Carta urgente

27 02 2009

A todos aquellos que no entienden de amor y compasión
Por Ildefonso Casas*

Seguramente hoy habrías ido al concierto de tu grupo favorito. La vida te hacía pensar en la próxima y cercana cuaresma. Con tu cristo del Gran Poder o Nuestro Padre de la Salud, que en breve recorrerá las calles de Sevilla. Allí estarías tú emocionándote ante la imagen de ese Jesús que carga con la cruz. En Él volverías a poner tus agobios, tus exámenes y tus caprichos de una niña que se hacía mujer.

Sin embargo, ahora somos nosotros los que seguimos cargando con nuestras cruces diarias. Cada uno con la suya y especialmente los tuyos con la que nos has dejado. Y seguiremos luchando en esta Sevilla universal sin comprender muchas cosas. Mientras tú eres feliz y te asomas cada día desde tu trocito de balcón celestial para seguir intercediendo por nosotros, por todos, también por aquellos a los que sabes que nosotros miramos con otros ojos bien distintos a los tuyos. Será porque nuestra forma de ver la justicia ahora es muy diferente a la tuya.

Lo cierto es que los que te conocieron me dicen que te echan de menos en el aula, en el camino del colegio por la calle Venecia. Quedaban todavía muchas fotos por etiquetar. Correos electrónicos por leer y mucho amor por despuntar en la vida de una niña que se hacía mujer.  Ya no habrá CD’s que pedir, ni moto en la que acompañar a verdugos desquiciados, ya no habrá discusiones necias que solucionar, porque como buena mujer quisiste dejarlo todo zanjado antes de emprender el viaje.

Todo tiene explicaciones, detalles y circunstancias que no logro entender ni acertar por qué tuvieron que llegar. Sólo tú y él lo sabéis junto al mismo Dios que ya te ha abrazado. Toda una ecuación difícil de resolver pero fácil de entender a los ojos de Dios y del cristiano.

En tu habitación siguen colgados los mismos póster que me hablan de una infancia que apunta a final y despunta una nueva etapa que trae consigo infinitud de planes y proyectos… tus revistas, tus libros, tus peluches…todo hoy me sigue hablando de ti en esta carta que  escribo.

Una carta que pretende ser urgente porque acabará llegando tarde. Esto es lo que dice la letra de una canción de Rosana. Efectivamente hoy no me hubiera gustado tener que escribir esta carta pero me veo en el deber y la obligación de tener que hacerlo. No por ti, sino por todos aquellos que seguimos en esta Sevilla que parece no querer ver más allá de la realidad.

Lamentablemente sé que llegará tarde a su destino y quizá ahora los destinatarios tengan que ser otros. No me importa. Estoy ya un poco cansado de tener que soportar tanto circo mediático y poco rigor periodístico… Es por ello por lo que quiero enviar esta carta de forma urgente y certificada. Ya es hora de tomar conciencia y no asistir impasivos a las funciones de un circo al que intentan llevar a la pista a la madre de la hija del vecino que vio como… o al hijo del señor que pasaba junto a…y tuvo la suerte de… Me niego a pagar para asistir a estas funciones. Espero que llegue a su destino y haga efecto en ellos.

En realidad, como ves, no me quiero dirigir a ti. Permíteme que escriba  a todos aquellos que se jactan de estas historias para explotar tu memoria y tu recuerdo.

Hoy, querida amiga, no tenía por qué escribirte estas letras. No nos habíamos visto nunca, no nos conocíamos en persona,  pero en un rincón de mi alma ha encontrado un hueco tu inocencia y tu candor.  Ese rincón del alma que te hacía seguir amando y anhelando poner las cosas en su sitio.

No hay cosa más hermosa que amar sin medida, incluso a aquellos que nos hacen daño. Amar hasta el extremo como tú, aún sin saber que en una fría tarde de enero te encontrarías con Aquel que en Triana te recibió tantos años. Ése al que tantas veces le habías suplicado pidiéndole el triunfo del amor. Una vida entregada desde el amor de una niña como tú a un Padre eterno que de amor entiende más que tú y que yo.  Sé que estás descansando y que desde tu trocito de cielo estás intercediendo por todos ellos, los que seguimos siendo tus amigos y aquellos otros que tanto daño te hicieron. Sé que desde tu sentir religioso,  y me consta que estaba bien cultivado y encauzado, sigues pidiendo perdón y alzando la bandera del amor.

En tu abrazo eterno me acojo y te pido que sigas ayudándonos a todos nosotros, especialmente a tus seres queridos, que son los que más siguen necesitando de ti. Y a esos otros que tú tan bien sabes que necesitan de tu oración. Desde mi habitación, cercana a tu querido barrio de Tartessos, te envío estas letras como testimonio de mi cariño hacia ti. No te preocupes si no me puedes contestar inmediatamente. Entiendo que estés muy ocupada porque allí todo el tiempo es una eternidad.

Por siempre una caricia y un abrazo,

Ildefonso

* Ildefonso Casas es Salesiano y Licenciado en Filología Hispánica

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