Navidad en Pakistán, mucha vivencia interior

22 12 2009

Por Miguel Ángel Ruiz Espínola*

Los medios de comunicación hablan de cómo los cristianos de Pakistán van a celebrar este año una “Navidad discreta”, y esta expresión no deja de sorprender a los que aquí vivimos y sufrimos con ellos, entre ellos, como parte que somos de la comunidad cristiana. Es cierto que éste no ha sido un año fácil… más bien, todo lo contrario.

Ya se avecinaban las sombras sobre el país tras el asesinato de la ex primera ministra y líder de la oposición Benazir Bhutto en diciembre de 2007; todo acabó con la caída del Gobierno del entonces presidente, Pervez Musharraf, en 2008 (¡un nuevo cambio político!); y entonces golpeó la crisis global, que contempló cómo muchos ciudadanos de Pakistán se veían obligados a “sobrevivir”. Para rematar la situación, en este 2009 hemos mantenido, a nivel interno, una guerra abierta contra los radicales islámicos, que llegaron a establecer bases a 99 kilómetros de la capital, Islamabad, y que amenazaron con bajar a la capital y tomarla con una columna de 50.000 talibanes. En estas circunstancias llegamos a la Navidad, tras haber superado muchos y muy difíciles momentos.

Quizás lo que más asombre en una visita rápida a Pakistán es que la comunidad cristiana, pese a las dificultades descritas y otras añadidas –como la situación de pobreza o la discriminación–, sigue celebrando la Navidad con renovada frescura todos los años. No podemos decir que cada Navidad es “como si fuese una nueva Navidad”. No. Aquí la Navidad es siempre una nueva Navidad.

Las familias preparan con cariño el poco espacio disponible en sus “casas” para recibir a los parientes que llegan de las zonas rurales; los niños participan en la preparación de veladas navideñas, concursos, etc.; las casas se adornan y hay una especie de lenguaje oculto entre los cristianos: pocos adornos externos, pero mucha vivencia interior. En estos días, ya han llegado a la colonia de Youhanabad (a las afueras de Lahore) vendedores ambulantes cargados de cintas, juguetes baratos de plástico que no duran más de tres días, pulseras y gargantillas para las mujeres y las niñas, libros usados… Los comerciantes se colocan en mitad de las calles y uno necesita una dosis de paciencia doble para entender que toda esta marea de personas, familias enteras, con vestidos más coloridos de lo normal… se debe sólo a un hecho: ¡es la Navidad!

Tal vez una de las manifestaciones externas de estas fiestas sean las sencillas “estrellas” que estos días están adornando la mayoría de los hogares cristianos. No son estrellas que se oculten (¿para qué hizo Dios las estrellas, sino para que se vean bien y sean guía de peregrinos y navegantes?), sino que se hacen de papel o de cartón duro, se rellenan de luces de un o varios colores y se disponen de modo que cuelguen de un palo de bambú, cuanto más largo mejor, para que las vea más gente. ¡Qué valentía, la de los cristianos de Pakistán!

En estos tiempos en los que en España se está debatiendo sobre el uso de decoraciones navideñas con motivos religiosos, sobre los belenes en los colegios y demás signos externos de una celebración que no enseña nada malo a nuestros jóvenes, podemos ver en Pakistán a nuestros alumnos musulmanes participando activamente en la preparación de las actividades, ensayando los números artísticos de las veladas…; se puede oír a sus padres contando cómo disfrutaban mientras preparaban el árbol de Navidad y lo nerviosos que se ponían al pensar en abrir los regalos mientras iban a sus casas desde los colegios cristianos en los que estudiaban… Y todos mis amigos musulmanes coinciden en que aquellos días eran bonitos, no hacían daño a nadie y les enseñaban a amar más a todo el mundo, a ser mas humanos.

Llega la Navidad en Pakistán… en medio del dolor de los que nos han dejado debido a una violencia sin sentido, a pesar de que las familias apenas sí llegarán a final de mes, sin importarnos las veces que hemos sido discriminados por nuestra fe en ese Dios que se hace Niño para compartir nuestra humanidad… El Niño Jesús nacerá en el corazón de cada cristiano este año, y lo hará en la medianoche del 24 de diciembre. Qué pena que la vida humana valga tan poco en las consideradas “civilizaciones desarrolladas” que tantos niños Jesús no podrán nunca ver la luz del 25 de diciembre…

Desde la hermosa ciudad de Lahore, y con el alma llena de alegría por poder compartir esta Buena Nueva, os deseo, de corazón, ¡feliz Navidad!

* Miguel Ángel Ruiz Espínola es Salesiano Sacerdote, director del ‘Don Bosco Technical and Youth Center‘ de Lahore (Pakistán)

(Fuente: revista Vida Nueva, nº 2688)

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