«Son muchos los que están buscando una nueva experiencia de fe en su vida»

15 12 2008

José Antonio Pagola , teólogo y director del Instituto de Teología y Pastoral de San Sebastián, presentó hace dos semanas en la Fnac donostiarra su último libro: Creer, ¿para qué? Conversaciones con alejados. En sus páginas se dirige, sobre todo, a quienes a lo largo de sus vidas se han alejado de la fe que vivieron de niños, pero que ahora buscan un sentido nuevo para sus existencias. Se trata de responder a preguntas de personas que pretenden retomar una cierta espiritualidad sin que eso signifique volver a las prácticas religiosas de su infancia. «Estamos ante una experiencia nueva de la fe». Lo entrevista Javier Meaurio en Diario Vasco.

Creer, ¿para qué?

No es una pregunta teórica, es algo que yo he escuchado a mucha gente. El libro trata -de manera modesta- de responder a las demandas y preguntas de alejados de Dios que viven buscando. Por eso el epígrafe dice ‘Conversaciones con alejados’. Se trata de un fenómeno todavía minoritario, sobre todo entre nosotros, pero creciente en Europa y bastante generalizado, por ejemplo, en Francia (Toulouse, Lyon, Poitiers).

¿Por qué abandonaron sus creencias religiosas?

Cada caso es diferente. Son personas que dejaron no solo la práctica religiosa, sino también la fe y abandonaron de verdad la iglesia, pasaron página. «No es que dejara la misa, yo quise terminar con Dios. Me parecía todo esto ridículo y he vivido al margen», dicen.

¿Entonces qué es lo que buscan?

Hay que escucharles, porque en cierto momento se ha despertado en sus vidas un nuevo interés por Dios, por la fe, por el sentido de la existencia. «Yo lo que quiero es acertar en la vida», dicen. Se trata de gente dispuesta a realizar una búsqueda honesta. Yo les llamo los buscadores porque buscan un sentido diferente a la existencia, una forma distinta de creer. Y es sorprendente que en una sociedad muchas veces tan conformista, superficial, satisfecha, masiva y frívola, como la nuestra, haya personas que no se conforman con vivir de cualquier manera.

¿Es una vuelta al pasado?

No, en absoluto. No quieren volver a retomar la religión que conocieron en su infancia, las prácticas, las creencias de otros tiempos. Muchos, además, no tienen recuerdos muy positivos de aquella época. Quieren vivir la fe pero de una manera diferente. Relacionarse con Dios pero de una forma nueva. «¡Qué daría yo por sentirme a gusto con Dios!», comentan. Y descubrir así que puede ser el mejor amigo, y el mejor estímulo para vivir, de manera responsable, digna, dichosa. Es una experiencia nueva de la fe.

¿Una experiencia espiritual?

Espiritual y personal. Lo que no buscan son catequesis, clarificación doctrinal… Quieren hacer la prueba de ver si realmente Dios puede dar alegría, fuerza, esperanza, sentido a la vida. «Que no me lo digan los curas desde el altar, quiero descubrirlo por mí mismo. Hacer la prueba», señalan.

¿De qué grupo humano estamos hablando? ¿Son jóvenes, mujeres, hombres…?

Los jóvenes que están en esta tesitura son más bien pocos. Se trata, en general, de personas maduras, de entre 40 a 50 años y de ambos sexos. Se da además un fenómeno curioso. Hay padres y madres que al tener hijos ya adolescentes, con sus problemas en educación y de otro tipo, empiezan a tomar conciencia de que les van a poder dejar una herencia: dinero, un piso, una cuenta corriente… Pero aquello que recibieron de sus padres -los abuelos de estos chicos- no se lo van a poder transmitir a ellos. «Me dieron una fe, que no he respetado y que he arrojado por la borda, y unos valores, y esto no lo puedo entregar como testamento». Repito que es un hecho que sociológicamente todavía es minoritario, pero que está creciendo, y que no sabemos a dónde puede llegar.

¿A veces existe vergüenza a hablar con otros de Dios, de la experiencia religiosa?

Sí. Así, estas personas se encuentran con muchas dificultades. No piensan en volver a la Iglesia, en principio. «¿Cómo voy a volver a mi parroquia?», indican. Quieren hacer otro recorrido y con quien puedan hablar de todo esto. Desde luego poteando no. «Les hablo yo a mis amigos de esto y se echarían a reír, y mi mujer o mi marido no me entienden. No quiero ir a los curas, no conozco además a nadie» se lamentan.

¿Gente entonces muy desvalida?

Mucho. Casualmente, y con los que hablado, leen mis artículos en Diario Vasco de los domingos, y aunque no sean creyentes me llaman para hablar. Tienen una necesidad muy grande de narrar su trayectoria -todas distintas- y hacer muchas preguntas. «¿Esto que siento yo es fe o no. Estoy lleno de dudas, no sé si creo o no. Quién me puede enseñar a rezar, con quién me tengo que encontrar para hablar de estas cosas?».

¿Son muchas preguntas, y difíciles de responder?

Muchísimas. Un persona que se pone a rehacer su vida, tiene un montón de preguntas. Por eso yo en la segunda parte del libro, en unos anexos, doy criterios para formar grupos de búsqueda, ayudas, bibliografía (20 libros sobre Jesús), extraigo oraciones de los salmos. Cosas muy elementales, pero que pueden servir a muchos para dar los primeros pasos. En la página 98 del libro he escrito la ‘Oración del alejado’. Y son muchos -y desde todos los puntos de España-, los que me han llamado para darme las gracias: «No te conozco. No piso la iglesia, pero esa oración la puedo hacer, me sale de dentro».

¿Es tan difícil aprender a rezar?

Es tan sencillo como dejarte invadir por algo. La capacidad de entrar dentro de ti mismo con un poco de paz. Las personas saben hablar con todos menos con Dios, y con Dios lo que hay que hacer es ponerte tranquilo, en una actitud de confianza, y hablar de lo que estás viviendo. Para concretar estas cosas les presento frases que puede decir cualquiera. Ejemplos: «Tú me conoces como soy y me entiendes, perdóname», o: «Ten compasión de mí porque no voy a cambiar nunca». Ellos me responden: «¿Pero todo esto, para qué sirve?». Yo les contesto que hagan la prueba. Estamos acostumbrados a vivir programados desde fuera, mientras que por dentro estamos vacíos.

(Fuente: Diario Vasco, 30/11/2008)

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15 12 2008
Mª Pilar García

Escuchar a Pagola, hablar de Jesús, fe, seguimiento, iglesia, teología, camino…
Es siempre un gozo, y una experiencia esperanzadora; anima a bucear en La Palabra Encarnada, a escuchar, que nos dice en lo profundo de nuestro ser; saber limpiarla de polvo y paja sin asustarse.
No poner la fuerza en lo que nos “dicen”; lo importante es, experimentar desde el silencio y la escucha, rumiando todo cuanto Jesús vivió, como lo hizo, como lo dijo, a donde le llevó a El; y desde ahí, buscar la ¡Vida! que rezuma su Mensaje, y ponernos en camino. Mª pilar

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