¿La verdadera ciencia es atea?

31 03 2009

Por Lilián Carapia*

La verdadera ciencia, la que progresa en el bien, ha aportado grandes favores y le ha resuelto muchos problemas al género humano, y como esto se corresponde con el plan providente de Dios, la Iglesia no se opone a ella: «Cuando la investigación metódica en todos los campos del saber se realiza en forma verdaderamente científica y conforme a las normas de la moral, nunca se opondrá realmente a la fe, porque tanto las cosas profanas como las realidades de la fe tienen su origen en el mismo Dios» (GS 36). Sin embargo, uno de los desafíos de nuestro tiempo es la creciente pérdida de fe en el mundo entero, con sus terribles consecuencias. Son muchos los que participan activamente en la promoción y difusión del ateísmo, y entre ellos, lamentablemente, vemos a un buen número de científicos —profesos del ateísmo cientificista— que parecieran apostar también por la destrucción de la humanidad, colaborando para ello con su saber.

No hay progreso sin ética

«Si el progreso técnico no se corresponde con un progreso en la formación ética del hombre, con el crecimiento del hombre interior, no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el mundo» (Spe Salvi, 16). La idea de que el progreso de la ciencia nos traería la salvación comenzó a ganar fuerza desde Bacon y sobrevive hasta nuestros días, aunque ya no con tanto optimismo, dados los resultados. Esta idea pretendía, entre otras cosas, que al desterrar a Dios maduraría la humanidad, pues ésta desarrollaría libremente la ciencia y se apropiaría del paraíso que otrora le fue arrebatado… Pero esta idea sumió a la humanidad en un profundo cuento de hadas, el cual se convirtió en una pesadilla. Porque la ciencia sin Dios hizo al hombre capaz de progresar enormemente en el mal (cf. Spe Salvi, nn. 16-23). Esto es lógico, pues para el ateísmo resulta absurdo no sólo creer en la existencia de Dios, sino también en la principal de sus consecuencias: el valor de la persona humana. He aquí un problema que no debe dejarnos en paz: «Si desterramos a Dios, la dignidad humana también desaparecerá» (S.S. Benedicto XVI).

Cuestión de fe y de inteligencia

En realidad, no sólo la Iglesia, sino muchos bien pensantes, han contemplado esta amenaza y se han manifestado contra esa falsa idea de progreso. Heidegger denunciaba ya en el seno de la Segunda Guerra Mundial que sus contemporáneos padecían las consecuencias de tener un enfoque limitado y tecnológico del mundo, e ignorar la gran cuestión de la existencia. Tales consecuencias las padeció en carne propia un gran hombre, el neurólogo y psiquiatra austriaco Víctor Frankl, superviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Dachau. Pero Frankl constató también que cuando el hombre entiende la importancia de la fe en la vida sí que encuentra razones para vivir. Frankl demostró que para la salud mental de toda persona es preciso encontrar un significado a la vida, y comprobó mediante profundos estudios que el padecimiento de «una vida sin propósito» es la peor enfermedad de nuestra época, porque es la época en la que el hombre se ha olvidado como nunca de Dios.

El cientificismo ateo no es redentor

«No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor» (Spe Salvi, 26). Hoy mueren muchos más por causa del suicidio que por guerras y asesinatos, y esto es porque falta el amor. Curiosamente, los países donde la ciencia y la técnica se encuentran más desarrolladas son los que van a la delantera en las estadísticas. Desde luego, no se puede afirmar que toda la culpa es de los científicos ateos, pero sí que las esperanzas que el hombre puso en la ciencia han sido defraudadas. Es necesario que los ateos cientificistas revisen su postura soberbia, porque el género humano queda expuesto al más grave peligro cuando «no hay» Dios. Millones y millones de víctimas —por aborto, eutanasia, manipulación de embriones humanos, sofisticación armamentista, etc.— derraman sangre inocente que clama al cielo; claman justicia frente a los atropellos de aquellos a los que resulta fácil actuar sin escrúpulos una vez que han negado a Dios.

* Lilián Carapia es licenciada en Filosofía y religiosa del Instituto de Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra, en México.

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5 responses

8 08 2009
Victor >Manuel Rayas R

Hola Hermana Lilián Carapia

Soy licenciado en filosofía, Trabajo como profesor en Jalisco. Felicidades por su tema. hay uno muy relacionado con este que trata de la historia secularizada de la ciencia. Los chavos piensan que los grandes científicos han sido ateos, siendo que por el contrario la mayoría ha sido creyente. Incluso muchos de ellos han sido religiosos. ¿Conoce usted nombres de científicos que fueron grandes religiosos o viceversa?
Le agradezco su ayuda. Necesito demostrar esto varios grupos de universitarios

Víctormanuel Rayas Rodríguez

19 10 2009
Lilian Carapia Cruz

Acabo de leer su comentario, el cual le agradezco infinitamente. Estoy a sus ordenes en mi e-mail: liliancarapia@yahoo.com.mx.
SALUDOS CORDIALES

7 11 2009
Ruben

Bueno, los crímenes cometidos por la Iglesia Católica y otras religiones no dan hándicap a la religiosidad para establecer juicios de valor. Después de degollar miles de “herejes”, arrancar ojos a otros tantos, hogueras a mujeres acusadas de brujería, las cruzadas, la inquisición, la evangelización en América brutal y asesina. No cabe duda que el pensamiento del hombre sano se va a ir encaminando hacia el ateísmo. Y la ciencia, que ha demostrado muchas veces la incoherencia del pensamiento religioso, seguirá avanzando y chocando con los intereses del poder mundial que es quien mantiene las religiones para infundir “temor a dios” a los pueblos y poder mantener este sistema esclavista mundial y las guerras para las cuales ayer y hoy, la religión sigue siendo funcional.
¿Cómo puede hablarse de ética y de dios? Han leído Ezequiel 23, por ejemplo?

28 01 2010
lamerry

Es un hecho que más del 90% de la comunidad científica es atea o agnóstica. Sí, ha habido grandes científicos religiosos, como Galileo o Newton, pero hay que recordar que vivieron en épocas obscuras donde quemaban brujas y se buscaba la piedra filosofal.
NO se necesita a dios para tener ética o ser moral. Un ateo forma su ética y su moral por él mismo, por simplemente hacer el bien y no por miedo a un ser divino que lo vigila desde el cielo.
Y si últimamente ha habido pérdida de fe, no es por sobervia o maldad, es simplemente el despertar de la gente hacia el sentido común y la realidad.

2 01 2012
Atlas

La ciencia no es atea porque no puede probar la no existencia de Dios y solo afirma aquello que puede demostrar. La ciencia puede ser clasificada como agnosticismo débil de acuerdo con la clasificación mas popularmente conocida de agnosticismo. No niega ni afirma a Dios, sino que lo considera como algo no probado o demostrado. Tampoco afirma que no se puede probar (“agnosticismo fuerte”).

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