¿Humanidad?

6 02 2009

Por Miriam Piqueras*

Chiure - MozambiqueEste verano, conversaba con Carlota sobre mi día a día en una ciudad del norte de España. “¿Cómo es posible que no conozcas el nombre de ninguno de tus vecinos?”, me preguntó muy asombrada. Posiblemente, a los que leéis este artículo no os sorprendan demasiado éste u otros aspectos de mi vida, pero a Carlota le sorprendieron mucho.

Carlota vive con su marido y sus cuatro hijos en Chiure, una villa de la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. Chiure es capital de distrito y, por ello, cuenta con algunos “privilegios” como un centro de salud, un puesto de policía, dos escuelas de educación primaria, una escolinha y una escuela secundaria cercana (a cinco kilómetros). Nos conocimos en mi primer día de estancia allí. Ella era la más veterana de las “titías” de la escolinha en la que yo iba a colaborar durante mes y medio y, si quería comenzar con buen pie, debía ganarme su confianza y su estima. Pero fue ella quien me conquistó enseguida con su sencillez, su coraje, su generosidad  y también con su picardía y su franqueza.

Su patio estaba siempre abierto para todos, y digo su patio porque en su casa difícilmente cabían ella y su familia. En ese patio compartimos muchos ratos de charla distendida sobre muchos temas, pero siempre acabábamos igual: acercándonos nuestros mundos, buscando conocer y comprender  la realidad que la otra vivía. Yo lo tenía más fácil: ¡estaba allí!

Así, gracias a Carlota y las gentes de Chiure, conocí de primera mano la dureza de las condiciones de vida de uno de esos países llamados “en vías de desarrollo”:

  • comer una vez al día (quien puede hacerlo) y sin variaciones en el menú (harina de mandioca o arroz en días de fiesta );
  • caminar varios kilómetros para conseguir algunos litros de agua, llevándolos después  sobre la cabeza;
  • caminar varios kilómetros en busca de un remedio para tu bebé enfermo o depositar en un curandero toda esperanza (también todo tu sueldo);
  • convivir de forma resignada con la malaria,  como si se tratara de un resfriado;
  • vivir al lado de un vertedero;
  • ¿la educación? Tema aparte: profesores sin formación, vocación, compromiso o responsabilidad que se aprovechan del trabajo de sus alumnos; alumnos sin motivación alguna; alumnos con motivación que se ven obligados a abandonar sus estudios por falta de medios o porque tienen que trabajar para colaborar en casa…

Pero también, al comparar con mi realidad, me di cuenta de que había muchas cosas que me gustaría que fueran como en Chiure. Aquí, en el “norte” tenemos muchos recursos tecnológicos, hemos logrado muchos derechos como ciudadanos, un alto nivel de bienestar social, pero tras mi experiencia en Mozambique, no dejo de preguntarme: “¿dónde queda la humanidad en muchos casos?”

Miriam Piqueras en ChiureMe gustaría conocer el nombre de mis vecinos e interesarme por sus cosas y ellos por las mías sin ser tachados de cotillas (ni sentirme como tal). Saludar a la gente que me cruzo por la calle, en lugar de mirar al suelo y poner más alta la música del mp3. Ofrecerle un hueco bajo mi paraguas a un desconocido si llueve, sin que, por ello, me mire como si estuviera loca. Dejar de agobiarme ante la cantidad de trabajo que tengo que sacar adelante y tomarme la vida con algo más de calma, saboreando cada día y dando gracias a Dios por él.

Y, si seguimos hablando de humanidad, ¿cómo podemos seguir ignorando a esos millones de seres humanos que viven como Carlota o en peores condiciones?

Las conversaciones continuaron al volver a España. Esta vez, fue Óscar quien me preguntó de forma muy directa: “Entonces, ¿tiene solución el problema de África?“. No recuerdo exactamente lo que le respondí en ese momento. Quizá mi visión, como recién llegada, fue pesimista… “África” suena demasiado grande, demasiado abstracto, fuera de nuestras  posibilidades. Sin embargo, si le ponemos nombres propios, caras concretas, la visión cambie y nos pongamos a trabajar con más fe para convertir nuestros dos mundos en uno sólo.

Aquí os dejo con Carlota, su pequeña Eusebia Palomino y su hijo mayor Tarcisio, Tomé, Irene (toda una experta en idiomas a sus tres añitos), Luísa (la cocinera de la escolinha) y su pequeño Celso, Del-el-Son (el más bicho de toda la escolinha)…Mónica, Lina, Janete, Melu, Eulalia…Arsenio, Jamira, Joao, Rosema, Gracinda, Guida, Felicia, Guinesia, Gamito, Orlando, Jordao, Artemisa, Marianela, María, Amós, Nicolao, Señor Pindani, dona Carlota…

* Miriam Piqueras es profesora de Educación Infantil en Lugo y voluntaria de la ONGD Madreselva

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4 responses

8 02 2009
Ana Rodríguez Rey

Un artículo muy interesante, sencillo y cercano que ayuda a pensar en el día a día de aquí, el norte.
¿Humanidad?, intentemos recobrar la humanidad en nuestro entorno apreciando y valorando todo lo que tenemos, dando gracias a Dios por cada una de las personas que se cruzan en nuestro camino cada día y sobre todo dando gracias por los voluntarios que, como Miriam, intentan acercar a dos mundos, dos realidades, dando lo mejor de sí mismas.

9 02 2009
Ariana

Muchas veces vivimos inmersos en el círculo de nuestra vida, pensando en nuestros pequeños problemas, que no nos dejan ver más allá de lo que tenemos, lamentándonos por lo que no tenenmos, anhelando un sueño que no sabemos si será alcanzable… Pero cuando una amiga tiene la grandeza de aventurarse en un viaje como éste, y te acerca más a la realidad de esta titía, de estos niños… te das cuenta de lo afortunados que somos, que ellos con mucho menos son felices, y que valoran más cada pequeño detalle, lo que me hace ver que deberíamos salir a la calle sonrientes y felices de nosotros mismos y de nuestra gente, acercándonos un poquito más a nuestros vecinos, compañeros…
Si el problema de África tiene solución…es una pregunta compleja…que en papeles puede quedar bonita, pero en la realidad es más complicada y lenta.
Gracias Miriam, por compartir tu tiempo, tu ilusión, tus ganas de trabajar y aprender… con ellos, y con nosotros.

9 02 2009
Laura

Gracias a personas como tú que nos das a conocer rostros, vidas y sueños de aquellas otras personas REALES que están en nuestro mundo, o nosotros en el suyo, compartido pero tan distinto…
Hace poco leía en el diario de Etty Hillesum: “el gran cráneo de la humanidad. el poderoso cerebro y el gran corazón de la humanidad. Todos los pensamiento, aun los más contradictorios, nacen, después de todo, de ese gran cerebro único: el cerebro de la humanidad, de la humanidad entera. Yo lo veo como una gran todo, y tal vez por eso, de vez en cuando, surge ese fuerte sentimiento de armonía y paz, a pesar de ser una gran contradicción. Hay que conocer todos los pensamientos y haber sentido en propia carne todas las emociones para saber lo que se ha generado en ese inmenso cráneo, y lo que ha sentido ese gran corazón”.
Gracias Miri

10 02 2009
Mª Pilar García

Tu compromiso, nos llena de esperanza… al menos por un ratito; luego, miro nuestro entorno, y me duele el corazón. Y sigo pensando, ¿como podemos vivir, sin que se nos estremezca todo el ser, sabiendo, que cada día, mueren… ya ni sé el verdadero número de niños, preciosos, mujeres, hombres… y aquí, seguimos discutiendo si son perros o podencos, los políticos, la iglesia, cada uno de nosotros… Quizá la crisis, nos vuelva a poner en el sitio correcto… nos henos pasado de la ralla, vivimos por encima de lo necesario y digno, ¡¡tiramos!! no administramos, y desde luego, compartimos muy poquito con los que nada tienen, porque los sedientos de poder, todo lo van acaparando, sumiendo a la mayoría de la humanidad, en la más triste de las miserias.
¡¡Gracias, por compartir tu experiencia!! mª pilar

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