By-pass eclesial

24 10 2008

Por Víctor Codina*

By-pass es una expresión inglesa que significa juntar dos partes de un camino, hacer un puente, dar un rodeo para evitar inconvenientes o peligros. Se ha hecho famosa esta expresión en lenguaje médico para designar una cirugía de corazón que, dando un rodeo de la parte dañada que obstruye el flujo sanguíneo, une venas y hace puentes para permitir que la sangre pueda de nuevo fluir. Siempre es un remedio artificial y provisional, diferente del flujo normal de la circulación sanguínea de un cuerpo sano y vigoroso. Tampoco es una solución muy duradera.

Pasemos a la vivencia y práctica de nuestra religión. Podemos preguntarnos si no se dan en la Iglesia algunas situaciones de by-pass, en las que damos rodeos para evitar provisionalmente abordar un problema y a las que ya nos hemos acostumbrado tanto que ya no nos damos cuenta de que es algo anormal. Vamos a limitarnos a poner algunos ejemplos.

Pastoral de la Confirmación

La confirmación ha pasado en los últimos años de ser un sacramento casi olvidado y marginado a concentrar la máxima atención de los agentes de pastoral, sobre todo para la pastoral juvenil. Para algunos la confirmación viene a ser el sacramento de la juventud, el momento en el que los jóvenes afirman libremente su fe y renuevan el bautismo recibido de niños. Los jóvenes durante largos meses o incluso durante algunos años se preparan para recibir el sacramento del Espíritu con indudable fervor. Todo esto es realmente positivo y alentador.

Pero poco a poco nos vamos dando cuenta de algunas anomalías existentes en esta pastoral. Por una parte, se ha ido elaborando una teología de la confirmación como un sacramento “en sí mismo”, lo cual contradice aspectos centrales de nuestra religión, de la tradición patrística y de la Iglesia oriental que nunca han considerado la confirmación como un sacramento separado del proceso de iniciación cristiana y mucho menos como el sacramento de los jóvenes, un instrumento para la renovación del bautismo. Si la confirmación se limitase a renovar el bautismo, sería innecesaria en los casos de bautismo de adultos. Además, para renovar el bautismo bastaría con invitar a los jóvenes a unos días de retiro espiritual, pues no se necesita para ello un sacramento especial.

Como es sabido, la Iglesia occidental por motivos pastorales separó la confirmación del bautismo, la reservó al obispo y posteriormente retrasó su edad hasta la juventud. Esto explica la actual teología y pastoral de la confirmación, pero no acaba de solucionar los problemas pastorales de hoy, porque hoy día los agentes de pastoral constatan con dolor que la gran mayoría de estos jóvenes que se han preparado para la confirmación con tanto fervor, una vez recibida la confirmación ya no se acercan más a la Iglesia, tal vez hasta su matrimonio.

La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿no será que la Iglesia prefiere potenciar la confirmación, con todas sus ambigüedades teológicas y pastorales actuales en vez de revisar la iniciación cristiana en su conjunto porque en el fondo no quiere cambiar la praxis generalizada del bautismo de niños? La praxis del bautismo infantil, ciertamente antigua, venerable y teológicamente bien fundamentada, se generalizó en la Iglesia de Cristiandad, pero hoy no responde a una Iglesia que ya no vive en situación de Cristiandad, ni es respuesta pastoral adecuada a las exigencias de un mundo secularizado y pluri-confesional, donde la fe ya no se transmite de padres a hijos, ni cuenta con el apoyo social. ¿No será la pastoral actual de la confirmación un by-pass eclesial que tal vez nos parece de momento excelente, pero que en realidad es algo artificial y anormal que rodea el verdadero problema de repensar la iniciación cristiana y el bautismo de niños y no corresponde al fluir normal del Espíritu que exigiría la Iglesia de hoy?

Diaconado Permanente

Una de las grandes innovaciones del Vaticano II fue sin duda la restauración del diaconado permanente, que estaba reducido a ser a un paso previo al ministerio sacerdotal. Los frutos pastorales del diaconado permanente en la Iglesia han sido muy positivos, sobre todo para compensar la penuria de presbíteros y para inculturar la fe en ambientes campesinos e indígenas.

Pero podemos preguntarnos si esta euforia diaconal en el fondo no será una solución paliativa y artificial que sirve para contentarnos con este by-pass pastoral para no tener que plantear la cuestión del ministerio ordenado en la Iglesia. Estos diáconos, la mayoría casados, hombres maduros en su fe, “viri probati”, que sirven a sus comunidades desinteresadamente y con gran amor ¿no podrían ser excelentes presbíteros en sus comunidades?

Parroquialización de la Vida Religiosa

Los religiosos clérigos han asumido parroquias para responder a las necesidades pastorales de muchas Iglesias locales sin clero diocesano suficiente. Esto sin duda significa un gran amor y servicio de la vida religiosa a las Iglesia locales y en estas parroquias regentadas por religiosos se produce mucho fruto pastoral.

Pero podemos preguntarnos si no hay el riesgo de que los diversos carismas religiosos de franciscanos, dominicos, mercedarios, carmelitas, jesuitas, salesianos, redentoristas, claretianos, …queden reducidos al servicio pastoral de las parroquias, privando a la Iglesia de la especificidad de sus carismas propios que seguramente tienen un ámbito más universal y menos limitado que las parroquias, como por ejemplo la espiritualidad, la contemplación, la liturgia, la educación, la misión evangelizadora, la teología, el ecumenismo y el diálogo inter-religioso e inter-cultural, la promoción social, la atención a jóvenes, a los enfermos, a los marginados, a los refugiados, a los niños de la calle… ¿No habrá el peligro de apreciar a la vida religiosa más por su utilidad pastoral-parroquial que por su testimonio de vida evangélica en seguimiento del Señor, una vida mística y profética? ¿No se minusvalorará la vida religiosa laical y femenina que no pueden asumir parroquias?

Pero además de ello, el llenar los vacíos de las parroquias del clero diocesano con religiosos ¿no retrasará el que la Iglesia universal se plantee la cuestión de los ministerios ordenados? ¿No será esta dedicación de religiosos a las parroquias un auténtico by-pass eclesial para evitar abordar el verdadero problema de fondo?

Promoción teológica y Pastoral del Laicado

En estos últimos años ha crecido enormemente la conciencia del laicado en la Iglesia y en muchas Iglesias crece el número de laicos y laicas que se dedican a la teología y que asumen responsabilidades pastorales e incluso se convierten en dirigentes de comunidades sin sacerdotes.

Sin duda es sumamente positivo este despertar del laicado en la Iglesia, ya que supone una Iglesia Pueblo de Dios, donde los bautizados se sienten discípulos y misioneros. El acceso de laicos y laicas a la teología sistemática es un gran valor para la Iglesia, acostumbrada a que la teología sea algo exclusivo de clérigos, varones y celibatarios. Un laicado experto en teología ofrece unas posibilidades hasta ahora inéditas de favorecer un diálogo interdisciplinar entre teología y sociedad, teología y cultura moderna, teología y familia, teología y mujer, etc. El que laicos y laicas asuman funciones pastorales en la Iglesia es algo también positivo es estos tiempos de crisis de vocaciones sacerdotales: presiden los domingos celebraciones de la Palabra, son ministros de la eucaristía, son asistentes pastorales… A estos laicos y laicas hay que sumar la acción pastoral de las religiosas, que asumen responsabilidades pastorales e incluso parroquiales en ausencia del clero.

Sin embargo podemos preguntarnos si toda esta riqueza no es un auténtico by-pass eclesial que nos impide tener en cuenta que la eucaristía es el centro de la Iglesia, cumbre y centro de la actividad eclesial, que no hay Iglesia sin eucaristía, que la eucaristía hace la Iglesia, que los que presiden la comunidad son los que deben presidir la eucaristía, que no es normal que las comunidades permanezcan sin la celebración eucarística del misterio pascual, ni es normal que dirijan la comunidad personas que no han recibido el ministerio ordenado y el don del Espíritu ligado a la imposición de manos.

En resumen, temo que estemos viviendo con toda normalidad e incluso potenciemos en la Iglesia de hoy soluciones de emergencia, que sin duda de momento producen frutos positivos, que incluso abren nuevas posibilidades hasta ahora cerradas, pero que, de hecho, encubren los problemas de fondo, retrasan soluciones más radicales y definitivas, hacen que nos acostumbremos a dar rodeos y a no enfrentar los verdaderos problemas, que nos contentemos con cirugías cardiacas que, aunque de momento solucionen el problema, impiden que la sangre eclesial fluya con toda energía por las arterias y venas de la Iglesia del Señor. No es el viento y el fuego del Espíritu que en un nuevo Pentecostés renueva y vitaliza a la Iglesia, como Juan XXIII deseó al convocar el concilio Vaticano II. Y no olvidemos que el by-pass tampoco tiene larga duración…

(Fuente: Mirada Global)

* Víctor Codina es sacerdote jesuita, Doctor en Teología y Profesor en la Universidad Católica Boliviana de Cochabamba

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2 responses

25 10 2008
Fe

Gran artículo, que toca el “quid” de la cuestión, el gran problema de la religión. Sobre este tema, Enrique Martinez Lozano, en su libro “¿Qué Dios y qué salvación?”, habla con gran claridad y lucidez. En su página web: http://www.enriquemartinezlozano.com se puede leer la introducción. Vale la pena que nos cuestionemos y cambiemos nuestra visión del conjunto. Una nueva consciencia está emergiendo, y hay que adecuarse a las nuevas preguntas, que no pueden responderse con respuestas fosilizadas…
Un abrazo,
Fe Lorenzo

25 10 2008
Mª Pilar García

Totalmente de acuerdo, pero este “mal menor” se supone es el grito de auxilio, que la iglesia pueblo ayudada por sus clérigos, envían a la casa paterna… para que de una vez, se decida a cambiar, sanar, rejuvenecer todo servicio, toda experiencia de vida, dentro se su propia casa. De momento, están muy preocupados de no perder el poder, la imagen, el gesto que cada vez va más hacia atrás… Hay que comenzar antes de que ya no quede nadie, al frente de nuestras parroquias, para llevar adelante, los servicios de Vida, que todo creyente necesita para seguir caminando. Si no hay vocaciones “clásicas” el pueblo busca entre lo mejor de sus fieles, quien tome de alguna manera las riendas, y eso… ciertamente es un arreglo nada contundente para la buena “salud de la iglesia; de momento es una solución, que está dando resultados buenos a corto plazo… o largo, dependiendo de la regeneración de la “madre iglesia jerarquía”. mª pilar

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