Ni salvados, ni redimidos

6 04 2009

!!Tan sólo amados, llamados y esperados!! Por Jairo del Agua*

Durante siglos nos han enseñado que el pecado del hombre causó una ofensa infinita a Dios. Siendo el hombre un ser limitado, no podía reparar esa ofensa infinita. Era preciso alguien infinito para satisfacer el honor de Dios. Por otro lado, al haber sido cometida la ofensa por el hombre, tenía que ser reparada por un hombre. Eso explica que Jesús (Dios y hombre) se encarne, muera y merezca con su muerte (sacrificio con valor infinito por tratarse de un ser infinito) la reconciliación con Dios. Al quedar pagado el justiprecio por todas nuestras ofensas, quedamos redimidos y los cielos abiertos.

Se me ponen los pelos de punta al recordar esta nefasta doctrina que ha durado casi diez siglos, ha denigrado el rostro de Dios revelado por Cristo y ha causado tanto temor. Bajo ella laten los conceptos de “culpa” y “expiación” judaicos de los que estaba impregnado San Pablo y con los que, a veces, contamina sus cartas. La superada “interpretación literal” de la Escritura nos permite ahora distinguir el diamante (Palabra de Dios) de los defectos causados por su tallador (el escritor sagrado).

En el siglo XI San Anselmo, influido por la literalidad de la Escritura y el ambiente feudal de su época, escribió la teoría de la redención que he resumido. La recogió después Santo Tomás y se ha ido trasmitiendo por generaciones. Ahora los teólogos la rechazan pero no se hace lo necesario para borrar del subconsciente colectivo esa trágica teoría. Cuando se descubre un error, lo recto es corregirlo inmediatamente. Sin embargo, determinados textos oficiales, la liturgia y algunas predicaciones siguen reflejando esa historia.

Pareciera que nuestros dirigentes no comparten que “rectificar es de sabios”. Siguen teniendo un “temor insuperable” a la autocrítica y los pasos adelante. El conservadurismo, disfrazado de tradición, les atenaza. Temen que su autoridad quede mermada por los cambios de rumbo. Piensan y dicen que su sabiduría se identifica con la inmutable e infalible sabiduría de Dios y que son los únicos con tal privilegio. No leyeron la alabanza: “¡Yo te alabo Padre porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos!” (Mt 11,25). Tampoco leyeron a San Paulino de Nola: “Estemos pendientes de los labios de los fieles, porque en cada fiel sopla el Espíritu de Dios”. Tal vez tampoco oyeron a Juan Pablo II: “La fe no se impone, se propone” y se vive -añado yo- porque “hacer es la mejor forma de decir”. Me duele la falta de celo, el inmovilismo, la ausencia de conversión (rectificación). Me duele que al Pueblo de Dios no le lleguen las luces nuevas, la liberación del error y del temor. Aunque comprendo la pesada inercia de los siglos.

Los doctores de hoy, como los de ayer, son expertos en construir torres de Babel con el pensamiento, en hacer encaje de bolillos con la razón. El error surge al apartarse de la realidad, al barajar fantasmas. Esos cerebralismos, esos despegues de la realidad, inscrita en el corazón y recogida en el Evangelio, dibujaron un “dios sádico” (a ras de los dioses mitológicos), capaz de desangrar a su hijo para darse a sí mismo una reparación. ¡Qué barbaridad! ¡Rechazo pública y firmemente ese “dios falso” y esa “redención mercantil”! ¿Qué ceguera nos impidió ver esa terrible idolatría?

¡Me adhiero al Padre revelado por Jesús en la parábola del hijo pródigo! ¡Creo en el Dios Amor que no necesita para perdonar ni pagadores, ni justificadores, ni expiaciones, ni holocaustos, ni sacrificios! Mi Dios es fina lluvia templada que se derrama constantemente sobre sus sedientas criaturas. Es el calor que necesita mi piel, la luz que ansían mis ojos, la música que sosiega e inunda mi ser. Es el perfumado horizonte de flores que busca mi corazón. Es la Felicidad plena que creó al hombre para hacerle partícipe de su felicidad. Es pura Gratuidad que no espera respuesta, sólo anhela que su regalo haga feliz al otro. No hay precios que pagar, no hay expiaciones que colmar.

¿Entonces, la venida de Cristo para qué? Para que no perdamos el regalo. Para que no mendiguemos comida de cerdos teniendo un Padre millonario. Dios nos creó libres “a su imagen y semejanza” pero elegimos emplear ese don contra nosotros mismos. Huimos de nuestra humanidad y nos convertimos en alimañas (“homo homini lupus” decía ya el comediógrafo Tito Marcio Plauto allá por el 200 a.C.). Contagiamos nuestras erradas decisiones a las generaciones siguientes. Y nos fuimos hundiendo en la violencia, el temor, la oscuridad y la desesperación. El Amor gratuito de Dios no podía quedar indiferente y decidió “recrearnos”, enseñarnos a ser humanos.

Para eso viene el Hijo del Hombre, el modelo, para devolvernos nuestra identidad y, con ella, el mapa de la felicidad. Lo dice Juan maravillosamente: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para que quien crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Creer significa confiar, seguir, adherirse a la persona y al mensaje. Tener vida significa crecer, realizarse, avanzar hacia la felicidad para la que fuimos creados. Por eso la salvación no está en la cruz, sino en el seguimiento del Salvador:“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Él nos reveló un Rostro en quien confiar y un Camino para el encuentro.

¿Y la pasión y muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos homicidas, como lo son “las crucifixiones” a que hoy sometemos a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos. Lo cuenta el mismo Jesús en la “parábola de los viñadores homicidas” (Mt 21,33). No existe una cruz redentora querida por Dios. Él aborrece el sufrimiento de su Hijo y de sus hijos. Existe el horror de la cruz con la que aplastamos al Justo, al Bueno, al Pacífico, en contra de la voluntad de Dios, para proteger -terrible y vergonzante paradoja- la religión. (Los religiosos de hoy deberían meditar seriamente esa historia).

Ante nuestra libertad criminal, Dios pudo quitárnosla de un plumazo (“¿crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre que me enviaría doce legiones de ángeles?” – Mt 26,53). Hubiese sido la destrucción del hombre porque sin libertad dejamos de ser humanos. Su obra creadora hubiese fracasado. La respuesta no fue fulminarnos sino enseñarnos, cogernos de la mano. Y ahí entra la pedagogía del Crucificado: “vencer el mal con abundancia de bien” (Rom 12,21). Ante la atrocidad de nuestra libertad deicida, Él certifica con su sangre el contenido de su predicación: paz, amor, verdad, confianza, perdón, fortaleza, oración, aceptación, etc.

Muchas veces nos quedamos en la sensiblería de la cruz sin darnos cuenta de las lecciones que en ella nos dejó el Crucificado. Tampoco acertamos a ver que la cruz es nuestra espeluznante obra, mientras que el ejemplo del Crucificado y su resurrección es la obra luminosa de Dios. La resurrección probará que esos valores, por los que Cristo se deja matar, son el Camino del triunfo definitivo. Le llamamos Redentor porque nos redime de nuestra ceguera, de nuestros temores y de nuestra desesperanza. Su dolor resucitado, además de certificar el Mensaje, es consuelo y esperanza para los que sufren, en cualquier tiempo, bajo las garras del mal: “No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28).

El corazón maternal de Dios no puede renunciar a su deseo de hacernos felices. Ésa es la finalidad de la creación, de la encarnación y de la pasión. Ése es el regalo de su Gratuidad. Quien estúpidamente lo rechaza en esta vida tendrá que rehabilitarse en la otra, tendrá que hacer la dolorosa gimnasia de convertirse en humano y sufrir indeciblemente al darse cuenta de que rompió su décimo premiado. La posibilidad de ser feliz está indisolublemente ligada a la naturaleza humana. Un perro podrá estar satisfecho pero nunca feliz. Nadie que renuncie a la “imagen y semejanza”, inmersa en su humanidad, podrá encontrar la felicidad. Por eso “la parábola del hijo pródigo” -síntesis de todo el Evangelio- es una historia de gratuidad, libertad errada y felicidad recuperada (“volveré junto a mi Padre”).

Ni salvados, ni redimidos, pero sí iluminados, amados, llamados, atraídos, esperados y abrazados. De ti depende caminar el Camino de tu redención, tu salvación, tu humanización y tu felicidad. Él siempre te acompañará con abrazos florecidos y besos horneados.

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13 responses

7 04 2009
mª pilar garcía

Esperanzador art. Nos acerca al rostro de Dios con ternura, sin “castigos baldíos” que no salieron de sus labios ni de los de Jesús Señor.
Nos anima al encuentro personal, sin temores, pudiendo así escuchar en lo más profundo del ser humano, esa !Esencia! divina con la que fue creado, para ¡La Vida!.

¡¡Gracias Jairo!! por mostrarnos el Amor que Dios Abba nos tiene, desde ¡La Palabra Encarnada en Jesús Señor!
¡¡Gracias!! y siga sembrando estas semillas de esperanza en este mundo agitado y convulso.
mª pilar

8 04 2009
Alejandro Daza

Bonito, pero tanta crítica a los sacerdotes para terminar confundiendo el sacrificio de Cristo como un error humano.

Primero lee el genesis en el AQUEDÁH de Isaac y después entiendes qué es la repación y a ver si dejas de criticar a la misma Iglesia a la cual perteneces.

25 03 2010
Mayte

Hermanos del foro:

He leído previa oración para discernimiento el texto del que habla el P. Fortea.
Por favor no se dejen engañar. Se trata cuando menos de un texto herético si no fruto del engaño del enemigo.
Creanme. Espero que todo lo que dice sea fruto de la ignoracia y la incosciencia y no de algo más.
Este señor se queda en sa superficialidad más absoluta , comete errores teologales, atenta contra la Sagrada Escritura, contra el propio San Pablo y nos dibuja un Jesús amor misericordioso guay del paragauay que nos trajo un mensaje de amor y paz y que murió no por salvarnos sino fruto de la maldad humana que lo crucificó pero Dios no quería ni su sufrimiento ni el nuestro su muerte fue como la confirmación de su mensaje verdadero. Dice que se nos dibuja a los católicos un Dios sádico y por eso nuestra salvación no está en la cruz sino en el seguimiento del salvador (nos niega el poder de la sangra de cristo y la mismísima cruz salvadora) y termina el artículo diciendo “ni salvados ni redimidos pero sí iluminados, amados, atraídos, esperados y abrazados.
Pues no señor sí que hemos sido salvados y redimidos.¡Y a qué precio! El Señor nos lo dijo en la Ultima Cena: tomad y comed todos de el (mi cuerpo) que será entregado por vosotros para el perdón de los pecados” Esto sí es Palabra de Dios.
Por otro lado si la cruz no fue importante porqué cuando se apareció el Señor Resucitado aún conservaba los estigamas que demuestran su sacrificio , su dar la sangre y la vida por nuestra redención. Yo sí que me sé redimida por cristo. Negar esto es ultrajar al Señor.
Hermanos porqué vamos a creer la palabra de este hombre que nos niega las base de nuestra fe si tenemos la PALABRA DE DIOS. Yo me quedo con su Palabra .Dios ya nos lo ha dicho todo en ella. Por favor permanezcan siempre fieles a ella y no dejen enturbiar su corazón por tanto error, por tanto angel disfrazado de luz… Pues qué quieren convertir a nuestro Señor en un ente de luz de pacotilla de nueva era o qué. De eso nada. JESUS ES EL SEÑOR QUE VINO AL MUNDO PARA RECONCILIARNOS CON EL PADRE A TRAVÉS DEL SACRIFICIO DE REDENCIÓN DE SU HIJO POR ESO DIOS LE DIO NOMBRE SOBRE TODO NOMBRE. POR ESO BENDECIMOS SU CRUZ PORQUE POR ELLA REDIMIÓ AL MUNDO Y A MÍ PECADORA. AHÍ ESTÁ LA VERDAD. NEGAR TODO ESTO DE NUESTRO SEÑOR JESÚS ES DIABÓLICO.
DIOS LES CONCEDA EL DISCERNIMIENTO, LA FE Y LA PAZ ANTE TANTO ENGAÑO ANTE TANTA TINIEBLA DISFRAZADA DE LUZ.
DIOS LES BENDIGA A TODOS.

10 04 2009
Jairo del Agua

Amigo y hermano Alejandro: ¿Cristo fue un buen judio? ¿Criticó a los clérigos de entonces? ¿Quienes le acusaron y condenaron?

Sólo se critica lo que se ama, lo que se desea que mejore. Porque mi crítica siempre es constructiva. ¿O no has encontrado alguna idea valiosa en ese artículo?

Los que no nos aman nos desprecian y les importa un bledo el Rotro de Dios. ¿Se desprende del artículo que a mí sí me importa? Tú mismo.

Cordialmente. Jairo.

11 04 2009
Lilián Carapia Cruz

Yo también estoy en contra de que se predique la cruz como fin, pero no soy fiel a la verdad si niego el tremendo valor que ésta tiene como “medio”. Es verdad que la “cruz redentora” no es querida por Dios Padre en cuanto fin, pero sí fue asumida por Dios Hijo como medio. Y si Jesús, nuestro Dios y Señor, ha abrazado este instrumento de dolor como medio para salvarnos, algo importante ha querido decirnos de esta manera. De no ser así, la cruz simple y llanamente no estaría en esta historia. Es cuestión de enfocar la cruz con una mirada “metafísica”.
A los hijos de nuestro tiempo no nos gusta hablar de nada que suene a sacrificio. Somos hedonistas hasta la médula. Pero el análisis de la realidad no permite abrir la puerta así como así a un artículo tan “complaciente”. Quienes huyen de todo lo que suene a compromisos, responsabilidades, entrega, renuncia a sí mismo (“cruces”)… terminan estropeando su voluntad. ¿Acaso no vemos cada vez más gente que, a fuerza de vivir una religión que no exige nada, una “fe sin cruz”, termina siendo un ateo en la práctica?

19 04 2009
Manuel

Me ha parecido precioso el articulo.Jesus vino a llamar a los pecadores,a sanar a los enfermos.Jesus quiere que todos los pecadores,se arrepientan y vuelvan a Dios.
Dios perdona a los que se arrepienten de sus pecados y se convierten,para eso muriò jesus en la cruz.Gracias por este lindo articulo Jairo.

Manuel.

25 03 2010
José

Es curioso como tu Dios, Jairo, se me asemeja más aese “primer motor” impasible, inmóvil, de la Grecia Clásica que con un Dios amoroso y, por ello, gozoso pero también sufriente y furioso, no digo de los católicos, sino de todo cristiano. ¿Cómo pensar en un Dios bueno que no sea, por ello mismo, un Dios justo?

Sé que no es políticamente correcto hablar en nuestros días del “temor de Dios”, pero es que la alternativa es creer en un Dios bobalicón que todo consiente y todo lo espera, que nada conmueve, ni la muerte de su propio Hijo. Porque que ésta no sea verdadero sacrificio de amor, misterio reparador, sí que convierte la Pasión en un acto futil, innecesario, solo propio de un dios, ahora sí, Jairo, sádico.

¿Sentimientos de culpa? Jairo, piénsalo dos veces. Disociar la venida del Hijo, del cáliz de la cruz y de la redención humana hace que la muerte de Cristo sea percibida como insoportable para toda persona con una mínima conciencia moral. Desaparece con ello el único consuelo eficaz para nuestro desconsuelo, el del propio Cristo: “doy mi vida, para recobrarla de nuevo” (Juan 10, 17-18). El propio Pedro se resiste a aceptar la entrega del Señor (Mateo 16, 23), como tú, Jairo, lo cual es signo de tu amor por Cristo, del que no dudo. Pero es un amor humano, y el Señor nos pide que le amemos como él nos ha amado, con un amor divino.

Porque , si la muerte de cruz no es sacrificial, tampoco podemos elevar la mirada al padre, no solo por vergüenza propia sino también ajena por un dios que da culebras a su unigénito, en vez de panes. “¡Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz” (Lc 22, 42).

Por último, Jairo, y te considero amigo, quiero decirte que Pablo de Tarso, ese del que tú siembras sospechas, habla del amor con una radicalidad que, siento decirte esto, no consigo entrever en tus ideas. “El amor es paciente, el amor es bondadoso; no es celoso, no es altivo, no es soberbio, no pervierte, no busca su propia conveniencia, NO SE IRRITA, no lleva registro de la maldad; no goza con la injusticia: goza con la verdad. TODO LO CUBRE, todo lo cree, todo lo espera, TODO LO AGUANTA” (1 Cor 13).

Me dirás, “las palabras del propio Pablo avalan mi postura”. Y yo te he dicho que eres amigo. Pero no que esté seguro de que compartamos la misma religión. Perdona mis dudas. El amor de Pablo me hace entender el sacrificio de la Cruz y la Resurreción, me acerca a Cristo. Pero también me hace entender, por la naturaleza excelsa de ese amor, los peligros contra los que el Señor nos previene, sus oráculos. “El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes” (Mateo 13.41-42). El Evangelio es más coherente, si se piensan un poco ambos textos, solo aparentemente contradictorios, que tus planteamientos de monedas de una sola cara.

También yo te critico porque te amo. No te enojes. Solo quiero que reconsideres tus palabras, porque te incumben a tí, pero también a los sencillos a los que pueden mover a escándolo. Contra eso también Jesús advierte, el Jesús que no te gusta, pero después de todo, el Jesús de los cristianos.

25 03 2010
Luis - Madrid

Hola Jairo,

La Sagrada Escritura hay que leerla en su conjunto, porque en caso contrario podríamos no entenderla. El Evangelio no se reduce sólo a la parábola del Buen Samaritano, que por cierto, tanto nos gusta a todos los cristianos.

Jesucristo sabiendo que iba a morir en la cruz dijo: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre. ” (Jn 10, 17-18)

Está muy claro que se refiere a la cruz y a la resurrección, y también está clara la voluntad suya de entregar(se) su vida y que esta voluntad está de acuerdo con la voluntad del Padre (no olvidemos el contenido de la oración en el huerto).

Yo creo en el Cristo que predicó la parábola del Buen Samaritano, pero también en el Cristo que entregó su vida por nosotros en la cruz, y que después resucitó para salvación nuestra. Y esa Fe es la que se predicó desde tiempos apostólicos hasta nuestros días.

Todos estamos de acuerdo en que Dios es Amor, pero ese Amor se expresó en la cruz (y eso es difícil de entender y de aceptar), pero ya lo dijo San Pablo: “Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles;” (1Co 1,23).

Amados, llamados y esperados sí, pero también salvados y redimidos.

Que Dios nos bendiga,

25 03 2010
Herejía

La herejía no es más que crear una zona de seguridad para el rebaño del pueblo de Dios, apartando a quienes pueden llevar a parte del mismo a su perdición. A la perdición eterna de sus almas. No entiendo a quien se dice cristiano y no tiene, además del mensaje de salvación, presente la realidad de la condenación, siendo que Jesús alude al infierno una barbaridad de veces en los evangelios.

Somos católicos de supermercado: cogemos una doctrina bimilenaria mantenida incólume gracas a la sangre de miles y miles de mártires, y nos quedamos con lo que queremos, con lo que nos acomoda mejor. Qué débil es el ser humano, que sin Dios nada puede.

Este texto es una herejía. Y aunque no puede ser valorado teológicamente porque no tiene peso alguno ni para intentarlo, es simplemente herético y sólo se le podría achacar la ingenuidad para no condenar al texto y al autor. Esto hace daño cierto y seguro. No el texto, que es melifluo, sino las consecuencias que de leerlo puede tener para quien crea que es la doctrina de la fe católica, o que debería serlo.

Sin el valor sacrificial de Jesucristo, no me cabe en la cabeza, en el corazón y en la raíz de mi fe, de mi vida, cómo podría yo amar a Nuestro Señor más que a un gurú que propugnase cualquier filosofía aparentemente llamativa. Y, oh, Señor y Dios mío, cómo te amo… sobre todo por cuánto me amaste, especialmente en tu Pasíon. Bendito sea tu Santo Nombre.

La hermana Mayte lo ha dejado claro. Ruego a Dios que esta Semana Santa que ahora comienza deje en nosotros, y especialmente en quienes se verán engañados por este texto y otros similares, los frutos de una conversión a la fe verdadera de nuestra Santa Madre Iglesia, que es la de Jesucristo y Dios Padre. Así sea.

26 03 2010
Victor Lovo

Estimado Jairo, y hermanos de foro:
Es realmente preocupante escuchar estas criticas”constructivas” hacia la Iglesia y peor que la avalen otras personas con gafetes de Catolicos. No me sorprenderia tanto, si estas palabras fueran escritas por hermanos protestantes, pero hechas por bautizados-militantes de las Santa Iglesia realmente es decepcionante.
Porque preocupante? me permite ver el grado de deformidad del pensamiento de los hombres respecto a la verdad revelada por Dios, es decir la Doctrina de la Iglesia, que custodia fielmente la verdadera interpretacion de la palabra de Dios dada a los hombres.
Te acuerdas del movimiento iluminista? Hermano…perdoname pero tu actitud es la de un iluminado: ¿Acaso el Espiritu Santo despues de tantos milenios encontro en ti la pureza completa y gracia suficiente, pare revelarte unicamente a ti la interpretacion de la santa verdad de su palabra? Eso es soberbia hermano, ignoracia…falta de fe. Cuidado vas por terrenos peligrosos, terrenos donde facilmente te hara apostatar.
No es mi intencion maltratarte, ni juzgarte, reconozco en ti un alma sedienta de amor, sabiduria y verdad.Yo respeto tu opinion y espero en Cristo que te de su luz y mas especialmente la conversion (elementos que pido dia con dia a Dios). El verdadero problema es que tus opiniones, que no tienen mas fundamento que tu mala interptretacion de palabra, se llevan de encuentro a otras pobres almas que apuras penas comienzan este caminar. Recuerda que tendras ante Dios, que dar cuenta (te guste o no ) de la buena o mala administracion de tus dones, que incluye el desvio o destruccion de la fe en otras almas.
Lo que te recomiendo hermano: Ora mas, frecuenta los sacramentos, ve a grupos de crecimiento y de formacion Cristiana. Estudia el catesismo de la Iglesia. Te aseguro que si en humildad realizas esto, mi Señor que es tu Señor revelara a tus ojos la santa verdad, una verdad que es mucha mas grandiosa y reveladora de lo que tu ni siquiera imaginas, una verdad maravillosa mas aun de lo que tu escribistes, algo que solo se te puede dar de lo alto en perfecta concordancia con nuestra fe, la fe de la Iglesia.
Animo Cristo te ama, confia en Pedro y en la Santa Iglesia Catolica, cuya doctrina por ser santa es formadora de santos.
V Lovo
PD.
Saludos a Jose, a quien le guardo profundo respeto y cariño. Felices Pascuas a todos.

29 03 2010
Javier Molina Bernet

¡Hola a tod@s!

Los que me conocen saben lo que me cuesta comunicarme. Muchas veces por no saber, otras por no saber lo que siento, otras por no saberlo expresar y además, casi siempre, por no considerarme quién para hacerlo. Pero cuando se trata de Dios.., ¡aumentan tanto estos motivos!

No soy capaz de entender ni por casualidad y ni siquiera un poquito, los modos y maneras de actuar de Dios y sin embargo me obceco en darles una razón, un sentido desde mi pequeña visión humana… ¡¡Cuán terco soy!! Y como yo, me parece que todos damos vueltas y vueltas a cosas que jamás entenderemos, sino en la eternidad.

En este artículo, se intenta dar un sentido (o un sinsentido) a la cruz, a la muerte de Jesús, que no seremos nunca capaces de ni siquiera barruntar, si no es con una gracia especial de Dios. Y aún así, sin ni siquiera barruntar su verdadero sentido y haciendo uso de mi pequeña razón… ¿Hay mayor muestra de Amor que entregar la vida (y no digo morir, sino entregar, darla voluntariamente) por un ser querido? ¿Y si no es un ser, sino que son todos y cada uno de los hombres de todos los tiempos? ¿puede mi mente ni siquiera barruntar tal muestra de Amor (suena bonito decir “infinito”, pero que lejos está de nuestra capacidad de comprensión)?

Les dejo un escrito de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia (Fundadora de la Obra de la Iglesia), que sí que ha recibido luz sobre los misterios de Dios y que aún así dice tener miedo de “profanar” su nombre:

“1.481. El Señor nos amó tanto, que, extendiendo sus brazos, nos llamó a sí; y, al ver que no acudíamos, en un grito de amor infinito, nos dijo: hijo, ven a mí, y si no me quieres amar, clávame en la cruz, en la cual expresaré el gran amor que por ti me abrasa, y así, con mi costado abierto, te daré la vida que fluye de mi corazón. (1-2-64)”

Está sacado de la separata del libro:
“FRUTOS DE ORACIÓN” Retazos de un Diario
Si quieren leer más: http://www.laobradelaiglesia.org/spa/escritos/fdo/spafdo17.pdf

¡Un saludo a tod@s y buenas Semana Santa!

4 04 2010
Jordi

1. La enseñanza oficial de la Iglesia sobre la Caída de Adán y Eva está en el Catecismo:

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2c1p7_sp.html

2. El pecado original humano se ha de relacionar con el pecado de los ángeles (Satanán y los demonios) y su rechazo irrevocable del Reino de Dios.

3. En el infierno convivirán tanto los demonios como las almas condenadas.

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html

4. El Amor de Dios se debe relacionar con la Justicia de Dios. Aunque sea difícil de entender, hay almas y ángeles que NO quieren saber nada de Dios-Amor, cometen actos malvados con plena consciencia y su es decisión libre y definitiva. Dios no puede hacer nada por ellos.

22 05 2010
Nicolás

Hermano Jairo:
Me indigna sobremanera cómo algunos sacerdotes, monjitas y sus acólitos te han maltratado en esta página web. Estos cristianos son, como alguien dijo, de faca al cinto que arremeten contra todo lo que se mueve con ideas diferentes a las de ellos…(¿versión moderna de la santa inquisición?)…Ellos se creen dueños absolutos del concepto de Dios…del sentido de nuestra vida.. y de nuestra escatología….. en suma, no nos dejan pensar, sentir, experimentar y vivir nuestra religiosidad, nuestra espiritualidad diferente a ellos…. y de esto habría muchísimo que hablar y muchos teologos e intelectuales que citar.
Referente a la pasión de Cristo: La causa de este Deicidio se dice que es EL PECADO ORIGINAL que nuestros abuelos Adan Eva comitieron. Horrendo pecado que Dios para perdonarlo tuvo la necesidad de hacerse hombre, y morir clavado en el madero de la cruz… ¿Esto es el amor a sus criaturas?….No les parece que este amor, Dios nuestro padre y creador hubiera demostrado, mejor no poniendo asechanzas o trampas en el paraiso para que sus hijos Adan y Evan no caigan en ese horrendo pecado??
Hermano Jairo te pido que continúes con tu mensaje… nos transforma el corazón y nos lleva a Dios Abba, al Dios Padre mediante el servicio y amor al prójimo… Que el Padre nuestro que Cristo nos enseñó te ilumine siempre.

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