¿Pueden comulgar los parlamentarios católicos que han votado la nueva Ley de Extranjería?

7 01 2010

En los últimos meses, han surgido en España el debate y la polémica ante la aprobación de la reforma de Ley del aborto. Una ley que proclama como derecho la eliminación de niños no nacidos, sin tener en cuenta el derecho fundamental a la vida de todo ser humano. La postura oficial de la Iglesia al respecto ha sido siempre clara, aunque quizá en algunos momentos excesivamente enconada (como últimamente en torno al presidente del Congreso, José Bono). Pero quizá lo que más cuestiona a muchos católicos es por qué los obispos centran tanto su atención en esas condenas, por qué no emplean la misma vehemencia en denunciar, también, otras leyes injustas e inhumanas, como la nueva Ley de Extranjería. Lo expresaba en un artículo el director de esta revista hace unas semanas, y lo volvemos a hacer hoy en FAST con la interesante reflexión de José Carlos Rodríguez. Toda vida ha de ser respetada y dignificada. Toda, y de todos. Y los creyentes hemos de defenderla, siempre, en toda circunstancia.

El intenso debate político sobre la nueva Ley del Aborto y las reacciones que ésta ha suscitado por parte de los obispos españoles ha dejado muy en la sombra la aprobación de otra reforma: la de la nueva Ley de Extranjería (la cuarta en los últimos ocho años), a la que numerosas organizaciones de Iglesia y cívicas se había opuesto por entender que conculca seriamente los derechos de los inmigrantes. El pasado 26 de noviembre se aprobó esta reforma, con los votos a favor del PSOE, CiU y Coalición Canaria. Votaron el contra, aunque por motivos muy distintos, el PP (para quien la nueva ley da demasiados derechos y muy pocas obligaciones a los inmigrantes y ya anunciado que si llega al poder la hará más restrictiva), el PNV, UpyD, ERC, IU-ICV y Nafarroa Bai, mientras que el BNG optó por la abstención.

Con la nueva ley la vida de un inmigrante se volverá mucho más dura de lo que ya es. El que no tenga papeles lo tendrá difícil a la hora de poder empadronarse, lo cual hará imposible que pueda obtener la tarjeta sanitaria. De hecho, ya hay muchos que cuando están enfermos buscan a un compañero para que le dé los medicamentos que le han sobrado. El que tenga a un inmigrante al que haya escrito una carta de invitación viviendo en su casa podrá ser multado con hasta 10.000 euros, con lo que incluso se castiga la hospitalidad. Y los que sean detenidos por estar en situación irregular podrán estar en un centro de internamiento hasta dos meses, y eso que no han cometido ningún delito. Esto hará que la policía intensifique la “caza al inmigrante” que ya lleva varios meses practicando con órdenes que vienen desde arriba y que hace que muchos extranjeros en situación irregular pasen la mayor parte del día encerrados en sus casas por miedo.

Los que estén en situación de tener los papeles en regla lo tendrán más difícil a la hora de traer a sus familiares a vivir con ellos: sólo los esposos, los hijos de menos de 16 años y los padres si son mayores de 65. El obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, en una carta dirigida a sus diocesanos, ha sido el único que ha criticado en público esta nueva ley y ha dicho, por ejemplo, que la nueva normativa sobre reagrupación familiar afectará seriamente al equilibrio humano que los inmigrantes necesitan para llevar una vida integrada. Monseñor Sánchez se refirió en su pastoral a un encuentro que tuvieron con Benedicto XVI el pasado 6 de noviembre, en el que el Papa se refirió a las nuevas leyes europeas para inmigrantes como expresión de “una sociedad basada sólo en el beneficio material”.

Con todo esto, y habiendo escuchado atentamente los pronunciamientos de los obispos españoles sobre la situación objetiva y pública de pecado grave en la que según ellos están los parlamentarios que votan a favor de la nueva Ley del Aborto, yo me pregunto: ¿pueden comulgar los legisladores que con su voto han hecho posible una ley que aumentará la infelicidad y los grandes dramas humanos que los inmigrantes extranjeros, pobres entre los más pobres, viven en nuestro país? Porque no hay duda de que la nueva ley, que criminaliza a quien sólo ha cometido una falta administrativa (muchas veces sin culpa propia) y que aboca a los inmigrantes a una mayor marginación (por mucho que la nueva ley hable hasta la saciedad de integración) va a crear un enorme sufrimiento en miles de personas muy vulnerables.

Lo pregunto porque, entre otras cosas, los obispos durante su última Plenaria no han dicho ni una palabra sobre la nueva Ley de Extranjería. O si lo han dicho a mi se ha pasado, en cuyo caso habrá sido un despiste mío y me desdigo de todo lo que he dicho anteriormente. De lo contrario, si la Iglesia sigue reaccionando de forma tan dura y rápida contra ciertos temas ya sabidos (homosexualidad, aborto, o cuando ve en peligro sus privilegios) y no hace lo mismo cuando se vulneran gravemente los derechos humanos de los más débiles, después la Iglesia no tendrá derecho a quejarse si sigue teniendo una consideración social tan baja en la sociedad actual, que tendrá todos los fallos que queramos, pero es muy sensible a la coherencia.

José Carlos Rodríguez

(Fuente: blog ‘En clave de África’, 29/11/2009)

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