Se puede vivir dignamente la enfermedad

4 12 2008

Por Juan Orellana

Hay películas incapaces de ofrecer otra respuesta que el vacío más absoluto al sufrimiento y a la enfermedad. Otras muchas, sin embargo, han sabido mostrar la dignidad incondicional del ser humano en toda circunstancia, con preciosos testimonios de amor a la vida.

Alexia González-Barros fue una adolescente de 14 años que murió tras un año de dolorosa enfermedad. Su calvario fue para todos un testimonio de alegría, esperanza y caridad. La chica tenía un gran amor a Cristo y Él le concedió la gracia de testimoniar Su amor a todos los que la rodeaban. Esta hermosa historia ha sido tristemente destrozada y ridiculizada en la última película de Javier Fesser, Camino. Sin embargo, hay muchas películas que nos presentan la enfermedad como ocasión de reconocer las cosas importantes de la vida.

Un caso reciente fue La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel (2007). También recreaba un caso real: Jean-Dominque Bauby era el redactor-jefe de la revista Elle, tenía hijos, amante y una vida llena de éxitos profesionales. Una brutal enfermedad le enseñó a mirar la vida de otra manera. Su pasado y sus relaciones familiares adquirieron una nueva perspectiva y fueron profundamente revisados en su conciencia. Los recuerdos y la imaginación se convirtieron en aliados de su energía vital y de su anhelo de salir adelante. Desgraciadamente, Bauby apenas logró sobrevivir poco más de un año, pero nos dejó un libro -dictado con signos de parpadeo, pues quedó mudo e inmóvil- que es un testimonio hermoso de amor a la vida.

La película tenía ecos de El mundo de Marty, de Denis Bardiau (2000). Cuenta la historia de Marty Sauvier, de diez años, que está ingresado en un gran hospital, enfermo de cáncer. Antoine Berrant es un anciano que está en el mismo hospital absolutamente imposibilitado. No puede hablar ni mover sus miembros… Pero piensa. Y podemos oír sus pensamientos en off. Ambas vidas se cruzan y lo que al principio es una relación imposible, se convierte poco a poco en una relación necesaria. Aprenden a comunicarse, a quererse, y a afirmar juntos el valor de la vida hasta el final.

El film habla de la importancia de la compañía humana verdadera para afrontar con esperanza un presente de dolor y enfermedad. En este sentido, es memorable Una mente maravillosa, de Ron Howard (2001). Se trata de una película biográfica centrada en John Nash, un matemático que alcanzó en 1994 el Premio Nobel. Este investigador estaba gravemente aquejado de una esquizofrenia que le mantenía seriamente alejado de la realidad. Su voluntad, la fuerza de su razón y, sobre todo, la fiel compañía de su esposa le ayudarán en ese duro camino que culminó en su reconocimiento internacional. Una mente maravillosa es un film conmovedor, que exalta la dignidad del enfermo mental y la importancia de una compañía humana eficaz que, desde el amor, atraviese las más inhóspitas circunstancias.

También en Los miserables, de Bille August (1998), se muestra la caridad de un hombre, Jean Valjean, que ayuda a morir a una mujer; o en La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet (2005), se ilustra la mutua compañía entre enfermo y enfermera, que comparten dolores de distinta naturaleza y se ayudan a salir adelante. Y qué decir del papel de la familia, tan elocuente y bellamente retratado en El aceite de la vida, de George Miller (1992)…

Frente a esto, y al margen de la ridícula Camino, hay otros films que sólo conciben que la persona que sufre sucumba a la nada (Mar adentro; La buena estrella; Million Dollar Baby). Ojalá haya un gran director capaz de llevar a la gran pantalla la verdadera y hermosa historia de Alexia, y testimoniar así el valor de una vida abrazada por Cristo.

(Fuente: Alfa y Omega, 2/10/2008)

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One response

9 02 2009
Rosa

En la película se da uno cuenta de la manipulación del director tanto en la crueldad de las imágenes del hospital como con la muerte del padre, ahora bien NO PUEDO CREER QUE EL DOLOR SE LE OFREZCA A DIOS, NI QUE EL NOS ESTE PONIENDO A PRUEBA A TRAVÉS DE LA ENFERMEDAD.
Señor Orellana, eso no es nuestra fe, ante mi enfermedad y mi dolor, Dios está conmigo, no me pide sacrificio, ni dolor, lucha conmigo para superar la enfermedad. La alegría de verme en su seno, de contar con El, no es el fatalismo de la fe que se trasluce en la película.
Un saludo

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