700 mil millones para salvar a los ricos

8 10 2008

Por Pedro Miguel Lamet, sj

Hans-Gert Poettering (Alemania, 1945), presidente del Paralemento Europeo, ha puesto el dedo en la llaga respecto a la crisis: “No podemos permitir que tras la crisis monetaria, los americanos pongan 700.000 millones de dólares en el sistema bancario, es decir, a unos bancos que ganan dinero para su uso privado. Además, hay otro aspecto. Nunca comprenderé que haya 700.000 millones de dólares de los contribuyentes disponibles para salvar al sistema financiero y no para luchar contra el hambre del mundo. Esto no es aceptable y por esto propongo correcciones”.

La crisis tiene también un lado de purificación

Durante las últimas semanas no se ha hablado de otra cosa que de la crisis. El otro día leía las conclusiones muy pesimistas de un hombre de negocios. En su opinión la clase política española en general y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en particular, no dan muestras de ser conscientes de la que “se nos viene encima”. O nadie les ha contado el alcance real de lo que está pasando o están mirando hacia otro lado. Estaríamos en una crisis de carácter histórico, un crack superior al del 29, que se va a llevar por delante la estructura del mercado, una crisis no sólo europea y norteamericana, sino generalizada, de carácter mundial.

Sin embargo desde un punto de vista más espiritual y solidario el panorama no es tan negro: algo parece estar cambiando en el mundo. El lugar que ocupaban las Torres Gemelas, la nueva zona cero de Nueva York, se habría desplazado ahora 50 calles más arriba, a un par de manzanas de imponentes rascacielos que albergan las sedes de los grandes bancos de inversión, los reyezuelos de los últimos tiempos de dinero fácil, sueldos millonarios y excesos de todo tipo, y los villanos -y chocantes víctimas- del último capítulo del tsunami financiero.

El dios del capitalismo, la ambición sin medida, ha comenzado a caer de su pedestal. Nada será lo mismo ya en Estados Unidos. “Se ganará menos dinero y se endurecerá la normativa bancaria, hasta que alguien invente la forma de saltársela”, asegura el responsable de un fondo de alto riesgo con sede en Washington. Y dos: tras años de ultraliberalismo fundamentalista, los mercados constatan que el Gobierno -y la regulación- no es el problema, es la solución. La Administración de Bush ha salido al rescate con la mayor intervención pública sobre los mercados que se recuerda. Puede que mayor incluso que la posterior a la crisis de 1929. Los especialistas dicen que eso no es una novedad. Pero no deja de ser curioso que el santuario del liberalismo haya que acudir a medidas “socialistas”, a la intervención del “papá Estado”.

Es cierto que los pobres son los primeros que están pagando el desastre. Pero hay datos curiosos, como la espectacular bajada en Estados Unidos de los accidentes de automóviles, porque se saca menos el coche, o la limpieza de indeseables en el mercado económico. Quizás tengamos que sufrir, pero un lado positivo de este terremoto es la “limpieza” o purificación que parece llevar consigo.

En este sentido Benedicto XVI ha sido muy claro con su reciente advertencia de que la crisis económica y financiera mundial no exime de aplicar los compromisos adoptados en la lucha contra la pobreza. Ante la anunciada cumbre mundial de la ONU, el Papa acaba de renovar la invitación “para que se tomen y se apliquen con valentía las medidas necesarias para desarraigar la pobreza extrema, el hambre, la ignorancia y el flagelo de las pandemias, que golpean sobre todo a los más vulnerables”.

(Fuente: blog “El alegre cansancio”, 28/09/2008)

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4 responses

9 10 2008
Mª Pilar García Mz. de Aguirre

¡Ojalá de verdad, sea el principio de una nueva manera de vivir… funcionar, la economía! Quizá, ahora sí, se tenga la mirada más abierta, donde estén de manera especial, todos las personas peor tratadas y que sin embargo, son las que llevan el peso más duro, para que los poderosos se eleven tanto tanto, que los “otros” quedan del todo difuminados. Y a la vez me pregunto: ante este momento tan difícil para los menos afortunados, donde ni los alimentos vitales para sus vidas están garantizados… Nuestra Iglesia, ¿no podría hacer un gesto de generosidad grande, y aportar de sus muchos “tesoros” una ayuda ejemplar? al menos, que los alimentos no dejaran de llegar, más aun si cabe, a los países, que sin ellos están condenados a más muerte y enfermedad. Es un sueño que acaricio desde que tengo uso de razón… creía pertenecer a la iglesia de los pobres… Los predilectos del Padre.
mª pilar

10 10 2008
María Isabel Montiel

En contestación a Mª Pilar García, señalaría que bienvenida sea la crisis económica, si nos hace pensar más en los desfavorecidos.
Como se apunta en el artículo, el Papa invita a tomar las medidas necesarias para desarraigar la pobreza extrema, el hambre, la ignorancia,… que aquejan siempre a los más vulnerables. Pero nos lo pide a todos: gobiernos, instituciones, y también a los ciudadanos de a pie, que podemos y debemos aportar nuestro granito de arena.
Esa idea tan extendida de que los tesoros de la Iglesia deberían ser vendidos y aplicar sus beneficios en favor de los pobres, no sería la solución. Por muchas razones, que no es oportuno tratar ahora. Pero ¿hemos caído en la cuenta de que todos somos Iglesia y no sólo la jerarquía o las instituciones eclesiásticas que puedan poseer esos bienes? Pues vayamos aplicándonos el “cuento”.
Además, ¿no entrega la Iglesia sus mejores “tesoros” (misioneros, religiosos o seglares), que dan su vida y se dedican a atender las necesidades de los más pobres, material o espiritualmente? ¿Qué otro organismo mundial hace eso de forma más desinteresada?
Tratemos todos de aportar lo mejor de nosotros mismos, y de concienciarnos y concienciar a otros de que un mundo más justo y mejor es posible.

10 10 2008
Mª Pilar García Mz. de Aguirre

Por supuesto que todos somos Iglesia, y que debemos compartir más incluso de lo que pensamos que podemos… Personalmente sigo pensando que el gran pecado de nuestra Iglesia es, “el poder y la riqueza” que nada tienen que ver con lo que Jesús Señor nos dejó dicho, vivido, y muerto en cruz por ello; y lo dijo bien clarito, sólo hay que leer con atención los evangelios… Hoy nos muestra la revista un hermoso ejemplo, el libro de Martini; quizá él, con verdadera autoridad y experiencia (la mía tiene muy poco valor, aunque sea auténtica y vivida intensamente) es un ejemplo a seguir, y es el camino que muchísimas personas están suplicando con verdadero dolor, lucha, y a la vez esperanza, de que otra Iglesia es posible y necesaria… Mª Pilar

20 10 2008
JORGE

El Papa lo ha dicho: la palabra clave es solidaridad. Esos 700,000 millones no van por solidaridad, van por conveniencia.

A los bancos los premian por usureros y a los pobres ni los toman en consideración.

Hay que orar y trabajar mucho.

Gracias y bendiciones.

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