La evangelización en la escuela, una reflexión necesaria

7 09 2009

Por Manuel de Castro*

Al comienzo de un nuevo curso, aun cuando los trabajos ya amenazan con envolvernos en un torbellino de actividad estresante, nos damos la posibilidad de elevar la vista por encima de tareas y programaciones a corto plazo y reflexionar sobre el sentido de lo que hacemos y la eficacia de nuestra acción educativa y evangelizadora en la escuela.

No es extraño escuchar a algunos responsables eclesiales lamentarse de la poca eficacia de la acción pastoral en la escuela. Se quejan de que, tras una larga estancia de muchos de los alumnos en nuestras escuelas católicas, no salgan mayoritariamente convertidos en buenos cristianos. Aunque la afirmación denota un desconocimiento notable de la realidad de la escuela católica y de los alumnos que acceden a la misma, nunca está de más preguntarse por la acción evangelizadora de la escuela y por los resultados que la actual forma de enfocarla está alcanzando. Y es que la evangelización en la escuela es una reflexión siempre necesaria.

Me propongo tan sólo aportar algunas reflexiones personales sobre este tema con la esperanza de que otras personas, sobre todo los titulares de los centros católicos, se animen a suscitar análisis más sosegados y exhaustivos en el seno de las propias comunidades educativas.

Comienzo por manifestar una convicción ya antigua que no podemos olvidar. La evangelización en la escuela es tarea de toda la comunidad educativa, pero para ello se debe contar con un núcleo animador que puede ser la comunidad religiosa, el titular del centro, el responsable de la pastoral… No es de extrañar que así como antes se hablaba de “la pastoral en la escuela”, hoy prevalezca la expresión de “la escuela en pastoral”.

Y continúo con una pregunta: ¿no estaremos olvidando la centralidad de la persona de Jesucristo en el proyecto educativo cristiano? Nadie puede poner en duda que una de las tareas esenciales de la escuela católica es la de educar en los valores del Evangelio. A pesar de las diferencias con las escuelas no confesionales, hemos de reconocer que en ellas también se educa en no pocos de estos valores. Pero hemos de dar otro paso. La escuela católica debe preguntarse, además, por su capacidad para propiciar entre los alumnos un encuentro con Jesucristo que toque la vida, y por su capacidad para afrontar el diálogo entre la fe y la cultura.

Así lo señalan con claridad diversos documentos emanados de la Congregación para la Educación Católica. En ellos se afirma con claridad que “Jesucristo constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela Católica a los jóvenes” (La escuela católica, 35). Y por eso mismo se llega a decir que “ella misma es, pues, lugar de evangelización, de auténtico apostolado y de acción pastoral, no en virtud de las actividades complementarias o paralelas o paraescolares, sino por la naturaleza misma de su misión, directamente dirigida a formar la personalidad cristiana(Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica, 33).

La consecuencia lógica que se deduce de todo ello es que “es evidente que un proyecto educativo, basado en una concepción que compromete profundamente a la persona, exige ser realizado con la libre adhesión de todos aquellos que toman parte en él: no puede ser impuesto, se ofrece como una posibilidad, como una buena nueva y, como tal, puede ser rechazado” (La escuela católica, 59).

Hoy es especialmente urgente abordar con valentía lo que constituye una de las tareas específicas de la evangelización escolar, la síntesis entre fe y cultura, entre fe y vida. Así se indica en el documento antes citado: “Las tareas (de la escuela católica) se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, y entre fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano” (La escuela católica, 37).
Para ello debemos abandonar la reiterada costumbre de condenar la cultura. En una reciente entrevista el cardenal Claudio Hummes, prefecto de la Congregación del Clero, publicada en Ecclesia con ocasión de la celebración del Año Sacerdotal, afirmaba que “el reto es entender cómo ser sacerdote en este nuevo tiempo, no para condenar al mundo sino para salvar al mundo, como Jesús, que no vino para condenar al mundo sino para salvarlo”. Menos críticas, menos condenas y más ofertas de salvación.

Aún cuando la lectura de estos textos de la Congregación para la Educación Católica nos produzca un cierto desánimo al comprobar la enorme distancia que existe entre los ideales que estos nos presentan y la realidad sociológica de nuestras escuelas, y aunque en ellos no encontremos las respuestas a todos los problemas concretos que afectan a la misión de la escuela católica, no obstante siguen siendo punto de referencia obligado en cualquier reflexión sobre la misión evangelizadora de la escuela católica.

(Fuente: blog ‘Escuelas Católicas’, 4/09/2009)

* Manuel de Castro es sacerdote salesiano y Secretario General de Escuelas Católicas

Anuncios

Acciones

Information

3 responses

7 09 2009
Jairo del Agua

Sólo unos ejemplos:

Efectivamente, yo soy uno más de los que me lamento de la poca eficacia de la acción pastoral en la escuela. Mientras se obligue a los niños y jóvenes a aprender “historias sagradas” y teorías pasadas de moda, no creo que se llegue a mucho. Me parecería más lógico y eficiente enseñarles un “itinerario de vida”, concreto, real y efectivo (hablar de valores en abstracto es poco eficiente, aunque haya que hacerlo). Estoy seguro que la mayoría de nuestros alumnos no tienen idea de lo que son los Sacramentos, por ejemplo. ¿Cómo los van a practicar?

Por otro lado, mientras se margine a los padres que quieren colaborar o, al menos, presentar inciativas, vamos muy mal…

Por otro lado, si los “signos de los sagrado” se desprecian, los alumnos no sabrán distinguir lo profano de los sagrado. Por ejemplo: pretender confesar a los alumnos en pantalón vaquero y mangas de camisa, pasearse los religiosos por el claustro vestidos de “lacoste” o similar, sin ningún signo de su consagración, utilizar el salón de actos para bailar y para celebrar lo profano y lo sagrado, etc…

Son sólo algunos detalles que demuestran que los religiosos (ellos y ellas) se han “descafeinado” y por tanto su enseñanza no resulta convincente ni atrayente. Habría que volver al “celo apostólico” y al “hacer es la mejor forma de decir”. Los colegios católicos deben ENSEÑAR cierto, pero sobre todo EDUCAR.

¿Preguntan los colegios católicos a los laicos, a los padres de familia, a los alumnos? Mi experiencia es que no y que al que levanta la mano “le envían a cocina”. Mucho podría seguir hablando de este tema. Pero no es el momento ni el lugar. El que de verdad tenga “buena voluntad” que aprenda a preguntar y escuchar. Se asombrarían.

Jairo

7 09 2009
mar

Yo iba a colegio un colegio religioso y daba gusto cuando llegaba el mes de mayo. Todos los dias se rezaba el rosario y se le ofrecia a la Virgen unas flores.
Una vez a la semana se iba a misa y nos confesabamos. Ahora ha desaparecido todo eso. Pero no entiendo el motivo. Es la misma congregacion religiosa pero todo ha cambiado.

10 09 2009
JESUS RIVERA MARTINEZ

OSEAS 4:6 MI PUEBLO FUE DESTRUIDO, POR QUE LE FALTO CONOCIMIENTO. POR CUANTO DESHECHASTE EL CONOCIMIENTO, YO TE ECHARE DEL SACERDOCIO; Y POR QUE OLVIDASTE LA LEY DE TU DIOS, TAMBIEN YO ME OLVIDARE DE TUS HIJOS.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: