Somos vocación

19 03 2009

Por José Antonio Rodríguez Conde*

El día 19 de Marzo la Iglesia celebra el día del Seminario y nos ofrece a todos la posibilidad de, además de unirnos a los festejos y orar, reflexionar sobre ello.

He de reconocer que cuando era algo más jovencito, cada vez que en la parroquia hacían peticiones «por las vocaciones» o «para que el Señor envíe obreros a su mies», yo por lo “bajinis” decía: «Señor, te pido por las otras vocaciones». En fin, aunque el ánimo contestatario juvenil no se me ha pasado del todo y podría justificarlo, ahora lo veo de otra manera.

Porque con el tiempo, lo que personalmente he descubierto es que no importa tanto lo de seguir una vocación u otra… sino seguir alguna. Uno puede estar enrolado en parroquias, grupos, comunidades, encuentros juveniles ocasionales, actividades sociales o experiencias varias. Pero si el seguimiento a Jesús va en serio, “impepinablemente” llega un día (que no será un día, sino varios) en que uno se plantea siendo joven —o no tan joven— que esto de Jesús no va sobre experiencias temporales, sensaciones, camaraderías o ambientes agradables, siendo todos ellos importantes. Llega el día en que uno, en medio de todas las experiencias anteriores, con Jesús cara a cara, o detrás como una sombra, o al lado escuchando, queda preguntándose algo así como «¿qué voy a hacer con mi vida?». Hay una inquietud, vaga o acuciante, que late tras esas palabras.

Todo esto transcurre en un proceso, unas circunstancias, un contexto, unas personas alrededor, con la personalidad de uno en movimiento cambiante y quizá vertiginoso, con su propia forma de situarse y actuar, en diálogo. Todo esto forma parte inseparable. Pero un ingrediente básico en dar respuesta es la confianza, que es la que nos permite dar el salto que, sin ella, seríamos incapaces de dar por miedos, cálculos e inercias.

En cierta medida, qué hacer con la vida es una pregunta que todo ser humano se hace alguna vez —o varias, probablemente—. Cuando Jesús anda por algún lado, la pregunta tiene un ‘plus’; mejor dicho, dos ‘pluses’: que Jesús pinta algo en la pregunta y posiblemente pintará algo en la respuesta porque Dios ya está ardiendo ahí, quizá debajo de la mesa, pero ya alumbrará encima, iluminando todo el cuarto. Cuando eso ocurre, uno se pone a dudar, a temblar, a reír, a emocionarse, a negarse a dar respuesta o negarse a dar esa respuesta concreta, o un poco de todo. Es normal, supongo. Se pone también a hablar con personas cercanas de confianza (deseable) o a mascullarlo en soledad, a seguir dándole vueltas al asunto o a esconderlo rápidamente en el desván del silencio y el olvido, el desván de las preguntas supuestamente incontestables… hasta que vuelva a reaparecer inesperadamente por otro lado.

Llegado ese día (esos días) todo cobra un sentido nuevo: ya no se trata de pensar qué voy a hacer el próximo fin de semana o a qué hora he quedado para tal actividad. Todo eso sigue su curso y debe seguirlo. La cuestión no es “qué hacer”, sino “qué ser”; no es con quién estar, sino con quién compartirlo todo; no es qué puedo ofrecer, sino cómo puedo ofrecerme. Y todo lo anterior resultan ser prolegómenos, preparativos para la cuestión fundamental que llega ahora, la de descubrir no qué vocación tenemos sino descubrir que somos vocación; que nuestra vida, con todas sus eses, es vocación, en la que Jesús va acompañando, susurrando, aguardando y que el camino que hemos ido haciendo al andar es un camino en el que ahora vislumbramos un horizonte, una meta, un recorrido y un compañero fiel. Es bueno contemplar todo esto porque podemos ver nuestras manos y sus manos en ese barro que hacemos de nuestra vida.

En cierto modo, nada ha cambiado, pero en el fondo ha cambiado todo. Jesús es el mismo de siempre, pero ahora es totalmente distinto. La vida sigue su curso, pero parece como si ahora empezara de nuevo. Las tentaciones, dudas, indecisiones, peligros siguen ahí, pero recolocados por una nueva gracia que todo lo renueva. Cuando algo de esto se vislumbra es que uno ha entrevisto que es vocación para Algo apasionante, para Alguien apasionante.

Esta trayectoria, esta oportunidad de descubrir que somos vocación, es válida para todos los estados de vida; lo importante es descubrirlo en la propia.

* José Antonio Rodríguez Conde es seminarista y colaborador de la Parroquia de la Preciosa Sangre de Orcasitas (Madrid). Lee otros artículos suyos en FAST

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4 responses

19 03 2009
19 03 2009
Juan Eugenio (Queño)

Estoy muy contento de poder compartir contigo este itinerario tan fascinante de sentirnos llamados por pura gracia a colaborar con esta nuestra humanidad tan querida por Dios. Un abrazo de tu compañero Queño.

3 04 2009
mª pilar garcía

José Antonio: no pierdas nunca esa mirada, porque es la única importante…¡¡que ser!! y desde quien y para quien ¡ser!
El como, por donde, con quien… no la cambia, sea cual fuere, vivida en plenitud, la enriquecerá, la iluminará, la hará hermosa y plena en su Amor.
Un abrazo entrañable, camino por esa misma vereda… mª pilar

19 03 2010
Antonio « Fe, Arte, Solidaridad… y Tú

[…] Somos vocación, por José Antonio Rodríguez Conde (Revista FAST, 19/03/2009) […]

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