El río de la Palabra (IV): la controversia

2 12 2008

Por Jairo del Agua*

Al llegar a esta parte de mi reflexión ya conozco algunas objeciones. Los más ortodoxos descalifican mi tesis inicial: No “toda” la Escritura es “palabra de Dios”. Me insultan sin contemplaciones y me abruman con una serie de citas oficiales que sostienen lo contrario. De eso me quejo precisamente: ¡Que todavía HOY se mantengan textos que, con criterio integrista y sacralizador, afirmen tesis superadas! Eso desorienta y hace daño a muchos que buscan sinceramente la doctrina del Señor. Lo sé por experiencia propia y ajena. Me duele amargamente que se confunda al Pueblo de Dios, es decir, a la Iglesia. Ese dolor motivó el comienzo de este largo artículo. Volveré a gritarlo: ¡Deben revisarse y cambiarse en los “textos oficiales” (liturgia y catecismo, por ejemplo) expresiones obsoletas y superadas! Sólo plantearé algunas preguntas para que cada cual saque sus conclusiones.

¿Vendrá de la Palabra la inspiración de cometer un parricidio “fiel” para honrar a la divinidad? ¿Serán las matanzas, las venganzas, los celos, los adulterios, los robos, la explotación de los débiles, etc. -descritos profusamente en la Biblia- “dictados” por la Palabra? ¿No será, más bien, que gentes primitivas engendraron una “religión primitiva y bárbara” que justificó sus crímenes colgándoselos a la voluntad de Dios? ¿No será, más bien, que la Palabra fue el freno a tanto dislate y el impulso humanizador de gentes mayoritariamente deshumanizadas? ¿Aún en el NT no fue una “religión bárbara” aliada con un “poder bárbaro” la que quiso aplastar la Palabra?

Iré aún más lejos: ¿En nuestra propia historia cristiana no hemos participado también de la “religión bárbara” -de la que venimos- “justificando” el martirio de la Palabra con una supuesta voluntad de Dios, necesitado de resarcir su honra para perdonarnos? ¿No fue una “religión bárbara” la que encendió guerras santas, hogueras purificadoras, conspiraciones bastardas, etc. y acaparó los tres poderes en una tiara santa?

Me atrevo a decir que hoy estamos, en gran medida, entre una “religión bárbara” y una “religión infantil”. No hay más que observar, por ejemplo, “los signos” rancios y elitistas con que los líderes religiosos se presentan -qué vergüenza Señor- ante el santo Pueblo de Dios. Uno piensa ingenuamente que el “poder y la gloria” sólo le pertenecen a Dios…

Menos mal que, tanto ayer como hoy, queda “un resto” numeroso que, superando formalismos y exageraciones, busca sinceramente la Palabra, la enarbola y la difunde en un mundo medio bárbaro, a pesar de sus conquistas intelectuales. Ese “resto” cree en una religión humanizadora, liberadora y adulta, que fluye en el hondón de los humanos, les ilumina, les levanta y les proyecta al horizonte de una “tierra nueva”. ¿Qué querrá decir “y la Palabra se hizo carne” o “el reino está dentro de vosotros”?

Una vez más proclamaré que hay que ser valientes, caminar y avanzar, “cantar un cántico nuevo” (Ap 14,3). No es anclándose al pasado como se puede progresar. No es cultivando una “religión infantil” de miedos, ritos y normas externas, coacciones a la libertad y conductismo social, como se llega a la madurez y plenitud humanas. La auténtica religión nos lleva a ser autónomos y libres, es decir, adultos. Para hincar la rodilla, rotunda y sinceramente, ante el Dios Amor revelado hay que descubrirlo “en espíritu y verdad” en lo íntimo de nuestra humanidad. ¿No es eso lo que nos demuestra “la encarnación”, la Palabra “hecha carne”? Las exageraciones y los angelismos son lo que muchos rechazan de la religión. La ven como algo superpuesto, artificial, innecesario, pasado de rosca. ¿No deberíamos demostrar que la religión cristiana es un camino de humanización, de continuo progreso, de maduración y de plenitud?

También hay quienes censuran la lectura subjetiva. Sé bien que todas las exageraciones son desequilibrios a evitar. Hablé de ello en el artículo anterior. Pero el rechazo total al subjetivismo es otra exageración. ¿Cómo se puede leer con impermeable, es decir, sin implicar al sujeto, dejando “fuera” toda luz e interpretación personal? ¿Cómo se puede conducir desde el asiento del copiloto? En la misma Escritura se lee: “Cógelo y cómetelo” (Ap 10,9). ¿Cómo se puede comer un manjar sin masticarlo personalmente?

Por un lado nos aconsejan la lectura de la Biblia. Por otro nos dan el alto, no vayamos a caer en el subjetivismo. ¿Si el mensaje es divino, cómo es que cabe en los “paquetes prefabricados” de los ilustres? San Agustín nos explicaría rápidamente que es imposible embalsar toda el agua del mar en un hoyo de la playa. Para encontrarse con la Palabra no es necesario saber qué es la hermenéutica, la exégesis, ni la interpretación sincrónica o diacrónica. A la mayoría nos basta con tener “sed” y “sencillez”. Quienes exageran los temores demuestran que no creen ni en el Espíritu, ni en la Escritura: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos” (Mt 11,25) – “Así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,11).

También rechazan la lectura sectorial, es decir, la selección de textos. Todo es santo y recomendable en la Biblia. Otro disparatón. ¿Ignoran éstos que los niños toman leche, los ancianos pescado blanco y los jóvenes filetes de buey? Eso de “café para todos” es propio de las dictaduras y, si se trata del espíritu, doble pecado. Creo que no merece la pena comentar nada más. Lo importante es encontrarse con el rostro de Dios, no importa si lo viste reflejado en la fuente, en un río o en un charco. Allí donde lo encuentres contémplalo y déjate fascinar.

Los que con tanto ardor defienden que los textos bíblicos son íntegramente obra divina deberían recordar la ley del péndulo, contaminación sociológica de la que nuestros prelados no han escapado. Durante muchísimo tiempo la Biblia estuvo prohibida o desaconsejada o inaccesible por falta de traducción. Incluso fueron condenados quienes recomendaban su lectura. Sólo empieza a cambiar esta situación en el año 1943 con la encíclica “Divino Afflante Spíritu” de Pio XII y, de forma más rotunda, en 1960 con la constitución “Dei Verbum” del Vaticano II.

Ni es tan mala la Biblia como anteayer parecía, ni tan sagrada como ahora se pontifica. Es una mezcla propia de toda obra humana. Lo verdaderamente importante es encontrar, en ese paisaje de contrastes humanos, la Presencia que en ella se vislumbra acompañando a la humanidad.

No pretendo que cambien mis hermanos ultra ortodoxos. Tal vez su misión sea librarnos de los peligros de la velocidad. Pero, por favor, no impidan otras misiones, ni apedreen a otros misioneros. Hace poco tiempo le preguntaba a un amigo: ¿Qué hubiera sido de los israelitas sin los exploradores? Ésos que nos dibujaban en los libros de religión con un gran racimo de uvas portado por dos y recogido en sus incursiones por la tierra prometida. Más aún: ¿Qué hubiera sido de nosotros si nuestro Maestro se hubiera alineado con la ortodoxia judía? ¡Ahora seríamos todos fariseos!

Todo progreso requiere dar pasos. No anatematicemos a los que caminan delante en nuestra gran caravana eclesial. ¡Benditos los que abren caminos, ensanchan horizontes, siembran luces y despejan miedos! De ellos depende que caminemos ágiles hacia la plenitud o que sigamos perdidos en el desierto de un interminable éxodo. Por cierto, que nadie piense que aquellos cuarenta años de los judíos fueron castigo de Dios, como se lee en los textos. Más bien fue el resultado de su propia necedad y desorientación.

¡Ojalá no nos pase a nosotros lo mismo!

* Jairo del Agua es laico y padre de familia.

Serie “El río de la Palabra”, de Jairo del Agua:

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3 responses

4 12 2008
Dei Verbum

Estimado Jairo:
He leído varias veces el texto completo -que no tiene desperdicio- y cada vez saco más punta al contenido, porque siendo claro como el agua, es a la vez denso en su profundidad.
Sin ánimo de hacer comparaciones, he leído recientemente un artículo de J.M. Castillo que viene a denunciar lo mismo aunque desde otra perspectiva. Él alude directamente a la “religión” como causante del ateísmo y la indiferencia religiosa en que vivimos.
El Concilio sostiene que con frecuencia los cristianos hemos “velado, más bien que revelado, el auténtico rostro de Dios” (GS 19).
Luego no es la Palabra lo que el hombre rechaza. Ni a Dios que nos habla por medio de ella. Lo que verdaderamente deja indiferentes al hombre y la mujer de hoy, es un dios que no es nuestro Dios. Un dios que es un ídolo y no el Dios de Jesús, que se encarnó en Él y por Él nos reveló su rostro.
El problema mi querido amigo, es que nosotros, los seguidores del Maestro, no hemos sabido reflejar su rostro. No hemos dejado que la Palabra de Dios se “encarne” en nosotros para “reproducir la imagen de su hijo” (Rm 8,29).
Hemos preferido interpretarla y manifestarla en forma de “ley” en lugar de Buena Nueva. Es decir, hemos convertido el cristianismo en una moral como bien dice Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (“Deus Caritas Est” 1).
La única solución que veo ante la pérdida de sentido, de valores verdaderamente humanos, ante el rechazo directo o indirecto a Dios es permitir que la Palabra se abra paso entre los hombres. No poner obstáculos, dejarla fluir como el río que sacia la sed de todo el que se acerca a beber de sus aguas.
Saludos cordiales

4 12 2008
Mª Pilar García

¡Tengo un sueño! y un anhelo profundo!… creo que no llegaré a verlo.
¡Una iglesia Viva! Una iglesia que camina liberada de tanta carga inútil, y alejada del verdadero Mensaje ¡ENCARNADO EN JESÚS!
Este Mensaje, siempre está en camino, siempre nuevo, siempre fresco, para seguir dando ¡Vida! a cuantos se acercan a el. Toda ciencia humana, avanza, descubre las necesidades del momento presente, investiga, estudia las nuevas crisis, intentan ayudar y dar soluciones.
Nuestro preclaros estudiosos, parecen anclados y retrocediendo. Hay que agradecer cada día, que siga habiendo fieles “voceadores” de la ¡Buena Noticia! con nuevo lenguaje, para que siga dando ¡Vida!
Para eso se encarnó “La Palabra de Dios” para hacerse una con nosotros, desde la Vida de Jesús. Jairo, tu eres uno de ellos, y descubres ante nosotros, todo ese caudal que brota dentro de ti, desde la constante escucha, estudio, contacto con el Amor, que El, despierta en tu vivir.
Todos cuantos lo buscamos, con deseo profundo, nos sentimos aliviados, gozosos de comprobar, que si hay “otras maneras” de vivir y beber desde esa Palabra que nos da la vida.
Has sido muy valiente y paciente, soportando en pie, el ataque de los “defensores a ultranza” hasta en sus equivocaciones… sí, ellos también tienen que rectificar, lo triste es, que lo hacen siglos después.
No te canses, sigue entregando todo aquello que Él te hace saborear, y así, nos abres caminos novedosos y esperanzadores, junto a los que como tú, sencillamente y sin pausa, siguen “voceando” a los cuatro viento: “Que otra iglesia es posible, que otro cristianismo es posible, que otra manera de seguirlo es posible.
Gracias por compartirlo con todas las personas que de buena voluntad, te quieran leer – escuchar, lo que intuyo late fuertemente en tu interior y en tu vivir.
Un abrazo entrañable. mª pilar

11 12 2008
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