Extranjero y preso: doble condena

28 11 2009

Por Ignacio Blasco*

El 30% de la población reclusa es extranjera. La prisión de Fontcalent es una auténtica Torre de Babel. El otro día comentaba con un trabajador social de la prisión que era curioso como en tan sólo 18 años había cambiado tanto la cárcel. Por aquel entonces, en la época en que yo era voluntario, la prisión se nutria de toxicómanos (en su mayoría heroinómanos), internos de etnia gitana, ladrones de guante blanco, otro grupo de internos con delitos varios y algún que otro extranjero.

La reflexión venía a cuento porque esa misma mañana tuve que necesitar dos traductores para poder hacer mi trabajo en la cárcel. Tenía dos solicitudes, una de un interno inglés y otra de un interno chino. Desde luego quedó evidente mi incapacidad para aprender idiomas y no por lo del chino que evidentemente no tengo ni idea, sino sobre todo porque estas conversaciones siempre me hacen arrepentirme de lo poco que aproveché mis clases de inglés.

¿Se imaginan lo difícil que puede llegar a ser que un interno entienda las normas de la prisión, el funcionamiento del Centro, el cómo echar una instancia para hablar con el médico y lo difícil que es establecer y evaluar su situación penitenciaria por parte de los profesionales del centro, si es casi imposible establecer la comunicación? Pues bien, es un problema bastante real dentro de nuestras cárceles. En Fontcalent el número de extranjeros se acerca al 50% de los presos que hay. Latinoamericanos, magrebíes y europeos del Este son los grupos mayoritarios, y aunque no lo sé cierto, me atrevería a decir que podría haber de 50 nacionalidades distintas y no estaría exagerando.

Así son las cárceles del siglo XXI. ¿Sabían que hay prisiones en las que la población reclusa extranjera llega al 70%? ¡Y eso sin contar con los centros para internamiento de extranjeros que están diseminados a lo largo de la geografía española!

No nos equivoquemos, la situación actual de España y la Ley de Extranjería no ayudan demasiado.

John Jairo y Patricia vinieron a verme hace dos días. John ha estado preventivo casi un año por tráfico de drogas (le encontraron unos gramos en casa). El abogado consiguió la fianza y ahora está libre. Vienen a verme con sus dos hijas. Ninguno de los dos tiene papeles y John lo va a tener muy complicado para conseguirlos por los antecedentes penales pues es seguro que le condenarán cuando salga el juicio. Han venido a verme para ver si puedo ayudarles a pagar dos pasajes de avión para Colombia. La situación es insostenible, les he hecho un vale para ropa y les he “becado” para poder cubrir gastos de alimentación y pañales y leche para la niña pequeña durante unos días. No da para más.

John está haciendo lo posible para que Patricia y sus hijas puedan viajar a Colombia, pero los dos billetes (la pequeña no paga aún) son demasiado caros. La situación en Colombia es mala, pero por lo menos John se quedaría tranquilo pues la familia les ayudaría allí y tendrían por lo menos para poder comer. Ahora tienen serias dificultades para hacerlo. John está harto de echar curriculums, y de tocar puertas. En un momento de la conversación me dice que le han vuelto a ofrecer traficar, pero que no quiere hacerlo. No vino a España para eso. Salieron de Colombia escapando de la violencia y el hambre. Vinieron a España para trabajar, para poder dar a sus hijas un futuro digno, o mejor dicho un “futuro” de posibilidades.

No lo han tenido fácil, ni él ni otros muchos que he conocido en la prisión. John nunca pensó en traficar pero las circunstancias, el alquiler y el hambre le obligaron. Salió mal y el futuro se volvió mucho más oscuro.

He conocido y conozco a internos que la nómina que cobran en prisión (porque tienen la suerte de poder trabajar dentro) la envían íntegramente a su familia en Ecuador, Colombia, Marruecos, Argentina, Italia, Cuba… Lo sé, porque soy yo quien hace los envíos a través del Locutorio de al lado de casa o por Western Union. No vinieron ninguno a España para cometer delito, pero la vida en la calle no ha sido fácil para ellos.

Y tristemente esto no tiene mucha pinta de mejorar. La ley de Extranjería es cada vez más restrictiva llegando a límites inhumanos como la que pretende penar la “hospitalidad”. ¡Es el colmo!. Más nos valdría mejorar las políticas de regularización de extranjeros, crear puestos de trabajo y dejar de sancionar y “justificar soluciones” siempre a base de sufrimiento de los más pobres.

Mañana seguramente Adrián, que tiene la familia en Cuba, y envía todo el dinero a través de Caja Madrid, me preguntará: «Padre, y cuando salga de prisión dentro de un año, cuando no deba nada a nadie, ¿qué podré hacer en España? ¿A dónde podré ir? ¿Qué posiblidad tendré de trabajar?». Me temo que mi única respuesta será el silencio o quizás un «¡no sé, Adrián, pero me temo que estará complicado!».

Tal vez España debería recordar de vez en cuando que en algún tiempo también nuestros padres y abuelos fueron emigrantes.

* Ignacio Blasco es sacerdote mercedario, músico y capellán de la prisión de Fontcalent (Alicante). Conoce su blog

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: