La que no conoció pecado ha sido elevada al cielo para gozar del triunfo de Jesús sobre la muerte. Sin embargo, la Asunción de María no hace que se desentienda de la comunidad humana. Ella sigue siendo nuestra Abogada, mediadora ante su Hijo en favor nuestro.

Durante este año, en el acompañamiento que presto a tantas personas que desean hacer unos días de ejercicios espirituales, ofrezco la contemplación de la historia humana, la de cada uno, a la luz de la travesía que el Pueblo de Dios hizo por las estepas desérticas, durante cuarenta años, hasta llegar a la tierra de la promesa. En ese camino se nos asegura el acompañamiento de Dios, pero además, desde el texto que nos propone la Liturgia en esta fiesta -en el que se lee que la Mujer marchó al desierto donde tiene un lugar reservado por Dios (Ap 12, 6-10)- interpreto que también gozamos del acompañamiento de María, mientras dura la representación de este mundo.

Dios mismo nos propone a María como la Amada, la llenada de gracia. La Virgen de Nazaret canta que los pobres son enriquecidos; los humildes, exaltados; los hambrientos, saciados. Ella alcanza, por especial privilegio, la santidad más plena, pero a la vez que es propuesta como modelo de vida, intercede por quienes aún peregrinamos por este valle áspero del desierto.

La liturgia de la Palabra nos muestra el misterio de la asunción a los cielos de María evocando el pasaje en que ella sube a la montaña para servir a su prima Isabel. Hay caminos terrenos que son profecía de los del cielo. Jesús ha revelado que la misericordia es el título más acreditado para sentarse a su derecha en el Reino (cf. Mt 25).

El triunfo de María es la coronación de la humildad de la sierva del Señor, la verdad cumplida del Evangelio: el que arriesga su vida, la gana.

Hoy es un día emblemático para sostener la esperanza, porque una mujer de nuestra raza ha sido coronada de gloria. En ella nos sentimos todos nosotros exaltados, pero a la vez es una propuesta de forma de vida enamorada de Dios, o si cabe decirlo en sentido evangélico, una vida testigo del amor divino, que se derrama en nuestro corazón.

Hoy, Buenafuente, como toda la Orden del Cister, celebra el día de su Patrona.

Fuente: ciudadredonda.org

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