Cuaresma y conversión

25 02 2009

Por María Isabel Montiel*

Cualquier día, cualquier momento es bueno para la conversión; para hacer balance y comprobar que nuestra vida necesita un cambio. La Iglesia nos propone la Cuaresma como un tiempo propicio para ello, para buscar a Dios con más ahínco y abrirle el corazón. Todo ello nos preparará para vivir el misterio central de la fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

La Cuaresma empieza el Miércoles de Ceniza y en ese día recibimos la ceniza en un acto comunitario, expresando la llamada a la conversión como comunidad cristiana y como Iglesia, además de la nuestra personal. La ceniza, que es la resultante de quemar los ramos usados el Domingo de Ramos del año anterior, está simbolizando que debemos quemar “el hombre viejo”, para dar lugar al “nuevo”, ése que se vuelve a Dios valorando las realidades terrenas, bajo la luz de su Verdad.

La Iglesia propone de modo especial en este tiempo de Cuaresma, el ayuno, la limosna, y la oración, que nos van a ayudar a examinarnos interiormente, pero no con nuestra mirada, sino con la de Cristo. Él nos está invitando a cambiar de vida, a transformar todo nuestro ser. Y aunque no vamos a cambiar de golpe, sí que podemos hacer algo para que determinadas cosas sean distintas, para mejorar algo de nosotros mismos, y con ello, mejorar la parte de mundo que tenemos cerca.

La Cuaresma es tiempo de perdón y reconciliación. Dios está deseando perdonarnos y  que volvamos a ponernos en pie. Él nos espera con los brazos abiertos para transmitirnos su Amor y su infinita misericordia.

Sólo quien se reconoce necesitado de salvación y se deja transformar por dentro, es capaz de renovar su vida y la del mundo, y es capaz de cooperar en la venida del Reino de Dios. Por eso Jesús une el anuncio del Reino a la invitación a la conversión.

Al llamarnos a la conversión Jesús nos invita a seguir un camino de búsqueda, porque aquella no es decisión de un día, sino un caminar que no conoce parada. En esa búsqueda nos podremos encontrar con el Dios verdadero, no con el que nosotros nos hemos “fabricado” a nuestra medida y que en el fondo no nos llena, pero es más asequible, más manejable.

Convertirse en definitiva es, volverse hacia Dios, y en la medida que voy hacia Él, encuentro mi ser más auténtico. Y es que Dios quiere que vivamos en total conformidad con nuestro ser, que podamos encontrar nuestro propio y auténtico camino.

La conversión es invitación a la vida, es descubrir a Dios en todas los hombres y en la creación. Es reconocer en nuestra vida al “Dios que nos habla”, al que está cerca de mí, y que actúa en mí.

* María Isabel Montiel es Salesiana Cooperadora y profesora de E. Infantil

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2 responses

25 02 2009
Gizatar

Muchas Gracias por todos los artículos que se publican.

He recopilado este artículo junto con otros en la siguiente página: http://humanizandotuentorno.blogspot.com/2009/02/comienza-la-cuaresma.html

Muchas Gracias.

10 01 2013
maida rivas

gracias por todo!!!!!!
que DIOS les cuide….

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